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CIEN CONCILIÁBULOS


Los concilios  ecuménicos (universales) constituyen el Magisterio extraordinario de los obispos. El magisterio de todos los obispos unidos al papa- tanto el ordinario como el extraordinario- es infalible como lo dice la Constitución dogmática del Concilio Vaticano I  Dei Filius:

El capítulo 3 ( De fide ) de la Constitución Dogmática , en efecto, enseña en su cuarto párrafo:

“[…]  se ha de creer con fe divina y católica todo lo que está contenido en la palabra de Dios escrita o transmitida y que la Iglesia propone para ser creído como divinamente revelado,mediante un juicio solemne o mediante el Magisterio ordinario y universal. “

(Mansi, amplissima Collectio Conciliorum, H. Welter Editor, Países Bajos Arnhem, Volume 51, columnas 429-436 – Denz-Bannw, 1781-1820 -… Denz-Schön, 3000 a 3,045)

Respecto del magisterio extraordinario de todos los obispos (Concilios):

[Cita de este blog en Infalibilidad Pontificia]

Magisterio Extraordinario universales  (o formal)

Lo que se ha dicho de el Magisterio ordinario y universal, obviamente se aplica con mayor razón al Magisterio solemne universal : si todos los obispos unidos al Papa son infalibles en la enseñanza de todos los días, el conjunto de ellos, lo es  a fortiori  en su enseñanza extraordinaria. Por lo demás, esto se deduce de las mismas palabras  (mediante un juicio solemne ) del Capítulo 3, De Fide (§ 4) de la  Constitución dogmática  Dei Filius. Y esto se  comprende bien,  porque si todos los obispos unidos al Papa son infalibles  en su enseñanza ordinaria y el Sumo Pontífice, por su parte, lo es en su enseñanza solemne ; se deduce que  todos los obispos unidos al Papa lo son necesariamente en su enseñanza solemne.

En sí mismo, el Concilio Ecuménico (que reúne de manera extraordinaria, hay que admitirlo, a los obispos debidamente convocados por el Papa , estando el Papa  presente al menos moralmente) tiene por ello  inevitablemente, un magisterio universal extraordinario,  cualesquiera que sean las declaraciones de uno o más de sus miembros alegando únicamente ser Magisterio ordinario. De todos modos, incluso en este caso, com lo hemos visto, el Magisterio ordinario y universal es siempre infalible.

 La sóla condición es  que los  obispos  estén unidos con  el Papa  :si no hay Papa, no hay  infalibilidad, aunque sea el magisterio de todos los Obispos …

Pero ha habido muchos concilios universales en la Iglesia que por no contar con la anuencia del Sumo Pontífice, NO HAN SIDO VERDADEROS CONCILIOS, y por lo tanto no puede considerarse fuente de magisterio, ni ordinario ni extraordinario. NO HAN SIDO INFALIBLES. Por esta razón no se llaman concilios sino CONCILIÁBULOS.

El siguiente artículo confirma esto y nos da ejemplos de algunos de los casi 100 conciliábulos:

3.2 UNA CENTENA DE CONCILIÁBULOS

 

 

Cien conciliabulos

“Hace dos mil años que organizo conciliábulos, pero jamás había tenido realmente éxito en seducir al gran mundo. ¡Por el contrario, el más reciente conciliábulo (1963- 1965) ha sobrepasado todas mis esperanzas! Mi amigo Montini nos había llamado en refuerzo para ayudar a los Padres de Vaticano II en su empresa d’aggiornamento (puesta al día) de la Iglesia católica.¡Para agradecerme este golpe de mano, Montini, en 1972, suprimió la orden de los exorcistas!”

“No se da el nombre de iglesias (en griego ecclesia = asamblea, concilio) sino de conciliábulos a los conventículos de los herejes” (concilio general africano, en Cartago en 398, canon 71).

Un concilio con el papa está al abrigo del error; un concilio sin papa puede equivocarse, y ha ocurrido efectivamente en el curso de la historia eclesiástica que de obispos reunidos en concilio sin papa salen herejías. Ejemplos de conciliábulos:

En el conciliábulo de Rímini (359), centenas de obispos del mundo entero se dejaron engañar por los arrianos y firmaron una fórmula susceptible de interpretación herética. “El universo gime y se sorprende de ser
arriano” (San Jerónimo).

El concilio de Basilea (1441-1443) fue disuelto por el papa, pero se rebela contra esta decisión. A partir de ese momento, no era un concilio, sino un conciliábulo. Los prelados (apenas unas decenas de obispos, pero centenas de teólogos) se declaran superiores al papa y le depusieron, con gran indignación de centenas de obispos fieles reunidos en concilio en Ferrara y después en Florencia con Eugenio IV (que condenaron el conciliábulo en 1438). Los prelados reunidos en Basilea, eligieron un antipapa, “Félix V”. Esta asamblea cismática fue condenada en el V concilio de Letrán. San Antonino llama a este sínodo de Basilea “un conciliábulo desprovisto de fuerza y la sinagoga de Satán” (Hist. Parte III, título 22, cap. 10, no 4). San Juan de Capistrano lo llama “una asamblea profana y excomulgada, una caverna de serpientes y un antro de demonios” (De potest, papae et concil., comienzo de la segunda parte, III, no 8). El obispo de Meaux lo llama un “sínodo delirante” (in Odoric Raynald: annales ecclesiastici, 1750, anno 1441, no 9).

La asamblea del clero galicano (1682) pretendió sin razón que los príncipes no estarían por debajo del papa, que el concilio era superior al papa y que las declaraciones del papa no eran infalibles, sino en virtud del

consentimiento de la Iglesia universal. Las decisiones de esta asamblea fueron anuladas por el papa en 1690.

El sínodo de Pistoya (1786) cae en numerosos errores: democratización de la Iglesia, reforma de la liturgia (¡quiere quitar las reliquias del altar; está a favor del vernáculo!), reforma de la disciplina, infalibilidad atribuida al concilio nacional sin el papa. El papa Pío VI (constitución Auctorem fidei, agosto 28 de 1794) condena no menos de 85 proposiciones extraídas de las actas del sínodo, pero no fue totalmente escuchado.

Bajo el Directorio, en efecto, el conciliábulo nacional francés de 1797, presidido por el padre francmasón Gregorio, se encarniza contra las reliquias, los cirios, el latín. Se demanda que las misas se celebren en lengua vulgar y se desea un ecumenismo “extendido hasta los representantes del judaísmo”.

Compulsando la colección de los concilios editada por Paul Guérin (Los concilios generales y particulares, Bar-le-duc 1872), se encuentran 1138 concilios católicos y más de 96 conciliábulos.

Entre los concilio católicos, dos conciliosecuménicos no han sido aprobados íntegramente por el papa reinante. El canon 28 del concilio de Calcedonia (que atribuye una importancia exagerada al obispo de Constantinopla) y un canon del concilio de Constanza (que pretende que el concilio es superior al papa) no han sido reconocidos.

Conclusión

El episcopado reunido en concilio nacional, o aun los obispos y cardenales del mundo entero reunidos en concilio general, pueden errar en la fe. Lo único que impide caer en el error: el papa.

Jamás se ha visto que un concilio llamado “ecuménico” (general), aprobado por un papa, sea herético. Si los obispos reunidos en concilio de 1963 a 1965 se han equivocado, ¿no indicaría esto que les ha faltado el guardián de la fe?

Esto es lo que se examinará en el próximo capítulo.

RESUMEN: Un concilio es infalible con el papa, pero sujeto al error sin el papa; existe una centena de conciliábulos que han errado.

Fuente: Misterio de Iniquidad cap.3

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