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UN BEATO QUE HIZO MAL LO BUENO Y QUE HIZO BIEN LO MALO


Frase entresacada del artículo que traigo y brevemente comento.

Un 6 de agosto de 1978 murió Pablo VI. Ahora al celEbrarse el 34 aniversario se habla de su beatificación y empieza la preparación de los católicos, hablando de su testamento. Si hubiera una intención de proceder a su rápida beatificación, como creo, nos tocará oir y leer crónicas y relatos hagiográficos de la vida del ya siervo de Dios. Nosotros nos sumamos al empeño pero quizás desde una óptica más real y procurando aportar pruebas de lo que se diga en éste y otros posts.
De momento transcribimos extractos de un post de Pedro Rizo.
En algunas cosas, como siempre digo, estoy en desacuerdo con algo de lo que dice. Más en particular diré que no estoy de acuerdo en el ejemplo que trae de San Pedro, quien mereció ser reprendido por Cristo con duros epítetos, y le llegó a negar más tarde. Estos incidentes se traen con frecuencia para probar que los papas pueden apartarse gravemente de la doctrina. Pero en realidad, hay que decir, que a la sazón, Pedro no era papa, sino que tenía promesa del primado que se le conferiría más tarde. Sobre el conocido incidente de Antioquía, en el que Pablo le reprendió «a la cara» (Gal 2, 11-16) es de sobra conocido que Pedro no falló en materias de Fe, sino que como bien explica Santo Tomás, el fallo no pasó de una cobarde simulación. Todo esto está explicado en el post de este mismo blog La Fe de Pedro no falló, cuya lectura invito  encarecidamente a hacer(porque el argumento es usado incluso en nuestros día para encontrar fallos en los papas, lo que permitiría la famosa «resistencia». Véase el post ¿Es lícito resistir al papa?)
Estos son los extractos del post citado. Añado énfasis propios. También añado en apostillas entre corchetes, mi idea sobre lo que dice.

Este testamento de Pablo VI, que inspira tantas alabanzas, y hasta a olvidarnos del legado que nos dejó, también nos recuerda el portento de su antecesor y camarada, Juan XXIII cuyo cadáver jamás lo fue pues que quedó incorrupto. Así lo aseguraron los expertos embalsamadores de la momia de Lenín venidos de Moscú, noticia que fue y las hemerotecas confirman. Un Papa incorrupto y un testamento son realmente edificantes para homenaje de esos dos artífices del Concilio Vaticano II, el más determinante hito de la Historia de la Iglesia, incluyendo en el adjetivo la encarnación del Verbo, su muerte y resurrección. (¿No es ahora que gracias a esos papas Buda o Bafumet merecen igual consideración que Nuestro Señor Jesucristo…? ¿No es “el Dios de Jesús” el mismo que el de Mahoma, según Juan Pablo II en Marruecos? ¿No se descubren ahora, desde su concilio, tantas virtudes que imitar de Lutero…?)

Por tan generosas innovaciones se nos proponen los nombres de estos papas como sobradamente dignos de ser ya canonizados para que, según sus particulares fundamentos, quede atado y santificado el rico fruto pastoral del que la historia nos está preparando su veredicto.

Por este derrape por la incoherencia, por esta huida de lo fundamental, muchos católicos como inconsciente clavo ardiente al que agarrarse hacen del papa un ídolo mediático, lo idealizan como si fuera el Aga khan al que pesar en oro. Más Dios mismo de este mundo que comprometido Vicario de Cristo. Así se nos propone que lo entendamos aunque implique olvidar su identidad de representante de Cristo (cuya divinidad debe proclamar frente a sus seculares enemigos); no viendo en él al administrador que gerencia – «ata y desata» – para su señor la hacienda que le fue confiada (nuestra redención por su cruz); y tampoco al mayordomo que usa para su amo las llaves con las que no sólo abre el cielo sino que, también, guardan de ladrones la casa terrestre.

A tal absurdo llega esta idolatría que sus enfermos se violentan a sólo ver bienes donde la historia los niega, y a no ver los males que se muestran en sus escombros.

 Con esta falsificación de la fe se traspasan al Espíritu Santo compromisos que exceden su prometida asistencia, y se otorga al papa una infalibilidad imposible… pero, desde luego, instrumentable. [la infalibilidad del papa no es imposible aunque no puede ser instrumentable, y está bien delimitada por la teología y el magisterio]

En la definición dogmática, la asistencia prometida señala limitaciones como, por ejemplo, en la advertencia de que «[…] no fue prometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo para que por revelación suya manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, santamente custodiaran y fielmente expusieran la revelación transmitida por los Apóstoles, o depósito de la fe.» (cfr. Dz 1836.)

Porque para el fiel más párvulo es claro como el agua que cuando Pedro negó a Jesús, fue Pedro quien le negaba y no el Espíritu Santo. Que cuando Judas le vendió al Sanedrín, no fue inspirado por el Espíritu Santo sino por su personal frustración política. Que en el incidente de Antioquía, no fue el Espíritu Santo el que exigió la circuncisión sino los judíos, y que tampoco en él se inspiró San Pedro para casi complacerles, sino en su propia debilidad. [párrafo en mi opinión mal traído pues ni Pedro era entonces papa ni Judas, tampoco lo era. La infalibilidad y asistencia del Espíritu Santo al papa, se da cuando ejerce su oficio de Maestro enseñando doctrinas de Fe y costumbres a toda la Iglesia, que explicitan el Depósito de la Fe*

Así fue, sin secuestro de teologías, las cuales muchas veces sólo son cuñas «doctorales» del corporativismo de un clero que pierde Gracia por todos lados. Lo seguro es que del Espíritu Santo procedieron las lágrimas [nada que ver con la asistncia del Espíritu Santo al munus docendi de Pedro] de contrición en San Pedro; o que por él le llegaría a Judas el remordimiento que luego malogró suicidándose. Y, sin discusión, sí que fue el Espíritu Santo el que inspiró a la Iglesia, en la persona de San Pablo, la reprensión a San Pedro afeándole que sometiera el conocimiento de Cristo a las exigencias judías de la previa circuncisión. (Hch 15, 1; Ga 2, 11-14)

Una intervención, aquella de San Pablo, verdaderamente trascendente pues que fijó en los cristianos su total independencia de imaginados hermanos mayores y desmontó la primacía del Antiguo Testamento. Primacía que ahora se vuelve a promover, no en el sentido de dar marco a la aparición de Jesús sino para diluirle. Importante intervención la de San Pablo que, salvo mejor opinión, patenta prioridades doctrinales y disciplinares colocando en sus justos límites la infalibilidad de San Pedro y sus sucesores [una observación, en mi opinión, improcedente. La intervención de San Pablo no tiene nada que ver con la infalibilidad del papa y además no la limita ni la sitúa], como arriba subraya la referencia magisterial.

Parece que la beatificación de Pablo VI se quiere lograr contra viento y marea. Ya beatificado Juan XXIII, nada más queda él para laurear al Concilio Vaticano II. Y es urgente seguir el proceso. Porque al santificar a los papas conciliares se canonizará también esas cabezas de dragón que son las mentiras nominadas Liberalismo (masónico), Democratismo (igualitario), Antropocentrismo (revolucionario), y sus secuelas de materialismo histórico, progresismo y comunismo impulsados ya en la clandestinidad por sus egregios convocantes. [Párrafo que creo atinadísimo y que da en el clavo del significado de aquello a  que estamos asistiendo]

Faltos de razones más consistentes, se acude al sentimentalista argumento de que el papa Montini fue un santo Hamlet (como le llamaba Juan XXIII) «que sufrió mucho». Chocante tesis que reivindicaría méritos para el mismo Belcebú, criatura en eterno tormento.

Pero lo que de la biografía de Pablo VI nos queda, en verdad a los fieles que nos tocó en suerte vivir su tiempo, es que aun si dijéramos que quiso hacer el bien pese a que “por humana debilidad involuntariamente hiciera algún mal”, lo paradójico de su reinado, quizás lo preternatural es que el bien lo hizo muy mal y el mal lo hizo bastante bien.

5 respuestas »

  1. Creo que llevas un camino equivocado. Yo soy un católico tradicional y me gustaría muchísimo que se implantara como única la Misa tridentina, así como que desaparecieran movimientos sectáreos tales como el Camino Neocatecumenal, que es una completa herejía, se mire por donde se mire. Pero, creo que es peor el remedio que la enfermedad si nos limitamos a criticar a los Papas. Seguro que Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II con toda su buena intención de oír a los Obispos de todo el mundo. si se llegó a abrir la mano demasiado, siempre estará su Santidad en la posibilidad de reconducir la nave. Pero siempre desde el respeto. ¿Conoces la anéctoda de un señor que estaba criticando al Padre Pío el comportamiento de un Obispo? El Padre Pío no le consintió que hablara mal de un Obispo. Le dijo ¿tú sabes la falta de respeto tan enorme que estás cometiendo? Creo que el camino es rezar y respetar a la jerarquía eclesiástica para que ponga orden en la Iglesia. Si faltamos el respeto al Papa estamos tirando piedras sobre nuestro propio tejado. Lo que sí debe acometer con urgencia el Pap es la eliminación del Camino Neocatecumenal. A este respecto le envié a usted un correo electrónico. Le agradecería diera respuesta al mismo a la mayor brevedad posible, pues se trata de un problema que me inquieta bastante, dado que yo tengo dos hijos (de 11 y 13 años) que están en el Seminario menor y seguramente serán Sacerdotes, si Dios quiere. Seguirán así la senda de varios parientes nuestros, sacerdotes y religiosos de distintas congregaciones. Quizás el más conocido fue mi tío abuelo Miguel Roca Cabanellas, que fue Arzobispo de Valencia (España) y falleció el 8 de enero de 1992 en un accidente de tráfico. Era muy querido, pues a su sepelio asistieron 4 Cardenales, 40 Obispos, 800 Sacerdotes y una enorme cantidad de feligreses. Precisamente mi tío abuelo fue nombrado Perito por la Congregación para la Doctrina de la Fe en el Concilio Vaticano II. Te aseguor que era una persona ejemplar, simpatiquísimo, muy humilde y volcado con los pobres. A mí me han llegado a decir que se estaba pensando en nombrarle Cardenal Primado de España y, por qué no, Papa.

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  2. Estimado señor: Yo no creo que le pueda ayudar. Es mi certeza que la iglesia oficial no es la verdadera Iglesia católica. Papas, obispos, y hasta sacerdotes son usurpadores de la Iglesia católica tal como existía en tiempos del padre Pio. Lea todo el blog y, sobretodo las últimas entradas. El aceptar autoridades ilegítimas, supone caer en el cisma y abandonar la Iglesia.
    Suyo en los corazones de Jesús y de María.

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  3. Estimado Moimunam:

    El Padre Pío vivió bajo los pontificados de Juan XXIII y Pablo VI. El primero de éllos le atacó (seguramente alentado, infundadamente, por celos de otros clérigos) creyendo que era un estafador. La Iglesia comenzó una investigación y le acusaron falsamente de mantener relaciones con mujeres, por lo que el Papa Juan XIII le prohibió celebrar la Santa Misa, publicar sus populares oraciones, recibir visitas, y hablar con mujeres en privado. A pesar de las pruebas de tantas difamaciones y calumnias, el Padre Pío nunca faltó a la autoridad de la Iglesia y consideraba una grave ofensa cualquier falta de respeto a un Obispo, y mucho más al Santo Padre. Simplemente sabía que la Iglesia estaba en un error, aceptó las humillaciones a imitación de Cristo, a la espera de que, antes o después, la verdad saldría a relucir, como así fue. En efecto, tras la muerte de Juan XXIII (acaecida el 3 de junio de 1963), el Papa Pablo VI rechazó las acusaciones de su antecesor, cinco años antes de al muerte del Padre Pío. Hoy son millones de personas las que anualmente visitan la tumba de este gran santo. Por si no la ha visto, le recomiendo la magnífica película «Padre Pío», de Sergio Castellito, que puede ver en mi canal de Youtube.

    Lo mismo podría decirse de la Madre Teresa de Calcuta y su fidelidad al Papa Juan Pablo II. ¿Vamos a dudar de la santidad de esta monja ejemplar?

    Dejémosnos de formalismos y acatemos la autoridad de los Papas, válidamente elegidos en los respectivos cónclaves. No somos quiénes para desautorizarlos. Recemos para que la Iglesia sea tal como Cristo desea. En cucalquier caso, un Concilio se puede modificar, como cualquier norma dictada por los hombres. No nos aferremos a los «formalismos». Conozco muchas personas impecablemente correctas en sus modos, pero que en el fondo son aduladores y soberbios, dos modos de ser muy criticados por Nuestro Señor Jesucristo, al que siempre debemos de tratar imitar, dentro de nuestras enormes limitaciones. Que el Señor perdone al que en la jerarquía eclesiástica, actuando de buena fe, inculque alguna doctrina contraria a los principios divinos. Yo pienso que basta «amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo» y seguir las palabras de Jesús: «el que quiera ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga».

    Lo que sí me parece una completa herejía con la que hay que acabar de inmediato es el Camino Neocatecumenal. Ojalá pueda el Papa pronunciarse pronto sobre la eliminación completa de esta secta. Los «catequistas» neocatecumenales no dejan ejercer el ministerio pastoral a los Sacerdotes, usurpando las Parroquias. Lo hemos vivido en nuestras propias carnes con el anterior Párroco de la Stma. Trinidad (Málaga), al que mis hijos asistían como monaguillos. El Párroco llegó a decirle a nuestro Obispo: «o los kikos o yo» y el Obispo no se quiso enfrentar con los neocatecumenales y cesó en su cargo al Párroco, a los siete meses de tomar posesión de su cargo. Mis hijos le querían una barbaridad. Era un auténtico servidor de Dios. Que no se diga que es un falso Sacerdote. Está muy , pero que muy equivocado quien diga lo contrario. «Por las obras los conoceréis, como dice el Evangelio».

    Es muy triste que, con la falta de Sacerdotes que precisa la Iglesia, los Neocatecumenales estén desanimando a los que tienen verdadera vocación, pues los seminaristas temen que, en caso de ser ordenados, van a tener continuos enfrentamientos con los kikos, como ocurre cada vez que un Párroco se opone a que se celebre la esperpéntica «misa» neocatecumenal. La única Misa que vale es la que establece el Catecismo de la Santa Madre Iglesia, y no el «mamotreto» del estafador de Kiko Argüello.

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  4. Estimado:
    El que el P.Pío no faltara a los papas que Ud. dice no es un argumento para nada. El único argumento que tenemos es el del magisterio de los papas que declara infaliblemente que personas que dicen y hacen herejías no pueden ser papas legítimos. De la Madre Teresa de Calcuta se puede dudar de su santidad puesto que cometió actos contrarios a la Fe de la Iglesia con sus manifestaciones ecuménicas y otras declaraciones.
    Ahora bien si Ud. cree que los papas son legítimos no tiene ningún derecho a dudar e incluso llamar herejes a los neocatecumenales, puesto que han sido aprobados en Roma. Nadie tiene derecho a dudar de lo que apruebe y reconozca un papa legítimo. Ellos están asistidos por Cristo como lo prometió a San Pedro: Yo rogaré por ti para que tu fe no falle. y también «confrma a tus hermanos» y también apacienta a mis ovejas. Un papa legítimo no podría reconocer y aprobar un movimiento herético.
    Esto da para mucho y no puedo ahora extenderme en ello. Yo creo en la infalibilidad pontificia de los papas legítimos. Ud. puede leer muchos artículos de mi blog en este sentido.
    Ya le he dicho mi posición teológica que Ud. puede leer en ACERCA DE MÍ.
    Acepto que Ud. rechace mi posición. Pero en ese caso el blog le puede ayudar poco. Y yo tampoco podría ayudarle en lo que Ud. me dice de ese movimiento que yo sí creo herético y que rompe con la Iglesia y su Fe en muchos puntos.

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  5. Estimado señor Moimunan: Entonces, si usted cree que los tres últimos Papas son ilegítimos (me gusta muy poco la palabra antipapa) y, por ende, todos los Sacerdotes, Obispos, Arzobispos y Cardenales, ¿cómo se podrá elegir a un nuevo «Papa legítimo», habida cuenta de que, cuando fallezca Benedicto XVI en el cónclave votarán Cardenales todos ilegítimos, según su opinión? Salvemos a la Iglesia, no la hundamos más. Un abrazo en Cristo y María.

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