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QUÉ TIEMPOS AQUELLOS


Este es el estribillo de una conocida zarzuela cuya música algunos recordarán.  Pero yo  me refiero a aquéllos tiempos en que la Eucaristía recibía todos los honores que hacían feliz al Santo Cura de Ars, cuando él la trasportaba por la villa en medio de la devoción popular con cánticos eucarísticos en la Fête de Dieu el día de Corpus Christi.

El artículo que traemos de TIA es el comentario de un hermoso cuadro. Se trata de la evocación de la pequeña  procesión, antaño ordinaria, que acompañaba a un cura rural cuando llevaba la Divina Eucaristía- el Viático- junto con el sacramento de la Extremaución. Nadie tenía recelos de asustar al enfermo que en las últimas horas de su estancia terrenal, veíase así confortado y auxiliado para su viaje- o por mejor decir paso- al Más Allá, en donde  esperaba para juzgar a su alma arrepentida el Salvador Misericordioso.

Con tristeza vienen a mi mente escenas vulgares e irreverentes de nuestras actuales iglesias posconciliares, en las que mujeres, a veces inmodestamente vestidas parlotean en la iglesia y hasta llegan a trajinar por el presbiterio- ya no se usa esta palabra- pasando ante el Sagrario sin genuflexión ni signo alguno reverencial, bamboleándose en sus altísimos tacones cuando no con botas a lo «Sastrecillo Valiente», sin dejar de charlar, ni chancear. ¡No se te ocurra intervenir, es la Sacristana con las ministras de la Eucaristía!, me dijo una vez un familiar próximo. Una vez que intervine para llamar la atención, a unas féminas que preparaban las mejoras artísticas-fotografías etc- de la capilla del Sacramento ante la visita de Benedicto XVI, me dijeron que contaban con el permiso del Deán, a quien por lo visto no le importaba ni poco ni mucho-¡podía haber retirado el Santísimo!-  aquel desmadre ante la presencia y cercanía- de Su Divina Majestad, como se decía hasta hace poco.

En el pequeño Breviario del Sagrado Corazón, hecho enteramente con textos de Santa Margarita y del propio Sagrado Corazón en las célebres apariciones- las más aprobadas por los papas en la historia- leí yo muchas veces, cuando lo recitaba diariamente, palabras que ya nunca se borraron de mi memoria:

«Mira este Corazón que tanto ha amado a los hombres y de la mayor parte de ellos no recibe más que ingratitud por los desprecios, irreverencias y sacrilegios y por la frialdad con que me tratan en este sacramento del Amor»

El Santo Viático en Borgoña

Margaret C. Galitzin

viático en Borgoña

La nieve cubre el pueblo de Bois-le-Roi, una ciudad de la Alta Normandía en el norte de Francia. En un pueblecito rural , alguien está próximo a morir y la familia ha pedido que el sacerdote acuda con el Viático. A pesar del frío intenso, el cura del pueblo no se demora en llevar la preciosa ayuda de la religión. Para ello se forma una pequeña procesión. Dos campesinos, tal vez los familiares de la persona enferma, sostienen el palio que cubre al  sacerdote, quien porta en sus manos el copón que guarda el viático . No hay ninguna razón práctica para esto – no se pretende dar al sacerdote cierta protección contra el frío. Más bien, es un símbolo del profundo respeto y  honor rendido al Rey de Reyes en la Sagrada Hostia. Delante del sacerdote van dos jóvenes con vestiduras de acólitos con faroles encendidos. Uno de ellos, con un poco de impaciencia, nos mira, como diciendo, «¿Por qué nos miráis como si esto fuera algo raro?¿ No os  dais cuenta de que simplemente estamos cumpliendo con nuestro deber para con Dios y con el  prójimo? «Dos mujeres con pesados abrigos de invierno, una con un tocado típico de la región, van detrás  en la pequeña procesión. Sus cabezas están inclinadas y se percibe una reverencia silenciosa, caminan  juntas, en silencio, tal vez rezando padrenuestrosavemarías . Una persona se está muriendo, en espera del viático y de la extremaunción, pero no hay sensación de urgencia o de  agitación en los que van en su ayuda.Todo está en calma,  todo es sereno y sacral. El sacerdote, que ha hecho trayectos similares en muchas ocasiones, confía en que la Providencia proveerá, dando al enfermo la fuerza para durar hasta que reciba la bendición final y el alimento divino del Cuerpo sacramental de Cristo. La Iglesia estuvo con él en el comienzo de su vida para llevar su alma a Cristo por el bautismo. Ella estuvo con él en  los momentos importantes de su vida para santificarlo y fortalecerlo. Y ella está con él en la muerte, para ayudarle en el viaje final y más importante, cuando el alma abandona el cuerpo y se presenta ante Dios en el juicio particular. La palabra viático . es una palabra latina que significa » provisiones de viaje», y la Sagrada Eucaristía es el alimento espiritual que nos prepara el paso a la eternidad. Observando la pintura, pensamos en las palabras de oro de San Juan Crisóstomo: « No te separes de la Iglesia, porque es más fuerte que tu nada. La Iglesia es tu esperanza, tu salvación, tu refugio. Ella es más alta que el cielo y más ancha que la tierra. Tu esperanza es la Iglesia. Ella nunca se hace vieja, sino que está siempre llena de vida «(San Juan Crisóstomo, Hom. De capt. Eutropio , 6). El artista, Aimé Perret, pintó este cuadro en 1879, con unos aldeanos y el párroco,  abée Dusarger, como modelos. Bajo el título «El Santo Viático en Borgoña»Le Saint Viatique en Bourgogne ), la escena representa la sacralidad, la reverencia y la estabilidad de las costumbres de la Iglesia de aquellos tiempos. Después de admirar el espíritu  reflejado en esta escena, por desgracia hay que pensar, «¡Qué diferencia con el espíritu progresista que se ha infiltrado en la Iglesia «La Sagrada Eucaristía es llevada ahora por sacerdotes o por ministros laicos a los enfermos o  moribundos, en el bolsillo de la chaqueta, sin ninguna ceremonia especial. En la mente de la gente,  la noción del Viático casi ha desaparecido. La  Extrema Unción, una palabra tan apropiada para ayudar a la gente a prepararse para la muerte, fue considerada alarmante por su gravedad y fue reemplazada después del Concilio Vaticano II, con la inexpresiva » Unción de los Enfermos«. Esta idea progresista del Sacramento, me recuerda la profecía de Nuestra Señora del Buen Suceso  dada a la Madre Mariana de Jesús Torres el 21 de enero de 1610. En los momentos infelices que vendrían a la Iglesia en el siglo 20, la Virgen le dijo a la Madre Mariana, todos los sacramentos  padecerán abusos, abandono y desprecio. En cuanto al viático, dijo: «El sacramento de la extremaunción se verá muy poco valorado. Mucha gente  morirá sin recibirlo – ya sea debido a la negligencia de sus familias o a un mal entendido afecto a sus enfermos. Otros, incitados por el maldito satanás, se rebelarán contra el espíritu de la Iglesia Católica y se privará a innumerables almas de las innumerables gracias, consuelos y fuerzas que necesitan para hacer  el gran salto de tiempo a la eternidad. «( Vida admirable de la Madre Mariana, vol. 2, pp 2


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