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EL PAPA COMO DOCTOR PRIVADO: RESPUESTA A UNA PREGUNTA


Traslado a esta entrada la repuesta dada a nuestro lector Juan Santiago sobre una pregunta que confrontaba dos diferentes opiniones sobre la infalibilidad pontificia. Una de ellas negaba que el Papa estuviera exento de error en su enseñanza como doctor privado. La otra expresada en el blog en diferentes ocasiones- en particular proclamada por el colaborador del blog Fray Eusebio– que le era contraria.

La doctrina de la inmunidad del error del papa en su enseñanza como doctor privado puede leerse en este blog en el post LOS PAPAS COMO DOCTORES PRIVADOS  y  ¿PUEDE UN PAPA ENSEÑAR EL ERROR?

También puede consultarse el post Infalibilidad Pontificia, y los posts conexos a éste que pueden obtenerse en la subpestaña «Infalibilidad pontificia, que está en la pestaña Temas varios.

Pues bien para resumir y preciar mi posición particular, en la que puedo estar equivocado, por supuesto, expongo a continuación la respuesta que hago a Juan Santiago y precediéndola, la pregunta de él.

Sí adelanto que este post tiene una gran actualidad a la vista del libro ya a la venta en nuestras librerías, del doctor privado, Benedicto XVI,  que expone al parecer sus, en mi opinión prescindibles, teorías-que serán objeto de otro post- sobre la infancia de Jesús. Es increíble que él, sabiéndose y creyéndose papa, haga lo que antes de él ningún ocupante de la Sede ha hecho, esto es, publicar después de haber sido electo papa, apreciaciones harto dudosas sobre los contenidos de la  fe y de la Santa Escritura, como ya hizo en el anterior libro Jesús de Nazaret, y en alguna homilía como la pronunciada en San Juan de Letrán el día de jueves santo de 2007  en la Misa «In Coena Domini» en la que habló de la posibilidad de que Jesús fuera ¡vegetariano! y ¡no comiera cordero! en esa celebración, [Véase el artículo que entonces hice refutando esa idea La ültima Cena fue una cena pascual» ] libro aquél  ya comentado en varios posts de este blog (Obténganse en la pestaña superior Benedicto XVI).

A continuación la pregunta que da origen a la respuesta:

Dice Juan Santiago:

Buenas noches, este artículo que les mando es de Mons. Dávila, de la página Tradición Católica.net. Lo leí, pues me pareció interesante  pero me sorprendió comprobar que al explicar la infalibilidad del Papa, Mons. Dávila se expresa de la siguiente manera:

«Por último, la infalibilidad no quiere decir que el Papa esté inmune de error cuando habla como un maestro privado. En esto puede errar, aún cuando hable de fe y de moral.

VERDADERO SIGNIFICADO. ¿Qué es lo que significa entonces la infalibilidad Papal realmente? Significa: Cuando el Papa, oficialmente y con toda la autoridad de sucesor de San Pedro y como cabeza de la Iglesia universal, define para toda la Iglesia una doctrina de fe o de moral, entonces no comete error.»

Estos dos pequeños párrafos son extraídos del  citado artículo  que les adjunto más abajo. Confróntelo con el argumento de Fray Eusebio y compare:

Desde siempre, todos los buenos católicos habían creído que el Magisterio de la Iglesia, y su órgano principal, el Papa, no podían enseñar el error en lo que toca a Fe y moral, e incluso en todas las demás verdades simplemente naturales conexas de una y otra manera con aquellas.»…

«…Pastor Aeternus no restringía la infalibilidad, puesto que en Dei Filius, recordaba que todos los fieles venían obligados a creer con fe divina no sólo el Magisterio extraordinario, sino también el ordinario.»

«Me parece muy oportuno, precisamente en estos momentos, recordar que el Espíritu Santo protege perpetuamente a los Papas de todo error en la Fe no sólo en su enseñanza, sino también en su fe particular.»

«La Tradición perenne de la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente, siempre ha creído y enseñado que los sucesores de Pedro están “totalmente inmunizados contra el error”(S. Hormisdas) no sólo en su enseñanza pública, sino también en cuanto persona privada.»

  ¿Quién está en la Verdad, Mons. Dávila o Fray Eusebio?. Espero su respuesta. Gracias.

He aquí la respuesta:

Estimado Juan Santiago:
   He recibido su pregunta, con el artículo adjunto, y voy a intentar contestarla, aunque tal vez lo mejor sería preguntar al propio Fr. Eusebio.
Me parece que si se mira bien, no hay contradicción insalvable entre una y otra afirmación.
En lo que toca al Magisterio oficial del Papa en cuanto tal, tanto en su Magisterio extraordinario, como en el ordinario, los dos están perfectamente conformes en que el Papa no puede enseñar el error. Esa es propiamente la infalibilidad en la enseñanza, y a ella se refieren las declaraciones de la Iglesia, obligatorias para todos los fieles.
Luego está otra creencia, mucho menos oída, que se refiere no a la enseñanza pública y oficial del Papa, sino a la persona privada del Papa. Muchos doctores se han preguntado si podía alguna vez caer en herejía, es decir, negar a sabiendas una verdad de Fe, por lo que perdería ipso facto el Pontificado. La respuesta de toda la Tradición es que eso es imposible, porque el Espíritu Santo fortalece la fe personal del Papa, según la promesa de Cristo, y queda inmunizado contra el error, en palabras del Papa Hormisdas.  Esto es lo que significa el Concilio Vaticano I cuando dice que el Pontífice Romano “tiene una Fe eternamente indefectible” O que “su Fe no puede sufrir desfallecimiento”
Como ve, ya no estamos hablando de infalibilidad, privilegio de la enseñanza pública, sino de indefectibilidad, de la que no suele hacerse mención, cuando es la raíz misma de la infalibilidad.
Durante el mismo Concilio, Mons. Zinelli, relator de la Diputación de la Fe, afirmaba: “Teniendo confianza en la Providencia sobrenatural, estimamos, con una probabilidad largamente suficiente, que esto (un Papa hereje) no llegará jamás
Nos queda todavía una posibilidad: Imaginemos que el Papa se pone a escribir, como doctor privado, un tratado, por ejemplo, de moral económica, [edito hoy : O un libro sobre Jesús de Nazaret o los Evangelios de la Infancia- expresión sorprendente ] y estuviese tratando de las condiciones de licitud del préstamo con interés en condiciones de lucro cesante. Cuestión ésta enormemente intrincada, en la que los mismos especialistas se tientan mucho la ropa antes de responder, con certeza únicamente probable, de modo que si cayeran en el error, no serían ni herejes ni criminales. ¿Podría suceder que un Papa enseñara algo menos acertado, con esa certeza meramente probable, sin intención de imponerla como verdad cierta, y aun menos infalible, y que luego él mismo, u otro Doctor o incluso Papa, se viera obligado a rectificar?
En ese caso, quien afirmara, como parece hacerlo Mons. Dávila, que puede efectivamente proponer algún error, sin duda no estaría incurriendo en herejía, porque, que yo sepa, no hay ningún pronunciamiento de la Iglesia que enseñe lo contrario, ni siquiera incurriría en desvío de la Fe.
Estamos en lo que se llama una “Creencia piadosa”, algo que tiene muchos visos de ser cierto, enseñado por los mejores y más santos de los hijos de la Iglesia, pero que ésta no ha juzgado oportuno, al menos de momento, proponer con autoridad a sus fieles para ser creída, sino que deja a discreción de sus hijos el tenerla o no. Tal vez el día de mañana se pronuncie y la haga obligatoria, pero de momento, que yo sepa, no es así.
Muchas cosas son creídas por los fieles de ese modo, formando parte a ese título del Magisterio ordinario y universal, toleradas o estimuladas durante muchos siglos, hasta que la Iglesia docente toma cartas en el asunto.
Ese es el caso de la Concepción Inmaculada de Nuestra Señora, verdad revelada, siempre presente desde la Edad Apostólica, enseñada por los textos litúrgicos, por muchos obispos, pero que santos como Bernardo de Claraval o Tomás de Aquino rechazaron sin ser por ello ni herejes, ni menos santos. Hasta que la Iglesia fue favoreciendo su aceptación, luego mandándola cada vez más estrictamente, hasta llegar a la definición de 1854.
Como le dijo una vez Nuestra Señora a la V. Marina de Escobar, “Doy a esos religiosos que ponen en duda mi Inmaculada Concepción (algunos dominicos de San Pablo de Valladolid) un premio por su buena intención, aunque menos preciado que el que reciben los mantenedores de la verdadera opinión.”
Dice san Roberto Belarmino:Es probable, y se puede creer piadosamente, que el soberano pontífice, no solamente no puede errar como Papa, sino también que no podrá absolutamente ser hereje o creer con pertinacia cualquier error en la fe en tanto simple particular (particularem personam) …»
Puede consultar el libro “Misterio de iniquidad” en este mismo sitio, para más abundantes testimonios.
Es posible que Mons. Dávila haya considerado más prudente atenerse a la opinión más extendida en los dos últimos siglos, sin que tenga esta opinión por un dogma de fe.
Por supuesto, en gracia a su carácter episcopal y tantos leales servicios a la Iglesia, consideramos con mucha estimación su parecer, ni nos apegamos más allá de lo justo a lo que sobre este particular hemos expresado.
moimunan
P.D. Me permito citarme a mí mismo para determinar con precisión el pensamiento del blog, al que Fray Eusebio no ha puesto hasta ahora ninguna objeción:
Está expresado en el blog en el siguiente post, que le invito encarecidamente a leer: “Infalibilidad pontificia” de 3 de octubre de este año.
Extraigo lo siguiente:
Lo que nos da, cuatro Clases de Magisterio de la Iglesia:
1. El Magisterio papal solemne (llamado “ ex cathedra ”)
2. El Magisterio ordinario y universal de la Iglesia, de los obispos.
3. El Magisterio solemne universal de los obispos reunidos en concilio (“extraordinario ”)
4. El magisterio ordinario del Papa
Sobre el Magisterio ordinario del papa digo lo siguiente:
Aunque la infalibilidad del Magisterio pontificio ordinario no se ha definido o proclamado solemnemente, ¿acaso no es verdad que ejercitándose la infalibilidad en el Magisterio ordinario y universal (todos los obispos  unidos con  el Papa ) por la certeza de la existencia de un Papasea igualmente  cierto que el Magisterio Papal ordinario, también es infalible?

¿Acaso no se deduce  necesariamente  que, siendo  condición absoluta la presencia de un Papa en el Magisterio ordinario y universal de los obispos para que sea infalible, sea  el Papa  también infalible en su magisterio ordinario propio? (Por lo menos cuando  cumple su oficio de pastor y doctor de todos los cristianos, dejando aparte el que lo sea como doctor privado.) [Edito hoy: Los posts citados anteriormente y lo dicho en esta respuesta, quizás maticen mi pensamiento]

Estas no son  más que simples deducciones,  aunque quede libre el debate entre los teólogos. Sin que ahondemos más en este estudio sobre el magisterio pontificio ordinario.”

RESUMEN DE ESTE POST:

El Papa es infalible en su magisterio ordinario y extraordinario (Creemos que es de Fe)

El Papa es indefectible por lo que no puede caer en herejía ni en error contra la fe (No ha sido definido nunca. Pero es congruente con la enseñanza de la Iglesia y puede tenerse por cierto como creencia piadosa)

El Papa no puede enseñar errores en su enseñanza como doctor privado ( No es de Fe pero es un dato de la Tradición y puede creerse en ello piadosamente, como lo hago yo). No faltan autores que así lo aseguren como es el caso del autor de los post citados  que pueden leerse en este blog.

 Naturalmente si esto fuera cierto es un indicio clarísimo que cualquiera que reclamara ser papa y cayera en errores contra la Fe, no sería papa  en realidad. Este es el caso de bastantes antipapas de la historia, que no dejaron de caer en errores, frente a los papas reconocidos que no cayeron, en absoluto, en errores (Véase las subpestañas que se despliegan de la subpestaña «Infalibilidad pontificia» en la pestaña superior «Temas varios» con los nombres de papas calumniosamente tachados de heréticos por herejes y cismáticos de la historia y por los lefebvristas de hoy)

2 respuestas »

  1. Vista la enorme importancia de este tema de la infalibilidad del Papa, y por participación, de la Iglesia, voy a intentar una reflexión más profunda sobre ella, que nos indique las razones de esa infalibilidad absoluta e incondicional tan difícilmente aceptada en nuestros días.

    Y digo reflexión, porque da la impresión de que no pocos, imitando a aquél «tradicionalismo filosófico» reprobado por el Vaticano I, sólo saben apilar un texto detrás del otro, con alguna frecuencia mal entendido, pero sin atreverse a remontar el vuelo hacia las grandes verdades filosóficas y teológicas que nos aclaran perfectamente lo que otros han oscurecido desde 1870.

    Por supuesto, queda abierto a todo tipo de crítica constructiva, sugerencias y mejoras…

    No repetiré las citas escriturísticas que pueden encontrar en las páginas arriba reseñadas, así como en cualquier buen manual de Apologética.

    Sólo diré que todo espíritu animado de cierta rectitud aun simplemente natural no puede menos que reconocer que lo que de ellas se desprende, es que el poder de las llaves se ha dado a Pedro, y sólo a él, como persona individual, y que ese poder no está sometido a otro alguno en esta tierra, mientras que todos los demás poderes le están sometidos, y sólo de él sacan su fuerza, en la medida en que el detentador del poder de las llaves juzgue oportuno hacerles partícipes de su poder propio.

    Así como el Uno es el fundamento y razón de lo Múltiple, así los Apóstoles, y sus sucesores los obispos, no tienen más poder que aquél otorgado por la fuente de esa Unidad, Pedro viviente en sus sucesores.

    PEDRO ES LA FUENTE DE LA INDEFECTIBILIDAD DE LA IGLESIA, PUESTO QUE CRISTO HA ORADO PARA QUE SU FE NO PUDIERA DESFALLECER. Y no podemos dudar de la eficacia absoluta e infalible de esa oración, puesto que Cristo, verdadero hombre y verdadero Dios, engloba por su Divinidad todo lo incluido bajo la potestad infinita de la Providencia Divina, cuyos decretos son ETERNOS E INFALIBLES. ¿Quién pretenderá que la Voluntad divina pueda ser ineficaz?

    Por ello, contestaba San León IX a los orientales, a punto de consumar su cisma, y que afirmaban que la Sede Romana había caído en herejía por haber insertado el Filioque en el Credo: «¿Estará alguno tan loco como para atreverse a pensar que la oración de Aquél para quien querer es poder, pueda en algún punto quedar desprovista de su efecto? ¿Acaso la Sede del Príncipe de los Apóstoles en su Iglesia Romana, por el mismo Pedro, o por sus sucesores, no ha condenado refutado y vencido todos los errores de los herejes? ¿Acaso no ha confirmado los corazones de sus hermanos en la Fe de Pedro, QUE HASTA AHORA NO HA FALLADO, Y QUE, HASTA EL FIN, NO FALLARÁ JAMÁS? (S. León IX, carta In terra pax, 2 de Septiembre 1053)

    Y a los mismos «ortodoxos», antecesores de los que actualmente afirman que Pedro pueda errar, contestaba san Gregorio VII: «El Evangelio nos enseña que el Señor ha orado por Pedro, cuando ha dicho, en el momento de su Pasión: He orado por tí, para que tu Fe no desfallezca; tu, a tu vez, CONFIRMA A TUS HERMANOS, insinuando por ahí manifiestamente que LOS SUCESORES DE PEDRO NO DESVIARÍAN UN SÓLO INSTANTE DE LA FE CATÓLICA, SINO QUE MÁS BIEN HARÍAN VOLVER A ELLA A LOS DEMÁS, Y QUE AFIRMARÍA EN ELLA A LOS ESPÍRITUS VACILANTES; DEDUCIÉNDOSE DE AHÍ, QUE SI OTORGABA A PEDRO EL PODER DE CONFIRMAR A SUS HERMANOS, IMPONÍA A ESTOS LA OBLIGACIÓN DE OBEDECER A PEDRO.» (S. Gregorio VII, Ad patriarcam Constantinopolitanum)

    «En el curso de tantos siglos, ninguna herejía podía ensuciar a los que se sentaban en la silla de pedro, PORQUE ES EL ESPÍRITU SANTO MISMO EL QUE LOS ASISTE.» (S. Leon Magno, Sermón 98).

    Haciéndose eco de tan gloriosa tradición, se entiende que diga Pablo Iv en su conocida Bula: «No debe ocurrir que alguna vez pueda reprocharse al Pontífice Romano el haber desviado de la Fe, él, que es en esta tierra el Vicario de Dios y Señor Nuestro Jesucristo; que tiene la plenitud de potestad sobre las naciones y los reinos.» Paulo IV Cum ex apostolatus). Y esto lo decía, porque estaba persuadido, igual que sus predecesores, de que la sombra de Pedro los cubría, impidiendo no sólo que ellos enseñaran el error a otros, sino también, que pudieran creerlos, aún meramente en su fuero interno.

    Por lo que si alguna vez, un ocupante aparentemente legítimo de la Sede Romana profería algún error en Fe o moral, incluso como simple doctor privado, nunca se debía concluir que Pedro había errado en un sucesor suyo, sino que ese ocupante de la Sede jamás había sido realmente Pedro, sino un ocupante ilegítimo.

    Muchas más citas podríamos aducir, pero no aportarían nada sustancialmente nuevo, si no es la confirmación de que en todo tiempo, ésa ha sido la sentencia de los Papas y los Doctores.

    Debemos tener bien en cuenta que el poder de las llaves tiene dos aspectos: Uno que tiene que ver con la predicación de la verdad, suele ser llamado más específicamente Auctoritas, autoridad.
    Mientras que la facultad de obligar a los fieles, con más o menos fuerza, a creer las verdades de Fe predicadas por la auctoritas, se llama Potestas, potestad.

    El Papa tiene ambas en su mano, pero aunque vayan siempre juntas, puede usar de ellas en diferentes formas.

    Usa de la auctoritas infalible siempre en su máxima fuerza, siempre dice la verdad, y no puede no decirla en cuanto habla, porque no hay grados en la verdad, o se tiene toda entera sin mezcla de error, o no se tiene de ninguna manera.
    Ocurre con la verdad predicada por esa autoridad, lo mismo que con la Gloria esencial de Dios. EN CUANTO VERDAD,no puede ser aumentada ni disminuida, simplemente ES. EGO SUM QUI SUM.

    Mientras que la potestas sí conoce grados en su utilización, por lo que los Papas pueden obligar a los fieles a creer una verdad relacionada bajo un aspecto u otro con la Fe o la moral, con más o menos rigor.

    Si existe la obligación absoluta de creer, tener y profesar lo enseñado por un Papa verdadero, es porque previamente Nuestro Señor nos ha prometido solemnemente que la Iglesia jamás enseñaría el error, nisiquiera uno minúsculo.

    Y como debería ser conocido, toda la infalibilidad e indefectibilidad de la Iglesia reposa sobre la Roca de Pedro, de modo que el resto del Cuerpo eclesial sólo es infalible en la medida en que participa de la petreidad, de las cualidades de Pedro, en primer lugar la Fe inerrante, indefectible e infalible.

    Podríamos decir que somos católicos en la medida en que estamos «petrificados», en que participamos de la solidez , inalterabilidad y durabilidad de la piedra.

    Buena parte de los errores que sobre la infalibilidad se han dado vienen causados por no haber sabido distinguir adecuadamente lo que releva de la auctoritas, y lo que pertenece a la potestas.

    Es un error simétrico al que cometen no pocos, y que se halla presente en el Vaticano II, cuando pretenden que por haber recibido el Orden, sobre todo episcopal, se recibe junto con ello el poder de jurisdicción, inmediatamente por la consagración episcopal, y no por colación del Sumo Pontífice.

    Así, muchos argumentan que, puesto que hay grados en el ejercicio de la potestas, tienen que existir sus exactos correspondientes en la auctoritas, es decir, que en la predicación de la verdad hecha por la Iglesia a través del Papa, puede haber más o menos verdad, según el valor de obligación atribuido a cada documento, o a cada fragmento de un mismo documento.

    Peor aún: ¿Quién declarará ese valor de verdad más o menos alto, con la consiguiente mayor o menor obligación de someterse a ella?

    Acabamos en la locura más completa, en el relativismo epistemológico más absurdo, porque como leíamos hace unos días en Donoso Cortés, entre la verdad y el error, no es que haya una verdad disminuida, es que no hay nada.

    LA VERDAD PREDICADA POR LA IGLESIA NUNCA ES RELATIVA O CONDICIONAL. Suponerla tal significa quitar al acto de Fe su carácter sobrenatural, que es el que nos salva, para transformarlo en simple opinión natural humana, incapaz de hacer a alguien agradable a Dios, justificarlo, y abrirle las puertas del Cielo.

    Es por esa razón que no existe ningún Magisterio auténtico pero a la vez falible, absurdo que sólo puede caber en mentes que han abdicado no ya de toda buena Teología, sino de toda sana filosofía y sentido común.

    Fijémonos que es de Fe definida por el Concilio Vaticano I que el Magisterio de todos los obispos juntos en Concilio con el Papa es infalible, lo mismo que el de esos obispos dispersos por el mundo, cada uno en su diócesis, enseñando coincidentemente entre sí y con el Papa.

    La pregunta es: ¿El Papa es infalible porque participa de una infalibilidad que sería una cualidad propia de todo el Cuerpo de la Iglesia? o ¿Es la Iglesia, en este caso los obispos los que participan, en los modos y maneras soberanamente decididos por el Papa, de la infalibilidad contenida como cualidad propia en Pedro y sus sucesores?

    Todo católico contestará sin dudar: Lo mismo que todos los demás pastores eclesiásticos y temporales obtienen su potestas, su poder de jurisdicción, sólo de Pedro, así también, su auctoritas proviene única y exclusivamente de su unión con Pedro. Tienen de manera participada y más o menos perfecta lo que Pedro posee como propiedad propia y perfecta.

    El filósofo añadiría que quien posee en propio una cosa, no participa de esa propiedad como las partes inclusas dentro de un todo pueden participar en una propiedad común que encuentra en ese todo su principio.

    Si ello fuera así, como diría el teólogo, tendrían razón los «ortodoxos», conciliaristas, galicanos, jansenistas o modernistas, el Papa ya no sería un verdadero Soberano, libre e independiente de cualquier soberano, así como del «consenso de la Iglesia», sino que sería sólo una «cabeza ministerial», que recibe su poder de otro u otros, depende ellos en su ejercicio, e incluso podría ser depuesto.

    Trasladado a categorías «politológicas», en el primer caso, estamos en una verdadera Monarquía Soberana, es decir, el Régimen -tipo ideal, propugnado y realizado por la Iglesia antes de las Revoluciones inglesa y francesa.

    Mientras que en el segundo, tenemos el Régimen nuevo, liberal, masónico, democrático, en que el Papa queda reducido, como en el Vaticano II, a un monarca constitucional, cuando no parlamentario.

    Es por esa razón que la Constitución dogmática «Pastor Aeternus, del Concilio Vaticano I, se cuida muy mucho de señalar que el modo extraordinario en que el papa ejerce su infalibilidad depende de sí mismo, «Ex sese, non ex consensu ecclesiae».

    Y seguiría el filósofo: «Un todo cuya propiedad formal viene compartida al mismo nivel ontológico con una parte que posee esa propiedad por sí misma, posee esa por propiedad POR PARTICIPACIÓN a aquella que despeña el papel de PRINCIPIO».

    Concluyendo el teólogo: «Por lo que vemos, que, poseyendo Pedro por sí mismo el poder de atar y desatar, y siendo parte integrante de ese Todo que es el Cuerpo apostólico, por el hecho de que cada miembro de ese cuerpo no posee por sí mismo el poder de atar y desatar, salvo Pedro, concluimos con total certeza QUE SÓLO POR PARTICIPACIÓN AL PODER DE PEDRO ES EL RESTO DE LA IGLESIA INFALIBLE.

    Ha aquí por qué toda infalibilidad e infalibilidad de la Iglesia tiene su principio y fundamento en Pedro, razón por la que sólo a él, le ha sido prometida esa inmunización contra todo error, incluso como doctor privado.

    Incluso la Tradición es infalible únicamente porque la confirma aquél que no puede fallar.
    Contrariamente a lo que algunos afirman, el Papa no es infalible gracias a la Tradición, sino que es ésta la que lo es por la confirmación de Pedro, como CAUSA INSTRUMENTAL INMEDIATA Y PRIMARIA.

    (Sigue)

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