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MYSTERIUM FIDEI II


He  aquí el punto de vista de Fray Eusebio de Lugo O.S.H. sobre la Misa expuesto con contundencia y exactitud de argumentación, en un comentario del anterior post Mysterium Fidei. Por supuesto no es el pensamiento oficial del blog, pero se invita a cualquier discrepante a refutar estas ideas.

Este es el comentario de Fray Eusebio:

El autor pone aquí el dedo en una de las peores llagas producidas por el flagelo conciliar en el cuerpo místico de Cristo: Una Misa no sólo herética y sacrílega, sino además, muy posiblemente inválida en todos los casos. Él no se atreve a sacar esa conclusión, pero nosotros le ayudaremos en ello.

La mayor parte de los que llevan ya más de 40 años estudiando la Nueva Misa han estudiado y probado suficientemente que ésta rechaza el carácter propiciatorio esencial a toda Misa, y han reseñado muy oportunamente las raíces protestantes de tal negación. Pero pocos han reparado en que la sinaxis de Paulo Vi es todavía más herética que sus antepasadas protestantes, porque no sólo rechaza el carácter de sacrificio propiciatorio de la Misa, sino que niega también ese carácter a la Pasión y Muerte de Nuestro Señor JesuCristo en la Cruz, ofrecido al Padre Eterno en favor nuestro, para restablecer la Justicia Divina, pagar las infinitas deudas contraídas por nuestros pecados, reconciliarnos con Él, abrirnos las puertas del Cielo y romper las del Infierno, venciendo a Satanás y rescatándonos de su ilegítimo aunque merecido dominio.

Ahí está uno de los principales problemas teológicos de hoy, que afecta profundísimamente a todo el entendimiento del cristianismo y de la persona divino-humana de Nuestro Señor, ya que si Él se encarna, es precisamente para ofrecerse como Víctima de inmolación sobre el altar de la Cruz, y perpetuar ese sacrificio, asociarnos a él y hacernos partícipes de sus frutos. La Iglesia no tiene finalidad más alta ni más urgente que ésta, de modo que si desapareciese, no habría razón para que nuestro mundo siguiera existiendo.

Cuando hablamos de la intención objetiva de la Iglesia, y subjetiva del ministro, es a eso a lo que nos estamos refiriendo. En cualquiera de las liturgias apostólicas, tradicionales, venía expresada de manera perfectamente inequívoca en todo el harmoniosísimo entramado de palabras y ceremonias integrantes de cada rito, de modo que si el celebrante válidamente ordenado observaba seriamente el rito, era reputado tener la intención adecuada para la validez del acto.

Incluso cuando en situaciones de persecución, el sacrificio quedaba reducido a las palabras esenciales, se suponían dichas en el contexto de un rito inequívoco, que aseguraba su exacto sentido, y por lo tanto, su validez.

Con la Cena conciliar, esto ya no es así. Pero vayamos por partes:

Para la validez, como bien dice más arriba, se necesitan cuatro cosas: Materia, forma, ministro e intención.

1. Generalmente, la materia, pan-vino, aún existe, aunque no siempre.

2. La forma, es decir, las palabras de la Consagración, han sido invalidadas, no sólo por la supresión de Mysterium Fídei, sino porque se ha operado un cambio de significado a través de su afirmación implícita de la salvación universal: No creen en el pecado original, ni en que el pecado nos aleja de Dios porque lo ofende infinitamente y nos merece por ello el infierno; lógicamente debe negar la necesidad de la Redención, así como de perpetuarla por la Misa, para acabar afirmando la salvación universal de todos los hombres, independientemente de sus hechos.

3. Por lo que toca a la intención, no sólo es que venga expresada de manera más difusa, o más equívoca, como dicen los conciliares y demás motupropieros, es que han sido sistemáticamente suprimidas todas las expresiones alusivas al carácter propiciatorio tanto de la Misa como de la Cruz, y no sólo en el Ordo Missae, sino en el resto de ritos y palabras del Misal Romano. Sólo esto ya indicaría una manifiesta contra-intención en los confeccionadores del rito nuevo, razón que llevó a León XIII a declarar la total invalidez de las órdenes sacerdotales anglicanas, y debería llevarnos a nosotros a afirmar la total y sistemática invalidez de la Misa Nueva.
A ésto, más de uno contesta diciendo que sería suficiente la intención subjetiva del sacerdote, a lo que hay que contestar que aún siendo perfectamente ortodoxa, y suponiendo que utilizase las palabras reseñadas en el Misal tradicional, si el resto del rito es el de Pablo VI, tampoco consagraría, porque la contra-intención vehiculada por los nuevos ritos y palabras, además de la posición invertida de los altares, modifica el sentido mismo de la forma esencial, invalidando radical y totalmente el sacramento.

4. En cuanto al ministro, es decir, al sacerdote, pocos son los católicos españoles en haberse enterado de que el rito de ordenación de sacerdotes, y aún más grave, de consagración de obispos, ha sufrido después del Concilio un proceso de modificación muy semejante al perpetrado por los protestantes anglicanos en el S. XVI, y que llevó a León XIII a fines del S. XIX a declarar esas órdenes como totalmente nulas y absolutamente vanas.
Habiendo entrado en vigor el nuevo ordinal conciliar a partir del 18 de Junio 1968, desde esa fecha, todos los sacerdotes y obispos ordenados con esos nuevos ritos se hallan en el mismo estado que sus congéneres anglicanos: Siguen siendo puros laicos, sin ninguno de los poderes sacerdotales o episcopales.
Ello quiere decir, que aunque no se dieran los demás motivos invalidantes, cada día que pasa tendríamos menos misas válidas. Ahora se entiende que las apariciones de Garabandal, en las que el tema pasional, sacerdotal y eucarístico es primordial, empezaran precisamente un 18 de Junio de 1961, 7 años antes del inimaginable atentado al corazón mismo de la Esposa de Cristo.

Y suponiendo que los conciliares tuvieran razón, y que tanto las órdenes actuales, como la Nueva Misa, aunque menos perfectas que las tradicionales, siguieran siendo válidas, ¿Con qué conciencia sacerdotal se atreverían a usar de unos ritos tan profundamente modificados y desvirtuados, a poco que hayan conservado un mínimo de amor y temor de Dios, y pretendiesen subir al altar con los mismos sentimientos que el santo cura de Ars, o el P. Pío?

Vergüenza eterna debería darles simplemente dudar en la alternativa…