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LA TESIS DE CASSICIACUM


Como se ha aludido en algunos comentarios a la llamada Tesis de Cassiciacum  también conocida como «Papa materialiter-formaliter» me ha parecido trasladar de Scribd el siguiente artículo.

Naturalmente, yo no respaldo necesariamente lo dicho en él. Simplemente lo traigo para ilustración de los lectores y si procede para que se se conteste por nuestros lectores con las reservas o refutaciones que crean convenientes. De momento tenemos una exposición clara y casi exhaustiva de la famosa tesis del P. Guerard des Lauriers O.P.   más tarde  también obispo.

Veo también en el artículo una exposición clara del estado actual del mundo de la «resistencia«. De todas maneras  hay que agradecer a Mons. Sanborn el artículo siguiente.

Me he permitido resaltar algunos términos con el fin de facilitar la lectura y también para resaltar la importancia de algunos conceptos. También añado entre corchetes algún término que en mi opinión está de acuerdo con la mente del autor, y que aclara la expresión.

LA TESIS DE CASSICIACUM

 [La siguiente explicación de la Tesis de Cassiciacum está extraída de la página de la Revista Digital Integrismo.
Es importante señalar que, de acuerdo con el espíritu de la Tesis, toda referencia a Wojtila-“Juan Pablo II”debe ser aplicada por igual a Ratzinger-“Benedicto XVI”.]
 
EXPLICACIÓN DE LA TESIS
 
de S.E.R. Mons. Guérard des Lauriers por S.E.R. Mons. Donald J. Sanborn.
 
El problema del Papado después del Vaticano II.
 
Cualquiera que esté familiarizado con el movimiento tradicionalista sabe que éste ha emprendido una resistencia a los cambios del Vaticano II. También sabe que hay diferentes niveles o maneras de resistir. La resistencia más débil es aquella de la Misa con indulto, junto con las congregaciones que tienen permiso para usar la Misa tradicional, tales como la Fraternidad San Pedro. En lo sucesivo me referiré a toda esta sección del movimiento tradicionalista con el nombre de indultistas. Los indultistas aceptan al Vaticano II y sus muchos cambios como católicos y legítimos, y solamente  prefieren las tradiciones de la Iglesia Católica porque son “mejores”. Es claro que no tienen problema con el papado de Juan Pablo II, pues reducen su resistencia a una simple cuestión de preferencia y no ven en el Vaticano II y  en Juan Pablo II, defección alguna de la Fe Católica, moral o disciplina.
Siguientes en la línea están los lefebvristas, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. Ellos ven en el Vaticano II y en Juan Pablo II una defección   de la Fe Católica, la moral y la disciplina. En consecuencia, han establecido un apostolado paralelo contra la voluntad de la persona que ellos sostienen es el Santo Padre, y por él han sido excomulgados. Naturalmente tienen, luego, un problema teológico que  resolver con respecto al Papado. Lo resuelven de este modo: dicen que, aunque Juan Pablo II es papa, no obedecerán en nada que vaya en contra de la Fe Católica, moral y disciplina. Apelan a la Tradición, que, según ellos, está por encima del Romano Pontífice.
Luego vienen los sedevacantistas, quienes también ven defección de la Fe Católica,moral y disciplina, tanto en el Vaticano II como en Juan Pablo II. Pero presentan una objeción a la solución de los lefebvristas, pues la misma es incompatible con la enseñanza católica sobre la Iglesia. Los sedevacantistas sostienen que la indefectibilidad e infalibilidad de la Iglesia nos impide decir que el Papa ha promulgado falsas enseñanzas, falsa liturgia, disciplinas perversas, etc. Si Juan Pablo II ha hecho estas cosas, dicen los sedevacantistas, no puede ser Papa. Y también argumentan diciendo que Juan Pablo II  es un hereje público, y, en consecuencia, un no-católico. Y no puede ser papa quien no es católico. Algunos sedevacantistas son opinionistas , pues dicen que el hecho de que Juan Pablo II sea o no papa es una cuestión abierta, un asunto de mera opinión teológica. Uno puede ir por cualquier camino legítimamente, diciendo que es papa o que no lo es. Hay muchos opinionistas en la Fraternidad San Pío X, donde es bien conocido y tolerado que hay entre ellos sacerdotes sedevacantistas que excluyen el nombre de Juan Pablo II en el Canon de la Misa. No obstante, tales sacerdotes deben hacer pública profesión de su [fe en el acual] papado. En otras palabras, ellos son sedevacantistas secretos, y esto es posible sólo por medio del opinionismo.
 
Otra distinción entre los sedevacantistas es aquella de absolutos y material-formalistas
Los absolutos dicen que Juan Pablo II no es papa en ningún modo, esto es, no posee jurisdicción papal y no ha sido tampoco elegido válidamente. Los material-formalistas dicen que no es papa porque carece de jurisdicción, pero que ha sido elegido válidamente al Papado y que está en posición de volverse Papa.
 
¿Dónde está la verdad?
 
Ciertamente, esta variedad de respuestas al problema del Vaticano II y Juan Pablo II debe ser desconcertante para el laico común, quien sólo quiere preservar su Fe y practicar su catolicismo. No debería este desconcierto llevar al laico, o incluso a ciertos sacerdotes, a un espíritu de amargura, por la falta de habilidad de los sacerdotes para ponerse de acuerdo. Ni debería tal persona burlarse de algo por no ser capaz de entenderlo.Creo que todos los sacerdotes y laicos, en todas las categorías que he descrito arriba, tienen un deseo sincero de preservar la Fe, moral y disciplina católicas. Todos ellos amarían despertar de un mal sueño y encontrarse con que el Vaticano II nunca tuvo lugar. Gustarían de ver desaparecer al Vaticano II. En este sentido están todos unidos. Se hallan divididos en materias que piden una explicación teológica respecto a lo que están haciendo. Enfrentado con la necesidad de resistir al Vaticano II y sus cambios, uno debería ofrecer una explicación coherente de acuerdo al dogma y a la teología católicos, de por qué es una buena idea el hecho de estar resistiendo. Claro está que existe una diferencia esencial entre las tres categorías generales de resistencia:
(1) el indultista,
(2) el lefebvrista y
(3) el sedevacantista.
 
Resistir al Vaticano II meramente por preferencia, tanto para los lefebvristas (al menos en este punto) como para los sedevacantistas, es algo muy débil. Los lefebvristas difieren de los sedevacantistas del siguiente modo: afirman que no tenemos derecho de juzgar al Papa, a lo cual los sedevacantistas responden que considerar su nueva misa, sus enseñanzas, y su disciplina universales como falsas y malignas -lo cual hacen los lefebvristas- lleva lógicamente al no papado de Wojtyla. Este  artículo , sin embargo, no concierne a las diferencias entre indultistas, lefebvristas y sedevacantistas. He analizado estas diferencias detenidamente en otros lugares. El presente tiene por objeto las existentes entre los sedevacantistas.
Que quede establecido ante todo que hay una unidad sustancial de posición entre los sedevacantistas:
Juan Pablo II no es papa y su nombre no debe mencionarse en el Canonde la Misa.
En este punto están todos de acuerdo, y es esencial, pues remueve de laIglesia la mancha de apostasía de Cristo, que sería el caso si Wojtyla fuese un verdadero Papa.
Las diferencias entre los sedevacantistas se fundan en la explicación de cómo y  porqué Juan Pablo II no es papa. Tales diferencias no hacen al dogma católico, sino a explicaciones teológicas de cosas que pertenecen al Dogma Católico.
Esta clase de diferencias -las  explicaciones teológicas de dogmas – siempre han existido en la Iglesia. La más notable es la que hay entre dominicos y jesuitas sobre la obra de la gracia en el alma. Hay muchas otras.  Aunque cada uno sostiene que su posición es verdadera y la otra falsa, también cada uno afirma que no hay herejía en afirmar tal o cual explicación teológica. Así, aunque dominicos y jesuitas están en vehemente desacuerdo respecto a ciertos puntos teológicos, nada les impide trabajar juntos y vivir en paz como miembros del Cuerpo Místico.
 
En este artículo, daré al lector la presentación más simple posible de la tesis de Monseñor Guérard des Lauriers respecto al Papado después del Vaticano II. Entenderla exige cierto esfuerzo intelectual. Una de las objeciones contra la tesis es que es muy difícil de entender, inverosímil, y demasiado teológica. Sin embargo, tal queja no eslegítima, dado que lo mismo puede ser dicho de casi cualquier explicación teológica de cada uno de los dogmas. El dogma de la Santísima Trinidad, por ejemplo, es simple: hay tres Personas en un solo Dios. Pero la explicación teológica de cómo hallamos tres Personas en un solo Dios, es extremadamente complicada y difícil. Esto se debe a que la teología está obligada a respetar dos cosas que aparentemente son contradictorias: la unidad de la esencia divina y la trinidad de Personas.
Si un laico leyese una explicaciónde la Trinidad tal como aparece en los libros de estudio de los seminarios, después de unos párrafos no haría más que cerrar el libro. Aquí es igual. El laico no debería decir:“no lo entiendo, luego no puede ser verdadero ”. Hay muchas cosas difíciles de entender en teología que son, sin embargo,absolutamente verdaderas.
La “Tesis Cassiciacum «de Monseñor Guérard des Lauriers -como se la llama- es una explicación que respeta las dos exigencias del dogma católico:
(1) aquel que promulga una doctrina falsa, un culto falso y disciplinas perversas, no puede ser el Romano Pontífice;
(2) debe haber una línea ininterrumpida de sucesores legítimos de San Pedro, desde San Pedro mismo hasta la Segunda Venida de Cristo.
 
 
¿Cómo encontrar la verdad?
 
Como dije arriba, la tesis es solamente una explicación del dogma católico. Luego, para determinar si es o no verdadera, uno debe primero conocer y entender los dogmas católicos concernientes a la Iglesia y al Papado, lo cual debe ser respetado en cualquier explicación de la situación de la autoridad papal después del Vaticano II.
Expondré [primeramente] algunas verdades teológicamente ciertas, esto es, conclusiones teológicas admitidas por todos, así como también [en segundo lugar] otras verdades extraídas de la filosofía y del sentido común. Habiendo realizado esto presentaré, [finalmente] una explicación de la tesis.
Terminaré [el artículo]  respondiendo a algunas cuestiones.
 
Las exigencias del dogma católico
 
I. La Iglesia Católica es infalible.
 
Por la asistencia de Cristo, la Iglesia es infalible en la preservación y exposición del depósito revelado. Esta cualidad de la Iglesia está expresada en las palabras de Cristo: “
Y yo tedigo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella ”1 ,
y en las palabras de San Pablo, quien llama a la Iglesia
columna y fundamento de la verdad 2.
Sin embargo, ninguna de estas cosas sería verdadera si la Iglesia pudiese errar en su enseñanza oficial. Luego, la Iglesia es infalible. Aún más, si la Iglesia enseñase error en materia de Fe y moral más que una sociedad que lleva almas al Cielo, sería una sociedad que las envía al infierno.
 
II. La Iglesia Católica es indefectible.
 
Esta cualidad de la Iglesia significa que ella durará hasta el fin de los tiempos sin variación esencial alguna de sus elementos constitutivos; a saber, unidad, santidad,catolicidad y apostolicidad. Esta doctrina tiene por base el mismo razonamiento y los mismos textos que la doctrina de la infalibilidad de la Iglesia. A estos añadimos:
Y estad ciertos que yo estaré siempre con vosotros, hasta la consumaciónde los siglos «, y la promesa de Nuestro Señor a los Apóstoles según la cual el Espíritu Santo permanecería con ellos para siempre 4.
 
 El Concilio Vaticano de 1870, declaró:
 
 «Ahora bien, lo que Cristo Nuestro Señor, Príncipe de los Pastores y gran Pastor de las ovejas, instituyó en el Bienaventurado Apóstol Pedro para perpetua salud y bien perenne de la Iglesia, menester es que dure perpetuamente por obra del mismo Señor en la Iglesia que, fundada sobre la piedra, tiene que permanecer firme hasta la consumación de los siglos 5.
 
III. Es imposible que el Romano Pontífice enseñe oficialmente doctrinas contrarias ala Fe y moral  católicas, apruebe o siquiera permita una falsa liturgia o disciplinas perversas para toda la Iglesia.
Esta doctrina es simplemente una conclusión de las dos doctrinas precedentes, puesto que el Romano Pontífice, Vicario de Cristo, es quien goza de la asistencia de Cristo, por la cual la Iglesia no puede errar o defeccionar.
El papa Gregorio XVI declaró:
 
«¿Es posible que la Iglesia, que es columna y fundamento de laverdad y que está continuamente recibiendo la enseñanza del Espíritu Santo de toda verdad, pueda ordenar, asentir, o permitir algo que se vuelva en detrimento de la salvación de las almas, en desprecio y daño de un Sacramento instituido por Cristo?” 6
 
IV. Es imposible que la persona que enseña oficialmente doctrinas contrarias a la Fe ymoral católicas, que aprueba o siquiera permite una falsa liturgia o disciplinas perversas para toda la Iglesia, pueda ser el Romano Pontífice.
Esto es simplemente un corolario de # III.
 
V. Por derecho divino, debe haber una línea perpetua de Sucesores de San Pedro.
Esta doctrina fue definida por el ConcilioVaticano (1870):
Si alguno pues, dijere que no es por institución del mismo Cristo, es  decir, de derecho divino, que el Bienaventurado Pedro tiene perpetuos sucesores en el Primado sobre la Iglesia universal; o que el Romano Pontífice no es Sucesor del Bienaventurado Pedro en el mismo Primado, sea anatema. ” 7.
 
Esto también se prueba claramente por la naturaleza misma de la Iglesia, pues la autoridad divina fue dada por Cristo a San Pedro. Así, alguien puede atribuirse la autoridad suprema de la Iglesia Católica, solamente si es legítimo Sucesor de San Pedro.
 
Verdades teológicamente ciertas
 
I.Es imposible que un hereje público sea el Romano Pontífice.
Esto es verdad porque la herejía  pública destruye automáticamente el efecto del bautismo por el cual somos incorporados como miembros de la Iglesia. Pero quien no es miembro de la Iglesia no puede ser su Cabeza. Este principio es de sentido común, admitido por el 99 % de losteólogos católicos y confirmado por el documento Cum ex apostolatus  del PapaPaulo IV.
 
II. Existe algo conocido como sucesión  material.
 
La sucesión material consiste en continuar recibiendo un puesto de poder sin recibir el poder. Este término es universalmente usado por los teólogos católicos para describir la pretensión de sucesión apostólica de los cismáticos griegos,  por el hecho de haber nombrado obispos perpetuamente para suceder en lo sepiscopados establecidos por los Apóstoles(v.g. Alejandría, en Egipto). Los teólogos católicos responden que su sucesión es meramente material, o sea, que ellos ocupan el lugar, pero no tienen jurisdicción alguna para regir a los fieles. No pueden tener jurisdicción, pues ésta deriva del RomanoPontífice, a quien rechazan. Los teólogos oponen sucesión material a sucesión
 formal , que significa ocupar el puesto de autoridad y tener jurisdicción al mismo tiempo. Los griegos cismáticos no tienen designación legal ni legítima para sostener el puesto de autoridad, pues su designación viene de aquellos que han sido excluidos legalmente de la Iglesia Católica.
 
III. Los “papas” del Novus Ordo tienen sucesión material.
 
No pienso que haya alguien que niegue que los “papas” del Novus Ordo están al menos en la misma posición que los obispos cismáticos griegos en sedes apostólicas. El quid de la cuestión está en saber si el nombramiento de personas pertenecientes al novus ordo en puestos de autoridad es o no algo legal y legítimo . Los sedevacantistas absolutos dirían que esas personas no están en mejores condiciones que los cismáticos griegos, esto es, que su sucesión es sólo material, sin designación legítima. Por otra parte, los material-formalistas dicen que tales personas tienen la sucesión material, pero con una designación legal y legítima. Ambas partes coinciden al afirmar que tales “papas” no poseen jurisdicción, esto es, son papas falsos.
 
Verdades extraídas de la filosofía y del sentido común
 
I. Las cosas naturales están compuestas de materia y forma.
 
La materia de algo es aquello de lo que está hecho. Una estatua, por ejemplo, está hecha de mármol. El mármol es la materia de la estatua. La forma es lo que hace a una cosa ser lo que es . Así, el parecido o semejanza de una estatua a Nuestra Señora es la  forma de una estatua de Nuestra Señora. El artista debe esculpir la semejanza o retrato en el mármol. Cuando la materia y la forma se juntan, obtenemos la estatua de Nuestra Señora. La arcilla es la materia del pote. Cuando el alfarero da al barro su figura, le está dando la  forma. Del mismo modo, el alma es la forma del cuerpo.
 
II. En la autoridad hay materia y forma.
 
La materia de la autoridad es la persona legal y legítimamente elegida para recibir la autoridad. La forma de la autoridad es el  poder , la  jurisdicción para gobernar. Así, el primer martes del mes de noviembre el nuevo presidente de los Estados Unidos es legal y legítimamente elegido, pero no tiene el poder, no es presidente. El 20 de enero comienza a serlo, pues aquel día recibe el poder. Desde noviembre a enero es presidente materialmente , pues ha sido oficialmente designado. En enero, es presidente  formalmente.
Toda autoridad, incluso la civil, viene de Dios. La designación para ser presidente, rey o gobernante (o en el caso de la Iglesia, papa), viene de los hombres.Cuando la persona designada (por ej., elpresidente electo) y el poder se juntan, se tiene un gobernante.
 
III. Entre el poder de designar y el poder de gobernar hay una diferencia esencial.
 
La designación a gobernante viene de una fuente diferente del poder por el cual alguien es verdaderamente gobernante. La primera,viene de los hombres; el segundo, de Dios. En consecuencia, ambos poderes pueden existir separadamente, esto es, uno puede tener el poder de designar sin tener el poder de gobernar. Por ejemplo, los votantes tienen el poder de designar, pero no tienen el poder de gobernar. El objeto o propósito del poder de gobernar es ordenar la sociedad a su propio bien, a sus propios fines, y esto por medio de las leyes. Así, no puede hacer una ley alguien meramente designado a un oficio. El presidente electo no es presidente, y carece absolutamente de poder. Él nombra miembros para el gabinete, quienes sin embargo, obtendrán el poder cuando él llegue al poder.A la persona que ha sido designada le debemos sólo reconocimiento ; a quien es verdaderamente gobernante le debemos

obediencia. Por ejemplo, en el Cisma de Occidente, los cardenales de Avignon dejaron de reconocer al Romano Pontífice como quien poseía una verdadera designación. Se equivocaron, pues debieron reconocer su designación papal.
 
 IV. Puede haber una diferencia entre lo que es  de hecho verdadero y lo que es legalmente
verdadero.
Alguien puede ser un asesino de hecho , si ha matado a una persona inocente; pero no es asesino
ante la ley , sino hasta ser condenado. Si en el juicio es hallado inocente permanece
ante la ley como inocente, incluso aunque de hecho sea asesino.Lo opuesto también puede suceder. Un hombre inocente puede ser  acusado de asesinato y condenado.
 Ante la ley es asesino; de hecho, no lo es.Un hombre que en secreto se abstiene de poner la intención al casarse con su mujer, pero lleva a cabo la ceremonia externa, no contrae  de hecho  verdadero matrimonio. Pero ante la ley , dado que el defecto no es conocido ni reconocido por las autoridades, están casados. Ellos gozan de los derechos y obligaciones legales del matrimonio, pero no de los beneficios espirituales. Las leyes de tasación, de propiedad, etc., los considerarían como casados; pero ante los ojos de Dios no pueden comportarse moralmente como marido y mujer.Por lo dicho, vemos que es posible que alguien pueda gozar de un status legal que no refleje la realidad de lo que es. Por lo general, la ley es lenta para reconocer la realidad. Por ejemplo, Nestorio fue hereje público en 428,pero no fue declarado como tal legalmente ni depuesto de su sede, sino hasta el año 431. Lutero fue hereje público en 1517, pero no fue legalmente excomulgado sino hasta 1521.En ambos casos, estos herejes dejaron de hecho de ser católicos cuando publicaron sus herejías, pero continuaron siendo católicos legalmente hasta su separación legal de la Iglesia por parte de las autoridades eclesiásticas.
La razón de esta doble, y a veces conflictiva pauta, es que la sociedad –cualquier sociedad,incluso la Iglesia- no es una muchedumbre sin control. La sociedad es una  persona moral , y al igual que una persona, tiene sentidos, intelecto y voluntad que le son propios, y puede andar rezagada con respecto a la realidad. Incluso, de vez en cuando, puede errar en su evaluación de la realidad. Y así, el inocente puede a veces ser condenado como culpable, y el culpable ser tenido por inocente.
Pero en la realidad, ante Dios, cada uno continúa siendo lo que realmente es, inocente o culpable.
 

Breve explicación de la tesis

La tesis, como ya dije, es una explicación teológica de la situación de la autoridad después del Concilio Vaticano II.
Intenta presentar un sistema que hace dos cosas:
(1)mostrar por qué los “papas” del Vaticano II no tienen autoridad, y son, por lo tanto, papas falsos y;
(2) mostrar cómo la línea ininterrumpida de papas desde San Pedro, continúa.
Ambas aserciones, ya lo hemos dicho, son exigencias del Dogma Católico.
Los “papas” del Vaticano no son papas verdaderos, pues ponen un obstáculo a la recepción de la autoridad de Cristo. Así como alguien puede poner un obstáculo a la recepción de la gracia en un Sacramento (por ejemplo, apego al pecado mortal en el caso dela Confirmación), del mismo modo, alguien puede presentar un obstáculo al influjo de  de Cristo. Esto es verdad, incluso si la persona ha cumplido con todos los pasos legales necesarios para obtener la autoridad. De la misma manera, alguien que pone un obstáculo a la gracia del Sacramento de la Confirmación, recibe, de todos modos, exteriormente el Sacramento. Si el papa electo removiere el obstáculo al flujo de la autoridad, se volvería papa; así como aquel que confesara sus pecados verdaderamente contrito, luego recibiría el efecto del Sacramento de la Confirmación.¿Cuál es este obstáculo a la autoridad? Es la intención de promulgar para toda la Iglesia falsas doctrinas, liturgia falsa y disciplinas perversas, todo lo cual constituye un cambio esencial de la Fe Católica.
El deber primario del gobernante es asegurar el bien, el fin propio de la sociedad. Así, un presidente debe jurar defender la constitución antes de  recibir la autoridad. Si no jurase, no recibiría la autoridad,  pero permanecería como presidente electo hasta el momento en que esta designación le sea removida legalmente.
De la misma manera, alguien que es designado legalmente para ser papa, pero que intenta hacer un mal
esencial a la Iglesia, no puede recibir la autoridad de Cristo para gobernar;  y así,  permanece papa electo hasta el momento en que esta designación le sea removida legalmente.
¿Quién remueve la designación?  Aquellos que la dieron, los electores legalmente constituidos -y sólo ellos- tienen el poder de quitarla.
La tesis también sostiene que los “papas”del Vaticano II se suceden al papado como legalmente designados, y por lo tanto, continúan la línea de San Pedro materialmente. Esto significa que los “papas”del Vaticano II fueron designados legítimamente para el cargo, pero carecen de jurisdicción, a causa del obstáculo que oponen a la recepción de la autoridad. Esto es así porque la ley nunca ha suprimido completamente la religión del Novus Ordo de la Iglesia Católica.
 Debe suprimirse, pero no lo ha sido; así como un asesino debe ser juzgado y condenado, pero puede no serlo.Por consiguiente, aunque los miembros de la jerarquía del Novus Ordo son de hecho herejes públicos y están fuera de la Iglesia, no obstante, debido a la ausencia de acción legal, retienen sus designaciones legales y sus puestos puramente legales. Ellos no son la autoridad, no son verdaderos papas u obispos, pero están legalmente en posición de volverse papas y obispos verdaderos, si removieren el obstáculo a la autoridad.
Imaginen una fábrica de cerámica en la cual hay una gran cantidad de arcilla, pero no de vasijas. La arcilla puede volverse vasija, pero le está faltando la forma por la cual puede hacerse una verdadera vasija. Así Wojtyla y su jerarquía son una gran cantidad de arcilla, o sea, la materia de la jerarquía, pero sin la forma, esto es, la autoridad por la cual serían la verdadera jerarquía de la Iglesia Católica.
Piensen en un cadáver, parece hasta cierto punto una persona viva, podría ser resucitado por el poder de Dios, pero permanece muerto. La jerarquía del Novus Ordo podría ser comparada al cadáver de la verdadera jerarquía católica. Así, la tesis ve al Novus Ordo en una posición diferente a la de los cismáticos griegos y luteranos. Estos han sido legalmente separados por la Iglesia, y son verdaderamente sectas en el sentido estricto del término, pues están aislados de la Iglesia (ya de hecho por su cisma y herejía, ya por separación legal).
Por otra parte, el Novus Ordo es de hecho no católico, es una secta  por su apostasía, pero no ha sido separado legalmente de la Iglesia Católica.
En efecto, este triste hecho: que el Novus Ordo no haya sido separado, es el corazón mismo del problema que hoy enfrentamos.
Si fuese claro, por declaración legal, que el Vaticano II constituyó defección de la fe, cesaría el problema en la Iglesia. Es solamente debido al hecho de que los herejes tienen la máscara de la legalidad, que tantos católicos están siendo llevados por mal camino. Incluso más, son los católicos quienes están siendo marginados legalmente.
 
[Dicho esto] comenzaré con las preguntas y respuestas, en las cuales serán tratadas algunas objeciones.
 
Preguntas y respuestas
 
P. Según la tesis, ¿Wojtyla es o no es papa?
R. No es papa.
P. Si no es papa, ¿qué es entonces?
 R. Es un papa electo.
P. ¿Cómo pueden los cardenales, siendo ellos mismos herejes, tener el poder de elegir un legítimo papa electo?
R. Hay dos teorías para responder a esta pregunta.
Una dice que ellos reciben el poder de hacer esto extraordinariamente, pues la Iglesia está en absoluta necesidad de ello. Del mismo modo el sacerdote que ha sido excomulgado y que abandona el sacerdocio, incluso un cismático griego, recibe la jurisdicción para administrar el Sacramento de la Penitencia al fiel en peligro de muerte.¿Por qué? Porque el fiel lo necesita. Lo mismo sucede en el proceso de la elección papal. ¿Por qué? Porque si el poder de la legítima elección no estuviese allí, la línea papal se extinguiría. La Iglesia necesita absolutamente elección y electores legítimos.
 
La otra teoría afirma que, dado que el poder de designar viene de la Iglesia y no de Dios -nadie está divinamente ungido para elegir al papa-, el poder de designar permanece válido aun cuando el poder de gobernar (jurisdicción) esté ausente. Permanece válido, ya que pertenece al orden puramente legal y nadie lo ha removido legalmente de ellos.
P. Pero, ¿cómo cardenales herejes pueden tener la jurisdicción para elegir un papa, cuando ellos también han defeccionado culpablemente de la Fe?
R. Tales cardenales no poseen jurisdicción. El derecho a votar (poder de designación) no es el poder de gobernar (jurisdicción). Aún más, la defección de la Fe por parte de los cardenales es un obstáculo a la jurisdicción, pero no a la elección de un papa.
P. ¿Por qué la defección de la Fe  no presenta un obstáculo al poder de elegir un papa?
R. Porque la herejía pública no tiene efecto legal hasta que es declarada y reconocida por la autoridad legal. El derecho legal que estos sujetos tienen para elegir papa permanecerá hasta ser legalmente removido. La herejía no es un obstáculo al poder de designación, lo es al poder de jurisdicción. Pues por herejía uno está de hecho separado de la Iglesia y se vuelve, en consecuencia, radicalmente incapaz de gobernar la Iglesia. Pero, dado que los cardenales no son herejes en el orden legal, esto es, no han sido declarados herejes legalmente, permanecen capaces de realizarlas acciones pertenecientes al orden puramente legal, como la de elegir un candidato para ser papa.
P. ¿No es verdad que los herejes públicos están excomulgados automáticamente?
R. Sí, lo están. Pero una excomunión automática tiene efecto legal sólo si
(1) la persona culpable admite su propia falta o;
(2) su superior legítimo le exige que observe la excomunión.
Si falta alguna de estas cosas, la excomunión es nula [sin efecto legal]. Pero ambas cosas están ausentes respecto a los cardenales, los electores del Papa. Luego, la excomunión carece de efecto. Aún más, el Papa Pío XII declaró que toda censura (por ejemplo, excomunión) se levanta cuando los cardenales entran en el cónclave.
P. De todos modos, si Wojtyla no es papa,¿cómo podemos tener cardenales reales?¿Acaso no serían cardenales falsos?
R. Ellos puede que sean falsos cardenales, pero no son falsos electores. Wojtyla tiene la autoridad para nombrar electores al papado por la misma razón que los cardenales tienen el poder de elegir. Todo esto pertenece al orden de la designación , y no al orden de la jurisdicción . Pero lo que hace a un papa ser papa es el poder de  jurisdicción (poder para gobernar), y no el poder de designación. La tesis sostiene que el Novus Ordo retiene el poder de designar personas para recibir el poder de jurisdicción en la Iglesia. Es una desafortunada realidad, pero es la realidad.
P. ¿Por qué es tan importante el linaje desde San Pedro?
R. Porque sin éste no hay ni sucesión apostólica, ni título de autoridad. La Iglesia debe ser apostólica, esto es, debe ser capaz de colocar a sus obispos, y en especial al de Roma, en una línea no cortada de sucesión legítima, hasta llegar a los Apóstoles. Si no puede lograr esto, no tiene título para gobernar a los fieles, dado que esta autoridad fue conferida a San Pedro y a los Apóstoles por Cristo. Sin este linaje, la Iglesia sería sustancialmente alterada; la palabra apostólica tendría que ser removida del Credo.
P. ¿Por qué no estamos meramente en un prolongado interregno, como en una vacancia de la sede entre dos papas?
R. Porque en tal interregno no hay nadie legalmente designado al papado. Pero en un interregno normal, los electores legítimos permanecen, los cuales tienen el poder de obligar a la Iglesia a reconocer la persona que ellos designaron. En el sistema de los sedevacantistas absolutos, que no reconoce ningún elector legal, no hay modo alguno de designar un sucesor de San Pedro.
P. ¿Tiene algún precedente esta situación actual de la Iglesia?
R. Encontramos un precedente en Nestorio, patriarca hereje de Constantinopla. Nestorio fue hereje público en 428, pero no fue condenado oficialmente hasta el año 431.Pero ya en 428 el clero de Constantinopla rompió la comunión con Nestorio, y dijo: “tenemos emperador pero no obispo”. Nestorio permaneció legalmente designado al patriarcado de Constantinopla, aunque perdió la jurisdicción debido a su herejía pública. No hay precedentes en el Papado, pues nunca un papa ha promulgado el error, una falsa liturgia, o disciplinas perversas para toda laIglesia.
P. ¿Acaso Cum ex apostolatus no contradice la tesis?
R. Cum ex apostolatus  es una constitución apostólica, una ley, hecha por el Papa PabloIV, la cual dice que si un papa fuere hereje, su elevación a esta dignidad sería nula. Esta ley tuvo por objetivo evitar que alguna  vez un protestante accediera al papado. Por dos razones no se aplica al presente caso:
La primera, es que ya no es más ley, fue derogada (hecha obsoleta) por el Código de Derecho Canónico del año 1917.
La segunda razón, y más importante, es que, incluso si por alguna razón la ley tuviese efecto, ésta podría aplicarse sólo si Wojtyla fuese reconocido legalmente como hereje público. Pero, como hemos visto, no existe ninguna condena legal de Wojtyla. Ante la ley de la Iglesia no tiene el status de hereje, porque
(1)no se considera a sí mismo culpable de herejía, y
(2) ningún superior legítimo lo considera culpable de herejía.
Cum ex apostolatus expresa ciertamente la mente de la Iglesia con respecto a herejes que poseen un oficio. Presenta un excelente argumento teológico, aunque no un argumento legal. Nos da una razón muy fuerte para probar que de hecho Wojtyla no es papa, pero en el orden de la legalidad nada resuelve.
P. ¿No sucede que en el mismo momento en que el cardenal es elegido, pasa inmediatamente a ser Papa? Si esto es así,¿cómo se puede tener un papa electo, alguien designado sin autoridad?
R. Es verdad que el cardenal elegido en el cónclave se vuelve Papa inmediatamente después de su aceptación, con tal que, obviamente, no oponga un obstáculo a tal poder. El papa Pío XII aludió a esta posibilidad diciendo:
Si un laico fuese elegido Papa, no podría aceptar la elección a menos que fuera apto para recibir la ordenación y estuviera dispuesto a ser ordenado.”
(Discurso dirigido al segundocongreso mundial para el apostolado laico, 5 de octubre de 1957).
 
P. La tesis, concediéndole demasiado a Wojtila  y al Novus Ordo, es suave y comprometedora respecto a ellos.
R. Los argumentos teológicos no son verdaderos porque se presenten como la cosa más dura a decir. Los argumentos teológicos son verdaderos porque se conforman a la realidad. Muchos católicos tradicionalistas están disgustados con Wojtyla, y bien hacen, y no están conformes con ningún sistema que le conceda algo. Incluso el mismo Mons.Guérard des Lauriers decía que sus labios ardían al decir esto sobre Wojtyla, pero  obligado a hacerlo debido a las exigencias del Dogma Católico y la naturaleza misma de la situación.
Pero, en realidad, dentro de la variedad de sedevacantistas, quienes toman la línea más dura contra Wojtyla y el Novus Ordo son los adherentes a la tesis. Por ejemplo, todos los material-formalistas que conozco dicen que es gravemente pecaminoso, objetivamente, asistir a la Misa una cum (aquella en la que el nombre de Wojtyla es nombrado en el Canon).
En el lado opuesto, casi todos los sedevacantistas absolutos que conozco dicen que no está mal escuchar tal Misa. Los que adhieren a la tesis afirman que la cuestión del [falso] papado de Juan Pablo II no es opinable, mientras que muchos de los absolutos, quizás la mayoría, sostienen que es materia de opinión. Monseñor Guérard des Lauriers fue, muy probablemente, el primer sedevacantista.
 
P. Si un hereje no puede ser papa, como usted dice, ¿cómo entonces Wojtyla puede ser papa, siquiera materialmente?
R. Porque el aspecto material del papado procede de la autoridad eclesiástica, mientras que el aspecto formal -aquello que hace alguien sea papa- procede directamente de Cristo. La pública adhesión a la herejía o la apostasía, es un obstáculo al flujo de la autoridad para gobernar que viene directamente de Cristo. Pero la herejía pública no es un obstáculo a la designación, a menos que sea declarada; es decir, reconocida por la ley eclesiástica.
Por ejemplo, un criminal no puede poseer un oficio público en los Estados Unidos. Pero para que la elección sea inválida, es necesario que sea criminal a los ojos de la ley . Así, si alguien mata a su esposa, pero no escondenado como criminal por un tribunal, podría ser legalmente elegido para un puesto público, ya que no es culpable ante la ley . De la misma manera, Wojtyla no es culpable de herejía o apostasía ante la ley, no hay censura alguna sobre él, por lo tanto, es capaz de recibir válidamente la elección legal para el papado. Así, no es papa  formalmente –o sea, en realidad-, pero es papa materialmente, o sea, goza de elección válida.
P. ¿Por qué la solución de los sedevacantistas absolutos no es viable?
R. Porque priva a la Iglesia de los medios de elegir un legítimo sucesor de San Pedro. Destruye finalmente, su apostolicidad  Los sedevacantistas absolutos intentan solucionar el problema de la línea sucesoria de dos modos:
 
La primera solución es el conclavismo .Ellos argumentan que la Iglesia es una sociedad que tiene un derecho inherente de elegir a los que la guían. Por lo tanto, el resto que permaneció fiel podría reunirse y elegir un papa. Aún si esta tarea pudiera cumplirse alguna vez, presenta muchos problemas.Primero, ¿quién sería designado legalmente para votar? ¿Cómo serían legalmente designados para votar? Segundo, ¿qué principio obligaría a los católicos a reconocer al beneficiado de tal elección, como legítimo Sucesor de San Pedro? El conclavismo es simplemente un nombre elegante para el gobierno de la muchedumbre, en donde los que gritan más fuerte manejan al resto. La Iglesia Católica no es una turba, sino que es una sociedad divinamente constituida con reglas y legalidad. Tercero, y lo más importante, uno no puede hacer el salto del derecho natural de los hombres de elegir para sí mismos jefes de gobierno, al derecho de votar para elegir un Papa. La Iglesia no es una institución natural como la sociedad civil. No hay derecho inherente en los miembros de la Iglesia de elegir al Romano Pontífice. La elección del Romano Pontífice fue originalmente hecha por Cristo mismo en San Pedro, y el modo de elección a partir de entonces fue regulado por ley.
 
La segunda solución propuesta por los sedevacantistas absolutos consiste en que Cristo mismo escogerá un Sucesor por una intervención milagrosa. Si Nuestro Señor haciera tal cosa, y ciertamente podría, el hombre que eligiera para Papa sería sin dudas Su Vicario sobre la tierra,  pero no sería Sucesor de San Pedro. La Apostolicidad se perdería, porque tal hombre no podría remontar su línea sucesoria hasta San Pedro por una línea ininterrumpida de sucesión legítima. Más bien, como San Pedro, sería elegido por Cristo. En consecuencia, Nuestro Señor estaría iniciando una nueva Iglesia.
 
P. ¿Pero no sería Nuestro Señor un elector legítimo? ¿Por qué no podría elegir un Papa que fuera al mismo tiempo Sucesor de San Pedro?
R. Sí, obviamente, Nuestro Señor podría elegir un Papa, así como eligió a San Pedro.Pero una intervención divina, del tipo que los sedevacantistas absolutos imaginan, sería equivalente a una nueva revelación pública, lo cual es imposible. Toda revelación pública se cerró con la muerte del último Apóstol, esto es un artículo de Fe. Cualquier revelación que tenga lugar desde la muerte del último Apóstol está en la categoría de revelación privada. Así, en el sistema de los absolutos, una revelación privada daría aconocer la identidad del papa. Es innecesario decir que tal solución destruye la visibilidadde la Iglesia Católica, así como también su legalidad, y hace depender de videntes su existencia misma.
También está de más decirque esto deja expuesto al papado al mundo lunático de los aparicionistas. El objetivo mismo de la Iglesia es proponer la revelación divina al mundo. Si el nombramiento de un Papa, quien es la persona misma que propone la Revelación, procediera de una revelación privada, todo el sistema colapsaría. Luego, un vidente sería la más alta autoridad en la Iglesia, quien podría hacer o deshacer Papas. Y no habría modo autoritativo alguno para determinar si elvidente es un engaño o no. En  última instancia, el acto de Fe de cada uno vendría a depender de la veracidad de algún vidente. Por el contrario, la Iglesia Católica es una sociedad visible y tiene una vida legal. Nuestro Señor es la Cabeza invisible de la Iglesia. La Iglesia ya no podría reclamar para sí la visibilidad, si la selección de su jerarquía fuera hecha por una persona invisible, incluso por Nuestro Señor mismo.
Pero si por un momento admitimos esta posibilidad, sigue siendo cierto que nosotros debamos seguir afirmando que el elegido de Nuestro Señor no sería Sucesor de San Pedro.La sucesión legítima ocurre según los dictados de la ley eclesiástica o de lacostumbre establecida. Pero una sucesión a través de una intervención divina no ocurre como las dos primeras. Luego, el elegido no sería Sucesor legítimo de San Pedro.
 
P. ¿Qué solución ofrece la tesis al problema de la Iglesia?
R. Hay muchas soluciones posibles, por ejemplo las siguientes:
 
(1)Wojtyla se convierte a la Fe Católica, repudia al Vaticano II y sus reformas, recibe la jurisdicción para gobernar y se vuelve Papa.
 
(2) Algunos cardenales (incluso uno sería suficiente), se convierte, repudia al VaticanoII, públicamente declara la Sede vacante y llama a un nuevo cónclave.
Este acto removería de Wojtyla el título de una elección válida. Incluso es probable que # 2 se aplique a los obispos diocesanos del Novus Ordo, quienes accederían a la jurisdicción verdadera si repudiasen al Vaticano II.También es verdad, según la tesis, que estas posibilidades puedan durar indefinidamente, aun más allá de la muerte de Wojtyla.
 
P. El sacerdocio y el episcopado en el Novus Ordo son probablemente inválidos. Siendo esto así, ¿cómo podrían ellos ser o volverse algo?
R. Incluso un laico puede ser nombrado para un puesto eclesiástico de autoridad. San Ambrosio no solamente era laico, sino que ni siquiera era católico, cuando fue elegido  para ser obispo de Milán. La clave está en que, para obtener la jurisdicción, un obispo o un cardenal del Novus Ordo tendría que dar su consentimiento a ser válidamente consagrado. Dios, en Su Providencia infinita, ha preservado órdenes válidas durante esta crisis en la Iglesia.
 
P. ¿No causa la tesis una división entre los sedevacantistas?
R. No. Esta discusión viene teniendo  los sedevacantistas desde la década del‘70. Absolutos y material-formalistas disienten respetuosamente en este punto, pero nunca esto ha sido causa de división. Ellos trabajan en común y tienen contactos amistosos unos con otros.
P. ¿Cuántos sacerdotes sedevacantistas adhieren a la tesis?
R. Una minoría, pero no pequeña. No obstante, añado que en la práctica, todos los sacerdotes sedevacantistas adhieren a la tesis. Digo esto porque ellos no consideran a las personas del Novus Ordo como no-católicos legalmente. Cuando estas personas retornan a la Fe tradicional necesitan simplemente decir al sacerdote, en todos los casos que conozco, que desean ser miembros de su capilla (centrode misa). No hacen ninguna abjuración, sea pública o privada, y ninguna excomunión es levantada. Por otro lado, si un luterano se aproximare a un sacerdote tradicional, éste lepedirá con justa causa que haga una abjuración pública, en la cual será levantadala excomunión. Además, si los luteranos se  aproximasen para comulgar, el sacerdote les negaría la Sagrada Comunión, incluso sin previa advertencia. Pero no conozco ningún sacerdote que niegue la Sagrada Comunión,sin previa advertencia, a alguien del NovusOrdo que viene por primera vez a la Misa tradicional. ¿Por qué esta diferencia? Porque los del Novus Ordo no han sido separados legalmente de la Iglesia Católica.
Si la teoría de los sedevacantistas absolutos sobre Wojtyla fuera cierta, que debido a su herejía pública no poseyera un status legal enla Iglesia Católica, sería necesario aplicar las mismas reglas a todo aquel que perteneciese al Novus Ordo. Deberían ser reconciliados del mismo modo que los protestantes. No conozco sacerdote alguno, incluso entre los más fieles de los absolutos, que haga esto. En cambio, pasar del Novus Ordo a ser católico es fácil, pues no existe impedimento legal alguno. El efecto de su bautismo, por el que se unieron legalmente a la Iglesia Católicacomo a una sociedad, nunca ha sido destruido.Sólo es necesario abandonar al Vaticano II, a Wojtyla (y muchos sedevacantistas absolutos ni esto requieren) y volver a los Sacramentos verdaderos. En la práctica, todos los sacerdotes tradicionalistas adhieren a la“tesis materialiter”.
 
Resumen:
 

La tesis sostiene que, debido a que los miembros del Novus Ordo ocuparon puestos de autoridad por medios legales, los poseen legítima y legalmente, pero no tienen el poder que ordinariamente les va adjunto. Carecen de este poder, pues pretenden imponer sobre la Iglesia doctrinas y cultos falsos, y disciplinas perversas, los cuales son contrarios a los fines y objetivos esenciales de la Iglesia. Puesto que el poder de designación al oficio pertenece  puramente  a la parte material de la autoridad, los que integran el Novus Ordo poseen el poder de designar legítimamente a los puestos de poder, hasta que les sea removido legalmente.

Como consecuencia de esto, está establecida una jerarquía material, o sea, alguien legalmente nombrado para papa; otros legalmente nombrados para obispos; y otros legalmente nombrados para electores del papa. Pero ninguno de estos tiene jurisdicción alguna y a ninguno se les debe obediencia, ya que carecen de autoridad (la forma), lo cual hace que sean lo que son; a saber, Wojtyla, un papa falso y los obispos, falsos obispos. Los cardenales son verdaderos electores, en la medida en que son nombrados para ser los que designan al papa, pero su función pertenece al orden material de la autoridad; es decir, solamente al orden de la designación.

 
Conclusión
 
La tesis da a lo real lo que es real, y da a la legalidad lo que es legal. Lo real es lo  formal, lo legal es lo  material.
La clave para entender la tesis es esta: la jurisdicción viene directamente de la autoridad divina; la designación para recibir la jurisdicción viene de la autoridad eclesiástica. Lo que viene directamente de Dios es anulado por las intenciones contrarias de Wojtyla; lo que viene de la autoridad eclesiástica puede ser anulado solamente por la autoridad eclesiástica.
La designación viene de los electores debidamente autorizados, solo ellos pueden anular la designación. Así Wojtyla en realidad no es papa. Sin embargo, materialmente lo es, en cuanto que está en posesión de una elección legal.
Si uno no respeta la distinción entre el orden real y legal, lo formal y lo material, hace que la Iglesia se vuelva una muchedumbre sin control.
Además la teoría de los sedevacantistas absolutos arruina la apostolicidad de la Iglesia. No recuerdo haber visto a ninguno de los sedevacantistas absolutos siquiera abordar el problema de la apostolicidad en la presente crisis. Ellos generalmente responden: “.” Sí, pero“Dios se ocupará de ello”
 Sí,  pero “Dios se ocupará de ello”no es Teología Sacra.  La Iglesia no respondió a las objeciones contra la Trinidad diciendo “de una forma u otra hay tres Personas en un solo Dios ”, sino que cuidadosamente, por el trabajo de los Santos Doctores y finalmente por las declaraciones del Magisterio, definió ciertas verdades sobre la Trinidad por las que se respetan tanto la unidad de la esencia divina,como la trinidad de las Personas.
Por lo tanto, si los sedevacantistas absolutos pueden abordar exitosamente el problema de la continuidad de la jerarquía fundada sobre San Pedro, nosotros, material-formalistas, les oiremos.
 
Tomado de “Catholic Restoration”  , publicación bimensual de Mons. Donald J.Sanborn, nº 6, septiembre-octubre, año 2003.Traducción: Nicolás Despósito, FedericoPalma
Notas
1) Mt. XVI, 18.
2) I Tim. III,15.
3) Mt. XXVIII, 20.
4) Jn. XIV,16.
5) Dz. 1824.
6) Quo graviora, 4 de octubre de 1833.
7) Dz. 1825
 
 

2 respuestas »

  1. Hace un tiempo que leí la tesis de Mon. Guerard des Lauriers y aunque me llamó mucho la atención, intuía que tenía algún error, pues el sentido común me decía que no es posible que en una misma persona pudiera ser y no ser, es decir, ser Papa material y a la vez no poderlo obedecer por no enseñar doctrina católica.
    He estado indagando y he encontrado la refutación a esta tesis. Es del Dr. Homero Johas. Lo encontraréis en la página de la Fundación San Vicente Ferrer, es un artículo titulado: «La Iglesia y el Papa materialiter» del citado Dr., está muy documentado. A mí me ha convencido. Dios no puede pedirnos obediencia a una persona que no tenga doctrina católica, Ahora veo claro, recemos para que el Trono de San Pedro pueda ser pronto restablecido.
    ¡Santa María, Ntra. Señora y Reina ,abreviad los tiempos de la gran apostasía!

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  2. Resulta un trabajo realmente pesado refutar una tesis tan llena de retruécanos como ésta, pero procuraré hacerlo lo más brevemente posible, siguiendo la exposición de Mons. Sanborn.

    I. Es verdad que todo ser compuesto consta de materia y forma, pero esa distinción no es aplicable al caso que nos ocupa, porque un cuerpo humano, (materia), sin forma (alma), no es algo subsistente, sino que recibe inmediatamente otra forma, la forma cadavérica, por lo que de ninguna manera se le puede llamar cuerpo.

    Igualmente, no puede existir cuerpo papal sin forma propia, porque la persona humana a la que se pretende otorgar la forma (el Papado) no es susceptible de recibirla, porque ya está ocupado por otra forma cadavérica, en este caso la herejía.

    II. y III. Es extremadamente dudoso que la designación de una autoridad, sea ésta religiosa o política, provenga de los hombres. Mons. Sanborn, como buen americano, ha asumido la mitología política tan típica de su país, sin advertir que proviene en recta línea de sus fundadores puritanos, y luego masones, cuya comprensión de la autoridad es claramente herética.

    En la designación de la autoridad tradicional, sobre todo la política, raramente interviene la generalidad del pueblo, sino para asentir, pero cuando interviene, es siempre en el acto de presentar humildemente al que ellos estiman más conveniente, ante una autoridad superior, que es la que realmente tiene el poder de designar, y que efectivamente aceptará, caso de encontrar idóneo al electo.

    Por lo que vemos que también la designación es un acto de jurisdicción. Los cardenales, cuando eligen, ejercen un verdadero acto de jurisdicción, en verdad único, y ello se manifiesta externamente en que no llevan el mantelete, cosa que hacen siempre y sólo en Roma, cuando una autoridad más alta que la suya está presente en acto, es decir, siempre que hay Papa.

    Cuando el pueblo romano elegía a los Papas, propiamente no los designaba, sino que pedía a los cardenales-obispos que hicieran o dieran por buena su elección.
    La mera designación sin jurisdicción no da ningún derecho a nadie.

    IV. Es verdad que en ciertos casos, a pesar de existir invalidez de un acto jurídico, éste no deja de surtir algunos efectos legales, subsistentes incluso cuando se ha averiguado la ilegitimidad o invalidez del acto.

    Sin embargo, no es lo mismo un matrimonio, cuyos requisitos de validez son realmente mínimos, y la asunción a una carga eclesiástica, o incluso de cualquier contrato civil, en los que una vez averiguado el vicio oculto, se resuelve automáticamente el tal contrato, quedando anulados todos los actos fundados en él.

    Mons. Sanborn tiene un perfecto ejemplo en su propio país: Para ser elegible a presidente, es necesario haber nacido norteamericano. Pero he aquí que el Sr. Obama nació en Kenia, con pasaporte británico, por lo que en modo alguno es elegible. Nadie puede decir que alguna de las leyes u otros actos legales de ese presidente-usurpador tiene alguna fuerza legal, todo es nulo.

    Además, para eso se cuida bien la Bula de Pablo IV que una elección fraudulenta no da derecho a nada, y que absolutamente todos sus actos son nulos.No importa si se tarda poco o mucho en descubrir el defecto, o en proclamarlo, los actos siguen siendo igual de nulos.

    Breve refutación de la tesis.

    – El obstáculo que impide a los electos conciliares recibir la autoridad no es una supuesta falta de intención, Mons. Sanborn está confundiendo aquí lo que releva del fuero sacramental con lo que atañe al fuero legal.

    El obstáculo que él procura cuidadosamente no señalar es la herejía pública e incluso notoria, que los hacía inelegibles de raíz, de una vez y para siempre.

    Está confundiendo además dos tipos de legitimidad en la autoridad:

    -La legitimidad de origen, que proviene del hecho de haber sido designado conforme a las leyes sucesorias, por ejemplo, un Príncipe legítimo descendiente según el orden de sucesión, (ésa es la que no tienen los pontífices conciliares, por tener su elección un vicio oculto insanable).
    – La de ejercicio, cuando el gobernante rige según los principios generales que aseguran el Bien Común. (Y es evidente que los usurpadores conciliares tampoco tiene ésta última).

    Mons. Sanborn niega la segunda, para mejor preservar la primera, porque si no, se le derrumba toda la tesis.

    – Pretende también que una vez designado, según él legítimamente, aunque no recibiera la autoridad, seguiría siendo el electo por tiempo indefinido, sin que pudiese perder el derecho, ni ocupar otro el puesto. Pero se engaña, porque es bien sabido que si un electo demuestra negligencia en tomar posesión del puesto cumpliendo con todos los requisitos de derecho, pasado un tiempo prudencial, se entiende que ha dimitido, y pierde todo derecho a reclamar el puesto.

    – Nos dice que sólo los electores legales pueden remover esa designación, y otra vez yerra, porque si esa designación es, como pretende, legítima, ya no tienen poder sobre el elegido, pretender lo contrario sería como mínimo cismático, y si no es legítima, entonces no tiene ningún derecho, y esa designación es nula de pleno derecho, tertium non datur.

    – Si Mons. Sanborn se niega a obedecer lo definido en la Bula de Pablo IV, que estatuye que aquél que hubiese caído en herejía, o hubiese desvíado de la Fe, es inhábil para el Pontificado, es porque intenta desde el mismo principio dar una respuesta a esta terrible pregunta: ¿Si es verdad que no tenemos Papa, ni electores legítimos, cómo haremos para volver a tener un papa indudable?

    La misma pregunta se hizo Mons. Lefebvre, y como no estaba seguro de la solución, por no conocer o no querer obedecer la Cum ex apostolatus, optó por reconocer a unos herejes notorios como Papas.

    Por la misma razón se empeñan los materialiter en reconocer una parcelita de legitimidad a los usurpadores conciliares, desobedeciendo a sabiendas a toda la tradición de la Iglesia codificada por Pablo IV.

    Porque reconocer francamente la realidad les da vértigo, temiendo como temen tanto la persecución de los conciliares, como el tener que moverse para dar a conocer universalmente la situación, de modo que alguna vez pueda ser posible volver a tener un Papa de verdad. Y como diría perogrullo, para echar algo de menos, primero hay que ser consciente de que se ha perdido.

    Nos quieren hacer creer que es posible volver a tener una Iglesia no sólo aparente, sino real, mediante la conversión bien del «papa», bien de los «obispos», que milagrosamente se sanarían de la forma cadavérica que han asumido, y sin abjurar sus errores, recibirían la autoridad que hasta entonces se les suponía, sin que nunca la hubiesen poseído.

    Es decir, que esos mismos demoledores de la Iglesia, inhabilitados por su herejía, serían objeto de una verdadera resurrección, y sin quedarles huella de la herejía tan largamente profesada, y además, supongo, milagrosamente instruidos sobre la verdad católica que jamas asimilaron, se convertirían en restauradores de la Iglesia.

    Como diría el castizo, salieron de Málaga para meterse en Malagón.

    Intentando solventar una situación difícil, han inventado otra todavía más complicada, y de imposible cumplimiento.

    Y lo que sigue lo confirma: Los electos no eran materia apta para el alfarero, eran como un líquido, o peor, un gas, que ningún escultor puede esculpir o formar en su estado normal. Por prelados materiales, los doctores únicamente entendían que sobre las venerables sedes de Oriente, o de Inglaterra, se sentaban físicamente unos hombres, y ponían materialmente, físicamente sus nombres a continuación de sus predecesores legítimos, pero sin tener ningún derecho a ello, aún cuando aparentemente nada hubiese cambiado. Si hubieran entrevisto lo que algunos han hecho con su distinción, se hubieran muerto de la risa.

    Y leyendo las objeciones, esto no mejora…

    Pretender que unos demonios vestidos de rojo reciben jurisdicción para elegir, sin saber exactamente de dónde o de quién les viene, es hacer teología-ficción, o wishful thinking, que dirían en Gloucester.

    No pueden recibirla del Papa, puesto que han reconocido que carece de jurisdicción, y que no hay jurisdicción, eclesiástica o temporal, que no provenga del Papa, no pudiéndose decir que se la da la Iglesia praeter papam.

    Menos aún la pueden tener, inhabilitados como están por su herejía pública y notoria.

    Como hemos visto antes, unos falsos cardenales, sin jurisdicción, pueden hacer cuantas votaciones quieran, incluso por unanimidad, jamás verificarán una verdadera elección; ni siquiera estarían al nivel de los fieles laicos romanos, necesitados de la confirmación de los verdaderos designadores, sino que están muy por debajo, porque un hereje se halla infinitamente por debajo del último de los católicos dignos de ese nombre porque aún son fieles a la Fe de su Bautismo, mientras que esos otros nada absolutamente pueden hacer en el cuerpo de la Iglesia a la que ya no pertenecen.

    Por donde se ve ser falso el pretender que la herejía no es obstáculo al poder de designación. Un hereje habría sido expulsado por los fieles que eran capaces de forzar la humildad de un san Gregorio Magno y obligarlo a sentarse en la Cátedra, y no dejarle mover de ahí hasta haber recibido el acuerdo de los cardenales, ¡Cuánto más de haber sabido que alguno de ellos era hereje público, como ocurrió con Anacleto II Pierleoni!

    Más falso aún es pretender que para que la herejía surta efecto legal, debe ser no sólo pública y notoria, sino además, reconocida y advertida al encartado, y sólo en caso de perseverancia, operante en el orden jurídico. Debería recordar lo ocurrido con Nestorio, Patriarca de Alejandríia: En cuanto profirió su herejía desde la Sede, los fieles se levantaron, lo llamaron hereje, y rompieron toda comunión con él, diciendo: «Tenemos emperador, pero no obispo». Y los Papas de la época reconocieron que tenían razón, que había dejado de gozar de cualquier jurisdicción a partir de la exteriorización de la herejía que hasta entonces era puramente interna, y declarando nulos todos sus actos a partir de ese momento. No es que permaneciera obispo material, con cierto poder administrativo, sino que lo había perdido TODO, hasta los derechos de simple bautizado. No era el equivalente de un cuerpo humano separado de su alma, cosa que sólo ocurrió en el caso de Nuestro Señor en el sepulcro, y de su santísima Madre antes de su Asunción, era un cadáver pestilente, del que la Iglesia nos manda alejarnos, ni saludarlo, ¡Cuanto menos reconocerle un poder de nombrar pastores!

    Si no, hasta Lutero en los primeros años de su rebelión hubiera sido elegible, lo cual es monstruoso. Una vez más recordemos la precisión de la famosa Bula de Pablo IV: «Si alguno fuera sorprendido caído en herejía, o desviado de la Fe», es decir, que la Iglesia no se mete en si ese desvío es culpable, pertinaz, u otra cosa, ni si el electo tiene esta u otra intención interna. Tanto la Fe del elegido como su intención verdadera sólo pueden ser juzgadas por sus manifestaciones externas, tanto a priori (antes de la elección), como a posteriori (después de la elección, en sus actos, palabras u omisiones, que como decíamos ayer, hablan más alto y claro que las solas palabras).

    Los expedientes del Santo Oficio, y desde Pablo VI, sus propias conferencias públicas ya nos muestran a unos fieros y redomados herejes antes del cónclave, que en otros tiempos no habrían llegado ni a sacristán. Pero si niegan las pruebas antecedentes, hagan caso al menos a las posteriores a su elección, que son numerosísimas, salvo instalarse en el negacionismo sistemático, hasta frente a actos caracterizadísimos de apostasía como el beso al Corán, o la con-celebración de festividades judaicas, o el maremágnum de Asís.

    Mons Sanborn realiza aquí otra grave confusión:

    Confunde la gracia cooperante, como las que realizan nuestra justificación, y que efectivamente pueden ser impedidas por la voluntad, con las gracias operantes, o carismas, en que Dios opera sin que la voluntad humana pueda impedirlas, porque éstas últimas se dan no para el provecho del que las recibe, sino para aquellos a los que debe servir el recipiendario. Ya no dependen del orden de la voluntad, sino del de la inteligencia de los sacros misterios, que el Espíritu Santo aclara a cada Papa, y a quienes protege de todo error, aún cuando éstos fueran unos desastres en el orden moral, dependiente de la voluntad..

    Es por ello que una persona legítimamente elegida Papa es infalible en su orden SIEMPRE, SIN QUE TENGA QUE QUERERLO MÁS O MENOS O EXPRESARLO DE UN MODO U OTRO, error gravisimo que por lo que se ve cometen tanto conciliares como lefebvrianos, que luego se ponen a discutir si el papa ha querido o no ser infalible, o incluso en qué grado, que es tanto como preguntarse en qué grado está una embarazada.!!!

    En cuanto a la apostolicidad, pretende el autor que si no hubiese electores, se rompería la línea. Me temo que aquí, está imitando el terrorismo intelectual tan típico de sitios como La Question. Intentando asustar a los fieles, que no tienen por qué conocer la historia eclesiástica.

    Cuando el Gran Cisma de Occidente, en el S. XIV, en que llegamos a tener tres papas con su correspondiente Colegio cardenalicio, ¿Dónde quedó esa línea?

    Tenía entonces razón Pedro de Luna-Benedicto XIII, diciendo que él era el único cardenal indudable que quedaba?

    Sin embargo, el Concilio de Constanza, sabedor de que lo que hace a un Papa indudable, es el consenso de la Iglesia de Roma, representada normalmente en sus primeros clérigos, los cardenales. No existiendo éstos, se optó por el medio más apropiado para conseguir la mayor unanimidad moral en torno al elegido, por lo que se juntaron los cardenales de las tres obediencias, todos ellos dudosos, adjuntando a cada uno un obispo, representante de cada una de las naciones cristianas. A partir de esa elección, el Papa que más legitimidad tenía, nuestro Aragonés Benedicto XIII, habiendo prometido abdicar y dado su consentimiento de antemano, dejó de ser Papa, y por eso lo abandonó su fidelísimo consejero y confesor, el gran san Vicente Ferrer.

    Así ocurrirá esta vez: Una vez bien enterados los cristianos aún dignos del nombre de católicos de la situación de ausencia de electores, cosa a la que no han ayudado los materialiter, se procederá a una elección PÚBLICA, y no privada e incluso confidencial, como las decenas de ridículos «cónclaves» a los que alude.

    No descarto en absoluto que sean los mismos santos Apóstoles Pedro y Pablo, columnas de la Iglesia Romana, los que conforme a profecías dignas de crédito, señalen a aquél que debe ser elegido. Esto no afectaría la legitimidad canónica de la elección, no modificaría sustancialmente la acción humana necesaria al valor legal del acto.

    Tengamos en cuenta que hechos parecidos ya se han verificado en la historia, como cuando san Gregorio Magno se refugió en una cueva para que no lo encontraran los romanos que lo querían por Papa, y Dios hizo elevarse una altísima columna de luz encima del sitio, de modo que hasta allí fueran a buscarlo, y lo trajeran a rastras hasta san Juan de Letrán.

    O como cuando un niño señaló como nuevo obispo de Milán a san Ambrosio, que en aquél momento ni siquiera era clérigo, gritando por inspiración del Espíritu Santo ¡Ambrosio obispo!, y todo el pueblo ¡Ambrosio obispo!

    El mismo reglamento del cónclave prevé que los cardenales elijan espontáneamente, todos juntos, por unanimidad y sin papeletas, a aquél a quién el Espíritu Santo les inspire, señal de que una intervención divina no es imposible, y no anula al necesario elemento humano.

    Nuestro Señor siempre acompasa sus intervenciones al orden legal que él mismo ha dado a Su Iglesia, lo católico siempre es natural Y sobrenatural, no se opone.

    En cuanto a por qué no se pide un acto de abjuración a los conciliares que vuelven a la Tradición, primero, porque están en el estado en que se encontraron los luteranos decenios después de 1517, en que aún no se había operado la distinción definitiva, e incluso más tarde en países como Inglaterra.

    Y porque nadie tiene hoy día el poder de jurisdicción necesario para recibir una abjuración en forma. Eso no implicaba que los eclesiásticos pasados al luteranismo siguieran conservando un poder cualquiera sobre sus Iglesias.

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