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LA INTEGRA FE DEBE SER PROPAGADA


pere-jean

Con las salvedades oportunas que el lector discreto comprenderá en la conclusión del escrito visto en Ecce Christianus, lo propago para que sirva de reflexión a todos los católicos de buena voluntad.

PROFESIÓN DE FE CATÓLICA DEL PADRE JEAN

I PREÁMBULO

1) En vista de la presente situación, en el 50 aniversario de apertura del Concilio Vaticano II en el que el Papa Benedicto XVI acaba de inaugurar un “año de la fe”, “consagrado a la profesión de la fe y a su justa interpretación”, y en el cual se incita a los fieles al estudio indulgenciado de las actas del Concilio y a los artículos del nuevo catecismo; este concilio del cual el cardenal Ratzinger escribió 30 años después: “Un abismo corta a la Iglesia entre dos mundos irreconciliables: el mundo preconciliar y el mundo posconciliar” (“Un canto nuevo para el Señor”, Desclée-Mame, 1995, pág. 174)

2) Vista la reciente declaración difundida por el Prefecto de la Congregación de la Fe, Monseñor Müller, quien no ha abjurado verdaderamente de sus errores (por no decir herejías) sobre la Transubstanciación, la Virginidad de María y la pertenencia de los protestantes en la Iglesia, que acusó a los sacerdotes y fieles de la Tradición de estar afuera de la Fe católica afirmando: “Nosotros no podemos abandonar la fe católica en estas negociaciones (con la FSSPX)”. (Entrevista a NDR, 06-10-2012).

3) Vistas las exhortaciones categóricas de los Apóstoles en materia de intransigencia doctrinal, no solamente la obligación de conservar integralmente el depósito de la fe transmitida (1 Ti. 6, 20; 2 Juan, 9), sino también de desconfiar de los falsos doctores (Hechos 20, 29; 2 Pedro 2,1), de anatemizar a aquellos que enseñan una doctrina divergente (Gal. 1, 9; 2 Juan 10), hasta resistir a la cara a las altas autoridades que ya no caminan rectamente en la fe (Gal. 2,11)

4) Vistas las profecías dignas de fe que nos han anunciado una apostasía general de la fe en los últimos tiempos de la Iglesia: profecías bíblicas en particular de Nuestro Señor Jesucristo (Lc 18,8) y de el Apóstol (1 Tim 4,1; 2 Tim 3, 1-8) y las profecías de Nuestra Señora en sus apariciones que han sido reconocidas como auténticas por la Iglesia (Quito, La Salette, Fátima); profecías confirmadas por los Papas del siglo XX deplorando la apostasía oficial de las naciones católicas hasta el Vaticano II, los cuales las han alentado.

5) Vista la ley constante e intangible de la Iglesia, que prescribe que « los fieles a Jesucristo deben profesar abiertamente (aperte profiteri tenentur) la fe en toda circunstancia en la cual su silencio, su tergiversación o su comportamiento implicaría la negación implícita de la Fe, el desprecio de la religión, la injuria hecha a Dios o el escándalo del prójimo” (Código de 1917, canon 1325 § 1).

6) Vistas las exhortaciones oportunas de nuestros veteranos en el combate actual por la defensa de la fe contra los neo-modernistas, como Monseñor Lefebvre : « Nosotros debemos combatir contra las ideas que están actualmente en boga en Roma y que están en la boca del Papa y de la de Ratzinger…” (Conferencia en Ecône, 06-09-1990; Fideliter N°87 pág.3); como Monseñor De Castro Mayer: “ser fieles a la misión que Dios nos ha confiado, de resistir al modernismo reinante” (Declaración en las consagraciones, 30-06-1988; Fideliter n° 64 pág.9) o como el padre Calmel: “Confesar la fe de cara a las autoridades modernistas, es rehusarse a cualquier equívoco, tanto en los ritos como en la doctrina” (“Breve apología”… Itinerarios, N° 316, pág.76).

7) Vistas las divergencias graves e inevitables en materia de fe, constatadas en las últimas discusiones doctrinales en Roma entre los teólogos conciliares y los de la Tradición católica, divergencias ya expresadas en substancia por Monseñor Lefebvre en su Manifiesto episcopal (21-11- 1983) y largamente expuestas en nuestros cursos del seminarios, congresos teológicos, artículos doctrinales, círculos de estudio y predicaciones a los fieles.

II PROFESIÓN DE FE CATOLICA.

En la situación actual, y en consideración de lo que acabo de exponer arriba, como sacerdote católico, a pesar de mi indignidad, que me sea permitido en este día, y en presencia de los fieles que tienen un derecho estricto de conocer exactamente cuál es la Fe íntima de aquellos quienes les predican, reafirmar públicamente lo que sigue:

1) Yo renuevo, y hasta la muerte, la profesión pública de fe hecha por mi padrino y mi madrina el día de mi bautizo, y de mi propia iniciativa doce años después en mi comunión solemne.

2) Yo renuevo, y hasta mi muerte, la profesión de fe tridentina y el juramento anti-modernista que he jurado públicamente con la mano sobre el Evangelio, y ante el Santísimo Sacramento antes de recibir la ordenación sacerdotal.

3) Yo profeso hasta mi muerte, el Símbolo de los Apóstoles recitado cada domingo en la Misa, así como el Símbolo llamado de San Atanasio que la Iglesia hace recitar a sus consagrados cada domingo en el breviario antes del Concilio.

4) Yo profeso, hasta mi muerte, todos y cada uno de los dogmas definidos de la fe católica y romana, así como todas y cada una de las verdades de la doctrina católica, definidas como tales por el conjunto de teólogos (cf Denz.2880) antes del último concilio, verdades cuyas negación implicaría un pecado de temeridad en contra de la fe.

5) Yo profeso para siempre todas las verdades que han sido atacadas en la historia de la Iglesia, y rechazo todos los errores opuestos que han sido duramente censurados por el Magisterio de los Papas, los concilios y las congregaciones romanas.

6) Yo profeso para toda mi vida, la doctrina segura y tradicional expuesta en los catecismos del concilio de Trento y de San Pio X, así como todo otro catecismo anterior al Vaticano II, que la reproduzca fiel e integralmente.

7) Finalmente, yo profeso y quiero profesar hasta mi último suspiro la fe de los Padres y los Doctores de la Iglesia, transmitida fielmente por el Magisterio de los Papas y de los Concilios, como una formulación cierta y fijada de una vez por todas, de la Verdad absoluta que no evolucionaría con el tiempo en su substancia.

III PROFESIÓN DE FE EN CONTRA DE LOS ERRORES ACTUALES.

El deber principal de todo sacerdote no es solamente el de profesar y enseñar la verdadera fe católica, sino también de defenderla frente a sus enemigos, cualquiera que ellos sean, en consecuencia:

1)Yo profeso la definición tradicional y católica de la fe, es decir, que ella es una virtud sobrenatural, un don gratuito de Dios por el cual toda mi alma, inteligencia y voluntad, se somete a toda la verdad revelada por Dios y transmitida por su única Iglesia, que no puede ni engañarse ni engañarme.

Del mismo modo, yo condeno y rechazo la doctrina meo-modernista que presenta a la fe como un sentimiento « nacido en las profundidades de mi mismo » (Juan Pablo II, « No tengáis miedo” Laffont, pág. 39) o como una “experiencia” que no puede ser sino “comunitaria” (Prof. Ratzinger, “La fe cristiana…” pág. 110 y “Principios de teología…” pág.35)

2) Yo profeso la doctrina tradicional y católica del Reinado social de Nuestro Señor Jesucristo, con su consecuencia necesaria de la unión armoniosa de la Iglesia y el Estado, a fin de que la Ley Divina y eclesiástica presida todas las instituciones humanas, por la gloria de Dios y la salvación de las almas; doctrina fundada sobre la Escritura (Is. 55,4; 1 Tim. 6,15) y la Tradición, en particular la encíclica “Quas primas” de Pio XI

Así mismo, yo condeno y rechazo la doctrina liberal del Vaticano II en « Gaudium et spes » (Cap. 4) que proclama la autonomía del Estado en relación a la Iglesia según el falso principio de la libertad religiosa, doctrina que el papa actual ha calificó de “una suerte de contra-Syllabus” y más recientemente en una alocución pública a embajadores, como “un gran progreso de la humanidad” (13-12-2008).

3) Yo profeso la doctrina tradicional y católica del verdadero ecumenismo, es decir, del regreso de las almas extraviadas al único aprisco de Cristo, doctrina fundada en la Escritura (Juan 10, 16; Hechos 2,38) y la tradición constante, en particular la encíclica “Mortalios animos” de Pio XI:

Así mismo, yo condeno y rechazo la doctrina contraria de los hombres de la Iglesia conciliar que enseñan que el ecumenismo de antaño es “obsoleto” (Acuerdos de Balamand, 24-06-1993), que no hay que tratar de “convertir” a los otros (Card. Kasper, 22-01-2001), “Presión” que sería una “forma de proselitismo abusivo” (Juan Pablo II, 31-05-1991) y que “haría renegar a los otros de su propia herencia de fe” (Benedicto XVI, 18-08-2005).

4) Yo profeso la definición tradicional de la Iglesia Católica y Romana cono siendo el Cuerpo Místico de Nuestro Señor Jesucristo, la única Arca de Salvación, a la cual no se puede pertenecer sin el bautismo y la fe; doctrina revelada por Dios (Col. 1,18; Juan 3,5; Mc. 16,16) y transmitida por la Tradición, en particular en la encíclica de Pio XII “Mystici corporis”.

Asimismo, yo condeno y rechazo la doctrina divergente del Vaticano II, que enseña que « La Iglesia de Cristo subsiste en le Iglesia Católica” (L.G. 8) y su explicación hecha por el nuevo catecismo (§ 836), a saber, que “todos los hombres pertenecen a la unidad católica del Pueblo de Dios bajo diversas formas donde están ordenados”.

Además, yo condeno y rechazo la nueva doctrina conciliar (U.R. 3) retomada en el nuevo catecismo (§ 819), según la cual “el Espíritu de Cristo se sirve de Iglesias y comunidades eclesiales (separadas) como medios de salvación”. Porque las falsas religiones no son inspiradas por el Buen Espíritu, sino por el Maligno (Sal. 95,5; 1 Cor. 10,20; Ap. 2,9)

5) Yo profeso la doctrina tradicional y católica de la substitución de la nueva Alianza a la antigua Alianza, esta última siendo por lo mismo revocada, como lo afirma explícitamente la Palabra de Dios (2 Cor. 3, 14; Heb. 8,13) y la Tradición, como por ejemplo la bula « Hebraeorum gens » de San Pio V (1569).Esta creencia tradicional, debe entenderse en el sentido de que la religión judía ha sido revocada por Dios, pero sin excluir que los israelitas puedan convertirse a Él, individualmente en el tiempo, y en masa al fin de los tiempos (Rom. 11, 25).

También condeno y rechazo la doctrina contraria del Vaticano II (Nostra aetate), formulada por Juan Pablo II (17-09-1980) y el nuevo catecismo (§ 121) en este axioma injurioso a Nuestro Señor Jesucristo, divino fundador de la Iglesia de la nueva y eterna Alianza: “La antigua alianza jamás ha sido revocada”.

6) Yo profeso la doctrina tradicional y católica según la cual el infierno existe, y que todos los que mueran en estado de pecado mortal e impenitentes son eternamente condenados, doctrina revelada de Dios (1 Cor. 6,10; Ap. 21,27) y transmitida constantemente por la Tradición, en particular el 2do Concilio de Lyon (1274). Creo también, siguiendo a Nuestro Señor que nos ha revelado que muchos toman la vía ancha que lleva a la perdición (Mt. 7,13 ; Lc. 13,24), revelación confirmada por Nuestra Señora de Fátima, que muchas almas, sobre todo en nuestra época, se condenan y que nos hace orar y hacer penitencia para contribuir a su salvación.

También condeno y rechazo la teoría contraria, según la cual el infierno existe pero que está vacío (Urs Von Balthazar, citado por Juan Pablo II en “Entrando al umbral de la esperanza” pág. 200), o que el juicio y la condenación evocadas por el Evangelio no conciernen mas que a Satanás y sus ángeles caídos (Juan Pablo II, Encíclica Dominum vivificantem, 18-05-1986, n° 27-28), o que el infierno no alberga mas que a “ciertos personajes de nuestra historia” (Benedicto XVI, Encíclica Spe salvi, 30-11-2007, n°45).

7) En fin, como sería muy fastidioso enumerar todos los graves errores posconciliares perpetrados, alentados o avalados por los hombres de Iglesia en el poder, siguiendo a Monseñor Lefebvre y otros obispos y sacerdotes que permanecieron fieles a la Iglesia de siempre, yo condeno y rechazo todas y cada una de las teorías y prácticas que demuelen poco a poco la fe en las almas, en el dominio no solamente doctrinal sino también moral (La inversión de los fines del matrimonio para legitimar las decenas de miles de anulaciones de matrimonio por año), litúrgico (la nueva misa urdida junto a seis pastores protestantes), canónico (Monseñor Lefebvre dijo que ellos destruyen la Iglesia con las leyes fundamentales inspiradas por el modernismo del nuevo Código canónico de 1983 ; Fideliter n° 55 p. 9), ecuménico (Asís, Juan Pablo II besando el Corán el 14-05-1999, Benedicto XVI haciéndose bendecir por un rabino el 11-05-2007), bíblico (exégesis hipercrítica, nueva biblia de traducción ecuménica), sacramental (ya no hay genuflexión delante del Santísimo Sacramento, lo que disminuye la fe hacia la presencia real), etc.… teorías y prácticas que condeno y por lo tanto rechazo, en toda la medida en que son contrarias al espíritu de la Iglesia Católica, injuriosas a Dios y escandalosas a las almas.

EN CONCLUSIÓN

Debo precisar que si condeno todas estas novedades malsanas y más o menos heréticas, no tengo intención de poner en causa la función, la autoridad y el respeto de los Pastores incriminados, no teniendo ninguna competencia para juzgar sus personas, y rezo también por ellos, el Papa y los obispos, como responsables delante de Dios de nuestras almas sobre las cuales tienen jurisdicción ordinaria. Pero con San Pablo, Santo Tomás de Aquino y San Roberto Belarmino, yo estimo en conciencia que si estas autoridades llevan daño a la Iglesia en la Fe; no solamente está permitido, sino que es un deber el resistirles a la cara diciéndoles públicamente que ellas no caminan más según el Evangelio, y desobedecerlas en todo lo que ellas quieran imponernos de contrario a Dios.

Considerando que esta Fe, de la cual estoy orgulloso, es un puro don de Dios recibido sin mérito de mi parte; considerando la historia de la Iglesia y las lamentables caídas de numerosos clérigos más sabios, más fervientes y más prudentes que yo; considerando en fin mis debilidades pasadas, la apostasía actual y las persecuciones futuras, yo no puedo mas que pedirles e implorarles, muy queridos fieles, de rezar también por mí, a fin de que no solamente yo persevere en esta fe católica y romana que acabo de profesar de nuevo, sino también, y aún más, en la caridad, porque “si yo tuviera la plenitud de la fe hasta mover montañas, si no tengo la caridad, no soy nada” (1 Cor. 13,2); pidan también para que yo pueda cumplir lo mejor posible mi deber sacerdotal hacia Dios y las almas, cooperando aunque sea poco al Reinado de Dios aquí abajo, esperando el triunfo final de los Santísimos Corazones de Jesús y de María.

Visto en Non Possumus

Fuente original:  Un Évêque s’est levé

8 respuestas »

  1. Amén. Y yo rezo para que el Señor nos de pronto sacerdotes católicos capaces de restaurar la Iglesia. Por el bien de las almas y por la misma gloria de Dios.

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  2. El escrito/profesión de Fe me parece muy bueno. Sintetiza los desacuerdos que cualquier católico tiene que tener ante la Roma actual que por boca de un Prefecto de la congregación para la Fe, de pasado equívoco y aun inadmisible en cuanto a lo que a la Fe se refiere, descalifica «in toto» al mundo tradicionalista y a los que osan mantenerse al margen del Concilio VII.
    Ahora bien respecto de lo que dice de «no tener competencia para juzgar sus personas» hay que decir algunas cosas. Somos muchos los que no juzgamos personas y mucho menos «de internis». simplemente juzgamos sus «palabras». Esto no es hacer un «juicio canónico» sino un juicio lógico o intelectual. Esto no sólo no nos está permitido sino mandado expresamente en muchos sitios en los que aparecen claran «las obligaciones» del creyente. Por otra parte ¿sería hacer un juicio de personas o de cargos, cuando se sabe que estos, cuando son legítimos, no pueden cohonestarse con desvíos de la Fe?
    La cita que trae de «resistir a la cara» no puede aplicarse al caso actual puesto que Pedro no falló nunca en la Fe, tal como fue la intención de la oración del Divino Fundador de la Iglesia. San Roberto Belarmino cuando habla de resistir a un papa que destruye la Iglesia, no se refiere, en absoluto, a quien propaga doctrina perversa contra la Fe. Para este caso tiene otra cita que el P.Jean no puede desconocer: «No puede ser cabeza de la Iglesia quien no pertenece a su cuerpo». Pero sigue siendo verdad que no pertenecen al cuerpo de la Iglesia quienes han rechazado doctrina -si quieren ex-cathedra, o la del magisterio ordinario y universal,aunque no sería necesario esto en mi opinión- como es la doctrina que trae el padre sobre los israelitas y su Alianza, revocadas según lo dice el Magisterio extraordinario de la Iglesia.

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  3. «…y más o menos heréticas, no tengo intención de poner en causa la función, la autoridad y el respeto de los Pastores incriminados, no teniendo ninguna competencia para juzgar sus personas, y rezo también por ellos, el Papa y los obispos, como responsables delante de Dios de nuestras almas sobre las cuales tienen jurisdicción ordinaria. Pero con San Pablo, Santo Tomás de Aquino y San Roberto Belarmino, yo estimo en conciencia que si estas autoridades llevan daño a la Iglesia en la Fe; no solamente está permitido, sino que es un deber el resistirles a la cara diciéndoles públicamente que ellas no caminan más según el Evangelio, y desobedecerlas en todo lo que ellas quieran imponernos de contrario a Dios…»

    Después de tanto tiempo, aún no han espabilado, y todavía sostienen las mismas tesis idiotas…

    Comprobando que los actuales «pastores» son infecciosas fuentes de herejía, y que su actuación es fundamental y perseverantemente anticatólica, no se trata de juzgar sus personas, sino de ser fieles a la práctica, enseñanza y mandato de la Iglesia Romana, que ha definido hace siglos que es imposible que los tales sean pastores legítimos, que tengan no ya jurisdicción ordinaria, sino tampoco algún otro poder legítimo sobre los cristianos, y que el deber de éstos, lejos de consistir en someterse de boca a ellos, para luego «resistirles» de un modo tan patético como ineficaz y subversivo de toda legítima autoridad, está en denunciarlos, como usurpadores e invasores, tomar todas las medidas necesarias para expulsarlos de los puestos a los que no tienen ningún derecho, y preparar la designación de los sucesores legítimos, para proceder a ello cuando las circunstancias sean propicias. Y sobre todo, y muy importante, formar el deseo y voto explícito de someterse a la autoridad legítima cuando vuelva a haberla, para no caer en el espíritu de independencia y rebeldía que vemos anidar con demasiada frecuencia en las mentes y corazones de muchos supuestos defensores y «salvadores» de la Iglesia, que parecen estar muy conformes con la actual situación, y para nada querrían volver a ver sobre sus cabezas un jefe en acto, a quien tendrían que dar exacta cuenta de su administración y ejercicio de una jurisdicción meramente extraordinaria y suplida, estrictamente sometida a las decisiones soberanas del Pontífice futuro.

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  4. la mera verdad es cierto lo que dice este comentario en verdad la guerra esta dura en estos momentos se requiere mucha fe y mucha paciencia yo no creia que esto fuera cierto pero es la pura verdad hay que defender la fe a como de lugar y seguir adelante y enamorarnos de jesus en el monte de los amantes que es el calvario solo ahi se puede uno enamorar y estar listos para el combate que se avecina o que estamos ya que es una guerra a muerte animo VIVA CRISTO REY Y SANTA MARIA DE GUADALUPE

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  5. Cuan hermoso el escrito, pero al final da tristeza, ¿que no fué esto lo que pasó con los fieles de Lutero? se les envenenó con doctrinas hereticas, y se mantuvieron en su sitio porque tenían jurisdicción sobre ellos y los llevaron en MASA a la apostasía.
    Que diferente hubiera sido como dice en el Post. la Iglesia ocupada si se hubiera acabado con el huevo y los polluelos.
    Que diferente hubiera sido si la mayoría de los obispos hubieran tenido la agudeza para comprender lo que inferian esos escritos, y un amor a Dios más grande que el temor al rechazo y al escarnio público y hubiesen manifestado contra todas esas novedades que contradecían el magisterio de siempre, aplastando de inmediato el huevo no dando chance de nacer a los polluelos de este pseudo concilio, pero seguimos empeñados en reconocer a la bestia con cuernos de cordero como papá, que es en definitiva lo que quiere decir Papa, que hacía antaño la Iglesia con lo herejes? les dában o les retiraban cátedras, les daban o les retiraban la jurisdicción sobre los fieles?
    ¿Como pretenden hacernos creer que un hereje, solo porque no ha dicho ex catedra la herejía, no es hereje porque es Papa?
    que p…. galimatías es ese??????

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  6. Para una apreciación más justa de la terrible situación en que se encuentra el P. Jean, traemos un complemento de informaciones, proveniente del sitio amigo Catholicapedia:
    http://wordpress.catholicapedia.net/

    Este joven religioso y sacerdote franciscano, cuyos padres tuvieron la insigne generosidad de donar al convento de Morgon una casa en Aurenque, para que fuera convertida en noviciado, del que se encargó el mismo P. Jean como Maestro de novicios, es recordado por los hechos siguientes:

    A principios del año 2009, se había atrevido a publicar una Carta Abierta en que ponía de relieve las infiltraciones de falsos amigos dentro de la FSSPX, como preparación al ralliement y rendición a la Roma apóstata.

    Cuando Mons. Fellay convocó a los superiores de las comunidades religiosas asociadas a la FSSPX, el 5 de Febrero 2009, había tenido la valentía de preguntar delante de todo el mundo a Mons Fellay si tenía intención de suscribir un acuerdo con roma o no, a lo que el interfecto se limitó a balbucear y salirse por la tangente.
    El sulfuroso y muy sospechoso superior del P. Jean, el P. Antoine, montó en cólera, le ordenó que saliera, le privó de su puesto de Maestro de novicios, para encerrarlo a continuación en el convento de Morgon, donde permanece sometido a estrecha vigilancia, desde el 25 de Febrero 2005.

    (Mientras, el mismo P. Antoine declaraba al usurpador arzobispo de Lyon Mons. Barbarin, que leía asíduamente los textos del Vaticano II, especialmente Lumen Gentium, y que se había opuesto a las consagraciones episcopales conferidas por Mons. Lefebvre en 1988.)

    Para que se vea el ambiente absolutamente opresivo y dictatorial reinante en la actual Fraternidad, considérese que el superior de la Frat en Francia, P. De Caqueray, tuvo tres largas horas al P. Jean al teléfono, sometiéndole a todo tipo de presiones, con repetidas apelaciones a la obediencia (mal entendida) para lograr que se retractara, y firmara una especie de autocrítica digna de los campos de concentración y reeducación de la China comunista.

    Visto que no lograban su propósito, el P. Beauvais, «párroco» de la importante iglesia de san Nicolás del Chardonnet, en París, se puso en contacto con los progenitores del P. Jean, que empezaron a verse asediados por todo tipo de presiones sicológicas verdaderamente indignas, entre las que se cuentan el chantaje sacramental, amenazados con ser privados de los sacramentos, ellos, que además de un hijo, habían entregado una parte notable de su patrimonio a la FSSPX, con el único fin de favorecer la causa católica en su patria.

    Tanta fue la insistencia, que el padre acabó por ceder, mientras que su esposa ha seguido apoyando a su hijo. Así, los satélites de Mons. Fellay han conseguido sembrar una profunda división en una de las mejores familias católicas, recordatorio de la obra de cizaña realizada por la FSSPX en otra muchas partes del mundo, donde han conseguido atomizar la resistencia católica allí donde presentaba un frente común a los invasores posconciliares.

    El P. De Caqueray tuvo la sacrílega osadía de desplazarse un Viernes Santo 2009 hasta el convento de Morgon, para asediar una vez más al P. Jean e intentar que firmara una retractación.

    No podemos menos que saludar la gran valentía y perseverancia de este religioso, digno sucesor de tantos ilustres franciscanos, así como su honradez a la hora de expresarse ante los fieles, dejados casi completamente a oscuras sobre la verdadera situación de la Fraternidad de la que han dependido desde hace tantos años, a la que han entregado muchos de sus mejores hijos o hermanos, a la que han regalado desinteresadamente muchos de su tiempo, talentos, riquezas, sacrificios y oraciones, y a quienes amenazan ahora con expulsar como leprosos herejes, para entregar el fruto de tantos desvelos a los traidores partidarios de la Roma anticrística.

    No es de extrañar que el P. Jean repita la doctrina oficial de la FSSPX respecto de la resistencia sistemática ante unas autoridades que sin embargo reconocen como legítimas, puesto que los docentes de la misma Frat, deforman sistemáticamente las posiciones de los católicos que les señalan que esa postura NO es católica, demostrando una falta absoluta de honradez intelectual, mientras imponen abusivamente la sujeción a las autoridades conciliares, incluso mediante un juramento de obligada suscripción antes de recibir cualquiera de las órdenes.

    Estamos seguros de que si tuviera verdadera libertad física, intelectual y espiritual, el mismo P.Jean no tardaría demasiado en abrazar lo que Papas como Paulo IV enseñaron y mandaron en caso de encontrarse los católicos en una situación como la presente.

    Roguemos pues por él, y si él o alguno de sus compañeros sacerdotes o religiosos llegaran a tomar una dolorosa aunque liberadora decisión, dispongámonos a ayudarlos y sostenerlos, puesto que ya sabemos cómo los trata la misma asociación que persiste en llamarse, contradictoriamente, Fraternidad, cuando debiera llamarse Soviet.

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  7. Claro que si roguemos por él! y por todos ellos porque sabemos y hemos vivido esa presión, también, pero no los aborrecemos ni los odiamos sino muy por el contrario, al menos yo les estoy sumamente agradecida, pero no pude por más tiempo cerrar los ojos al desastre que significa seguir llamando papa al Usurpador.,

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  8. Me sumo a todo lo que dice el declarante y le agradezco su redacción y el orden de cada párrafo y materia. Vivimos una ‘hora de tinieblas’, después de muchas en nuestra historia. Pero ésta que es la nuestra y ya por eso dura de enfrentar, es verdaderamente de las más profundas y audaces que el Anticristo nos ha lanzado.
    Tengamos valor para permanecer en la fe y confianza en que esta debacle precipitará la solución que sólo Dios sabe.

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