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LA REGLA DE LA FE


El siguiente texto es una buena confirmación de muchas cosas dichas en el blog, particularmente las que atañen a la infalibilidad pontificia. Bajo esta categoría pueden obtenerse las entradas dedicadas  a  ello en el blog (Púlsese en la pestaña superior).

Es tan importante el tema que yo no dudé en llamar  a la posición teológica que consiente en la afirmación de que los papas pueden caer en errores contra la Fe,  en su magisterio ordinario, e incluso como doctores particulares, como «Herejía y madre de todas las herejías«.  En efecto el variopinto arcoiris ideológico actual del catolicismo sociológico (no dire Iglesia Católica), tanto de los extremos conciliares (en sus versiones progresistas-las más frecuentes en nuestros días- o conservadoras, como las llamadas tradicionalistas pero que reconocen las actuales heréticas jerarquías) como también las que yo he llamado Sedevacantismo ilegítimo, todas adolecen del mismo mal: Admiten la falibilidad del Sucesor de Pedro, en su magisterio. Ellos admiten el error en el magisterio del sucesor de Pedro, a menos que éste «hable ex-cathedra» (expresión relativamente reciente en la historia eclesiástica) . Y aun así distinguirán su intención de declarar una doctrina de modo definitivo o con determinados adjuntos en su expresión que ellos se encargarán de definir para que su magisterio sea aceptado como  «infalible«.

Incluso obispos autodenominados tradicionalistas han podido escribir que en el magisterio ordinario del papa, puede haber herejías o al menos errores contra la Fe.

Piénsese sobre ello y se llegará a la conclusión de que TODAS LAS HEREJÍAS,  de la historia, los errores actuales, las múltiples y lamentables divergencias-que contradicen la Fe Católica- sobre cualquier materia teológica, tienen un sustrato común ; «Se apartan de la doctrina de los papas»

Quienes permanecen dentro de la iglesia conciliar reconociendo sus jerarquías, aunque algunos proclamen resistirles–  y aun quienes no la acepten pero inventan o sostienen  doctrinas ajenas al secular magisterio pontificio,  todos lo hacen cayendo en la herejía, ya condenada (precisamente ex-cathedra), siguiente:

Ellos están fuera de la Iglesia visible (aunque de «internis» no juzgamos).

Creen ser más católicos que nadie e incluso se permiten llamar cismáticos o herejes, a quienes permanecemos dentro de la Fe de la Iglesia negándonos a profesar doctrinas ya condenadas.

Frente a todo el arco señalado doctrinal nosotros enfrentamos la  certeza de nuestra posición, excluyente e inamovible. Lo hacemos no fundándonos en nuestro juicio o en nuestra prudencia sino simplemente en el hech0 irrebatible: «Creemos en lo que siempre ha dicho la Iglesia». «Creemos en lo que han enseñado 260 papas». Pero los adversarios del arco doctrinal actual, fiados de su personal sabiduría se apartan  de su enseñanza. Luego no están dentro de la Iglesia. No profesan la Fe verdadera enseñada por la Iglesia, «siempre y en cualquier lugar«. Las consecuencias en orden a la salvación las conocen perfectamente.

Las dos entradas que tratan sobre el tema en el blog, están refundidas en el documento PDF  LA REGLA DE LA FE

pio nono

El texto está traído de Fundación San Vicente Ferrer

[He enfatizado algunas expresiones]

¿PUEDE EL PAPA COMO DOCTOR PARTICULAR CAER EN LA HEREJIA?. (2)

Por Mons. José F. Urbina Aznar
 
CRISTO Y EL PAPA, CONSTITUYEN UNA SOLA CABEZA
     En su Encíclica de marzo de 1246, el Papa Inocencio IV (HISTOIRE DES CONCILES, V. 2, Pág. 1638, Helefe-Leclercq) dice: «Al agredir Federico II a Pedro y a sus sucesores, ha agredido a Cristo». Es muy interesante la forma en que Inocencio IV liga a la persona de Cristo, con San Pedro, primer papa, y a sus sucesores. Una agresión a los papas, evidente y ciertamente es una agresión a Cristo mismo. Esta doctrina se extiende todavía más. Una agresión a los obispos y a los sacerdotes que son representantes de Cristo, es una agresión al mismo Cristo. Guárdense muy bien de esto los fieles laicos, porque agredir, despreciar, menospreciar, ignorar a los sacerdotes y sobre todo a los obispos que también son «la Voz de Dios» como enseña Santo Tomás de Aquino: «En la Iglesia, el prelado hace las veces de Dios», dice (Sum. Theo. 2-2, q. 88, a. 12), es un grave pecado que no puede quedar sin castigo.
     El Papa Pío XII (1939-1958) en su Encíclica MYSTICI CORPORIS Núm. 35, enseña:«Cristo y Su Vicario, constituyen una sola Cabeza»San Roberto Belarmino, Doctor de la Iglesia en CONTROVERSIARUM DE SUMMO PONTIFICE, escribe: «Sólo con Pedro comunica Cristo Su nombre, el nombre que lo significa a El mismo para indicar que a Pedro lo hace fundamento y cabeza de la Iglesia, con El». El Papa San León (Epístola 89, ad Vienn. prov.) enseña: «Esto lo dijo (Cristo), expresando una asociación de indivisible unidad, lo que era El mismo, quiso significarlo diciendo: Tu eres piedra…». En su sermón para conmemorar el tercer aniversario de su elevación al Sumo Pontificado, dijo: «Así como el Padre te reveló mi divinidad, así también yo te hago notar tu excelencia, porque tu eres Pedro; esto es, de la misma manera que yo soy piedra, invulnerable, yo la piedra angular, que de una y otra hago una sola, yo el fundamento en lugar del cual ninguno puede ponerse, con todo, tu también eres piedra, y para que afirmado con mi virtud, las cosas que son propias de mi poder, sean también tuyas, en participación conmigo».
     Igualmente, ratificando y aclarando esta doctrina, el Papa Bonifacio VIII en su Bula UNAM SANCTAM del 18 de noviembre de 1302, decía: «La Iglesia, pues, que es una y única, tiene un solo cuerpo, una sola cabeza y no dos como un monstruo, es decir, Cristo y el Vicario de Cristo, Pedro y su sucesor». Y es que, como dice San Juan Crisóstomo, citado por Santo Tomás de Aquino en su CATENA AUREA, «le promete (Cristo a Pedro), lo que es propio de sólo Dios». Esto es lo que no quieren aceptar los enemigos de la Iglesia y los herejes. Ni muchos católicos, pues he oído de un obispo tradicionalista, que se supone defiende la integridad de la Doctrina y de la Tradición, que «el dogma de la infalibilidad no lo ha entendido ni aceptado nunca, porque es darle a un hombre lo que sólo pertenece a Dios». Y así, evita hablar y predicar sobre el tema. Por este motivo, San Hilario, citado por San Roberto Belarmino (OPERA OMNIA, Controversiarum de Summo Pontífice, Cap. X, Pág. 492) dice: Pedro, «posee las llaves del reino de los Cielos, desde entonces, sus juicios sobre la Tierra, son celestiales» .
LOS PAPAS NO SE EQUIVOCAN.
     Si fuera posible que el papa cayera en el error, la roca sólida sobre la que Cristo edificó su Iglesia, sería inexistente. No podría hablarse de un fundamento firme e inexpugnable. La Providencia de Dios podría ponerse en duda. La divinidad de la Iglesia quedaría cuestionada. Se podría pensar lícitamente que la Iglesia ha enseñado verdades, pero también errores. La Iglesia sería una secta como una de las tantas que enseñan verdades y errores. ¿Existiría entonces la verdadera Iglesia de Cristo?.
     San Roberto Belarmino (OPERA OMNIA, T. II, Pág. 90), escribe: «…por su naturaleza (humana) (se refiere al papa), podría incurrir en herejía, mas tal cosa no puede ser si aceptamos la singular asistencia de Dios que Cristo impetró con su oración para Pedro: oró Cristo para que no fallara la Fe de él y no para que no incurriera en otros pecados». Por esto, con toda razón el Papa Benedicto XV (1914-1922), le dijo a un obispo que lo acusó de modernista:«Espero que ahora estéis seguro de nuestra ortodoxia: Nos somos infalible» (UN COMBAT POUR DIEU, Pág. 101. Daniel Rops. Fayard, París).
     El Papa León X en su Bula EXSURGE DOMINE del 15 de junio de 1520 que escribe contra los errores de Martín Lutero: «…los pontífices, nuestros predecesores, que él (Lutero)ataca con tanta violencia por sus cánones y sus constituciones, jamás han errado».
     San Roberto Belarmino cita un texto de San Agustín (Lib. de corr. et grat. Cap. 8) que dice:«Cuando rogó que no desfalleciera su Fe, rogó que tuviera en la Fe una voluntad libérrima, fortísima, invictísima, perseverantísima».
     San Alberto Magno (OPERA OMNIA, Ed. Augusto Borgnet, París, 1893/ T. XXII, Pág. 685) escribe: «Que no desfallezca tu Fe. Esta es finalmente una prueba eficaz de que la Fe de la Sede de Pedro y de su sucesor, no desfallecerá».
     También, San Francisco de Sales (LES DOCTEURS DE L’EGLISE, R. Sineux, Pág. 394-395) escribía que «La Iglesia no puede estar siempre reunida en un Concilio General, y ni uno solo hubo durante las tres primeras centurias. En las dificultades que sobrevienen diariamente, ¿a quién sería mejor recurrir, de quién podría tenerse la ley más segura, la regla más cierta, que del jefe general y Vicario de Jesucristo?. Ahora bien, todo esto no está solamente en San Pedro, sino también en sus sucesores, porque permaneciendo la causa, el efecto permanece. La Iglesia tiene siempre la necesidad de un confirmador infalible al cual nos podamos dirigir, de un fundamento que las puertas del Infierno y principalmente del error, no puedan echar abajo, y que su pastor no pueda conducir a error a sus hijos. Por lo tanto, los sucesores de San Pedro, tienen todos estos mismos privilegios, que no corresponden a la persona, sino a la dignidad y al cargo publico».
Por eso decía Santo Tomás de Aquino (CATENA AUREA, T. I, P. 274, la. Col.): «Ved cuán grande poder tiene esta piedra sobre la que se ha edificado la Iglesia; permanecen firmes sus juicios como si fuera el mismo Dios el que los diera por ella».
Jaime Balmes (OBRAS COMPLETAS, Bibliot. Perenne, Barcelona, 1948, T, II, Pag. 667), transcribe una carta de los obispos de Tarragona al Papa Hilario, en la que leemos: «Aun cuando no mediara necesidad alguna de la disciplina eclesiástica, debíamos nosotros acudir a aquel privilegio de vuestra Sede, con el que recibidas las llaves del reino, después de la resurrección del Salvador, la singular predicación de San Pedro proveyó a la iluminación de todos por todo el mundo, y al principado de quien hace sus veces, como que está sobre nosotros, todos debemos temerle y amarle. Por eso, nosotros, adoramos en vos al mismo Dios, a quien servís santamente y acudimos a la Fe alabada por boca apostólica, buscando instrucciones allí donde nada se manda con error, nada con presunción, sino con deliberación sacerdotal».
     También, el Papa Pelagio II (575-590) en una carta del año 585 a los obispos cismáticos de Istria les dice: «Considerad, carísimos, que la Verdad no pudo mentir, ni la Fe de Pedro podrá eternamente conmoverse o mudarse» (Denz. 246).
¿ERRARON EN LA FE EL PAPA LIBERIO Y EL PAPA HONORIO?.
     Algunos han dicho que tanto el Papa Liberio, como el Papa Honorio, fueron herejes, pero esto es completamente falso.
     En su carta DAT MIHI PLURINUM a Venerio, obispo de Milán, del año 400, el Papa San Anastasio le dice: «Me da muchísima alegría el hecho cumplido por el amor de Cristo, por el que encendida en el culto y fervor de la divinidad, Italia, vencedora de todo el orbe, mantenía íntegra la Fe enseñada de los Apóstoles y recibida de los mayores, puesto que por este tiempo en que Constancio, de divina memoria, obtenía victorioso el orbe, no pudo esparcir sus manchas por subrepción alguna la herética facción arriana, disposición, según creemos, de la providencia de nuestro Dios, a fin de que aquella santa e inmaculada Fe no se contaminara con algún vicio de blasfemia de hombres maldicientes; aquella Fe, decimos, que había sido tratada o definida en la reunión del Concilio de Nicea,por los santos obispos, puestos ya en el descanso de los Santos. Por ella sufrieron de buena gana el destierro los que entonces se mostraron como santos obispos, esto es, Dionisio de ahí, siervo de Dios, dispuesto por las divinas enseñanzas, y, tal vez siguiendo su ejemplo, Liberio, obispo de Roma, de santa memoria, Eusebio de Verceli e Hilario de las Galias, por no citar a muchos otros que hubieran preferido ser clavados en la Cruz, antes que blasfemar de Cristo Dios, a lo que quería forzarlos la herejía arriana, o sea, llamar a Cristo Dios, Hijo de Dios, una creatura del Señor».
     Sobre el Papa Honorio, el Papa Juan IV (640-642) escribió la carta DOMINUS QUI DIXIT al Emperador Constantino en 641, en la que le explica el verdadero sentido de las palabras del Papa Honorio. En ella leemos: «Uno sólo es sin pecado, el mediador de Dios y de los hombres, el hombre Cristo Jesús, que fue concebido y nació libre entre los muertos. Así en la economía de su santa encarnación, nunca tuvo dos voluntades contrarias, ni se opuso la voluntad de su mente la voluntad de su carne… De ahí que, sabiendo que ni al nacer ni al vivir hubo en él absolutamente ningún pecado, convenientemente decimos y con toda verdad confesamos una sola voluntad en la humanidad de su santa dispensación, y no predicamos dos contrarias, de la mente y de la carne, como se sabe que deliran algunos herejes, como si fuera puro hombre. En este sentido, pues, se ve que el ya dicho predecesor nuestro Honorio escribió al antes nombrado Patriarca Sergio que le consultó, que no se dan en el Salvador, es decir, en sus miembros, dos voluntades contrarias, pues ningún vicio contrajo de la prevaricación del primer hombre… Y es que suele suceder, que donde está la herida, allí se aplica el remedio de la medicina. Y, en efecto, también el bienaventurado Apóstol se ve que hizo esto muchas veces, adaptándose a la situación de sus oyentes; y así a veces, enseñando de la suprema naturaleza, se calla totalmente sobre la humana; otras, ampero, disputando de la dispensación humana no toca el misterio de la divinidad…Así, pues, el predicho predecesor mío decía del misterio de la encarnación de Cristo que no había en El, como en nosotros pecadores, dos voluntades contrarias de la mente y de la carne. Algunos acomodando esta doctrina a su propio sentido, han sospechado que Honorio enseñó que la divinidad y la humanidad de Aquél no tienen más que una sola voluntad, interpretación que es de todo punto contraria a la verdad».
SI EL PAPA PUDIERA ERRAR, CAERIA EN EL ERROR TODA LA IGLESIA.
     Esto es evidente si deducimos de las propias palabras de nuestro Señor Jesucristo. Si el papa debe «confirmar» en la Fe a sus hermanos, evidentemente de él depende la firmeza doctrinal de los demás y de toda la Iglesia. No puede entonces errar en la Fe.
     «Manifiesto es, aunque no se diga así, que ni contra Pedro ni contra la Iglesia podrán prevalecer las puertas del Infierno; porque si prevalecieran contra la piedra en la que está fundada la Iglesia, también contra la Iglesia prevalecerían». Estas son palabras deOrígenes que San Roberto Belarmino transcribe (OPERA OMNIA, Controversiarum de Summo Pontífice,T. II, Lib. IV, Cap. III, Pag. 83).
     En el T. II, Pag. 83, dice: «Porque como lo demostramos en el libro II, Cap. 13 y 14, se puede apelar respecto de la Iglesia entera al Pontífice; mas de él no se puede apelar; de modo que necesariamente la Iglesia entera erraría, si el Pontífice errara. Ahora responderán: Se puede recurrir al Concilio general. Contesto: no, porque como lo demostramos en el tratado sobre los Concilios, el Papa está sobre el Concilio; y consta que los Concilios generales suelen errar cuando carecen de la aprobación del Sumo Pontífice, como es patente con los Concilios de Efeso II, de Rímini y otros».
     «Jesucristo no dijo que fundaría una Iglesia en que los papas fueran buenos, escribeJaime Balmesen que todos cumplieran con sus deberes; lo que sí dijo es que no permitiría que esa Iglesia errase y que estaría con ellos hasta la consumación de los siglos. ¿Qué tiene, pues, que ver los vicios, ni la de los eclesiásticos, ni de lo obispos, ni de los papas, con la Doctrina que ellos enseñan?. Ellos están encargados de enseñarla; yo veo en ellos a un enviado de Jesucristo: si son viciosos, lo sentiré, me compadeceré de su flaqueza, pero esto no me autoriza a apartarme de su Doctrina. Jesucristo me dice que oiga a Sus ministros, y no me advierte que no los haya de oír cuando sean malos» (LA RELIGION DEMOSTRADA). Añade también (Pág. 924) «Me parece a mí, que si Jesucristo no hubiera establecido sobre la Tierra una autoridad viviente para enseñarnos la verdad, apartarnos del error y aclarar nuestras dudas nos habría dejado en una confusión tal, que no nos hubiera servido de mucho la luz de la verdad divina», y después: «…¿qué sería, pues, de la verdad, si no tuviéramos a la mano una regla segura y fija, por la cual pudiéramos distinguir la verdad del error?. Nosotros los católicos decimos que esa autoridad infalible es la autoridad de la Iglesia; lo decimos y lo podemos probar con las Sagradas Escrituras… y además, aún mirada la cosa a la sola luz natural, se ve que es tan conforme a la razón el que Jesucristo estableciera sobre la Tierra un maestro que pudiera enseñarnos sin peligro de error, que si así no fuera, podría decirse que nos dejó sin certeza en lo más necesario para nuestra salud, y que no acertó a fundar Su Iglesia, lo cual serla una blasfemia contra Su bondad y sabiduría».
     San Gregorio I el Grande, dice en su Epístola 37 a Eulogio: «¿Quién ignora que la Santa Iglesia fue construida sobre la solidez del Príncipe de los Apóstoles, al cual le dijo(Cristo): Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia?». San Roberto Belarmino (OPERA OMNIA, T. II, Pag. 83), comentando este texto, dice: «Por lo tanto, menos puede errar Pedro, que la propia Iglesia».
     «…como ya hemos visto, dice San Roberto, literalmente roca y fundamento de la Iglesia se dice que es Pedro como supremo jefe de la Iglesia, y por lo tanto, cualquier sucesor suyo es roca y fundamento de la Iglesia… ¿por qué al Pontífice se le llama roca, sino por razón de la duración y de la solidez?. Ciertamente por ser roca, no se romperá ni será llevada y traída por cualquier viento de doctrina, o sea, no errará en la Fe… el fundamento que sustenta el edificio que de ningún modo puede desplomarse, pues si el edificio es tal que no puede derrumbarse, ciertamente tampoco su fundamento podrá derrumbarse: en efecto, no puede entenderse cómo no se caería el edificio si se destruyera el cimiento, pues los cimientos no reciben su firmeza de la casa, sino que la casa la recibe de los cimientos, y de esta manera lo explican todos los Padres y de ahí dedujeron que Pedro y consecuentemente los demás Pontífices no pueden errar» (OPERA OMNIA, Vives, T. II, Pág. 82-83). Y más adelante: «…no siempre fue posible tener un Concilio general, como no lo fue en los primeros trescientos años por la persecución de los paganos, y sin duda esto podía haber continuado hasta el fin del mundo en la Iglesia; luego, debe haber en la Iglesia, un juez que no puede fallar». También dice: «…sin Concilio general, el Romano Pontífice ha condenado muchas herejías, como las de Pelagio, Prisciliano, Joviniano, Vigilancio y otros muchos, y toda la Iglesia de Cristo, los tuvo por verdaderos herejes… lo cual es señal de que la Iglesia entera ha pensado que el Romano Pontífice, no puede errar en casos semejantes».
     El Padre redentorista Gerardo Ma. Duque, escribió un libro sobre San Alfonso Ma. de Ligorio. Transcribe algunos pensamientos del santo. Los siguientes son interesantes: «…si se quita la autoridad suprema del Papa, se aniquila la autoridad de la Iglesia». «Después de Dios, tenemos al Papa; sin él, ¡en qué grande confusión nos hallaríamos!. El Papa es quien nos da a conocer la Voluntad de Dios y quien lleva la paz a nuestras conciencias».
     Juan de Maldonado, S. J. (1533-1582) considerado uno de los grandes exégetas modernos, en su COMENTARIO A LOS CUATRO EVANGELIOS (Evangelio de San Mateo, Pág. 593, B.A.C., 1966), escribe: «¿Quién será tan necio que piense que Cristo había de fundar la Iglesia inmortal sobre un hombre mortal que, en muriendo, habría necesariamente que dejar desplomarse el edificio?. Luego, no la fundó sobre sólo Pedro, sino sobre él y sobre todos sus sucesores, que como nunca habrán de faltar, nunca harán caer a la Iglesia».
     El Cardenal Cayetano escribe (DE COMPARATIONES AUCTORITATIS PAPAE ET CONCILII, XI, 78):«Como todas las causas principales que conciernen a la Fe deben serle presentadas (al Papa),esto es la prueba de que el Papa no puede errar en estas materias, pues si pudiera equivocarse, esta sería señal de que la Iglesia misma puede equivocarse en materia de Fe».
     En el T. XVI de Mansi, Col. 125, leemos la alocución de MonsPaulo Cullen, Arzobispo de Dublín, que pronuncio durante el Concilio Vaticano I, Cita este al Padre Moloni del siglo XVII que afirma: «… los Pontífices están puestos sobre Cristo o sobre Pedro, el cual está puesto por Cristo, de modo que si faltara la Fe del Pontífice, debería decirse que había fallado la Fe en la Iglesia».
     Y por último, copiamos lo que Mons. de Colongue escribe en DE SUPREMA ROMANI PONTIFICIS AUCTORITATE (T. I, Pág. 190, Soardi): «Esta prerrogativa (el ser Sumo Pontífice, centro de la unidad), es una prueba auténtica de las dos precedentes, a saber: ser el juez y el árbitro de todas las cuestiones doctrinales que se suscitan en el mundo cristiano, y ser siempre puro en la Fe. Todas las iglesias cristianas tienen el deber de llevar a la Santa Sede todas las novedades en materia de dogma que nazcan en su seno; y si el Trono de Pedro, que es el centro de la unidad, viniese a ser infectado con algún error, no hay duda de que su error se comunicaría a las otras iglesias que de ella derivan y que en ella fluyen. Quizá se osará adelantar aquí que estos novadores ponen una gran diferencia entre la Santa Sede y el que la ocupa; que protesten en todas sus obras, tener un gran respeto y una gran sumisión por las decisiones de ese augusto tribunal, al que ellos reconocen infalible, mientras condenan de error al que allí está sentado. Distinción abstracta e inventada por los herejes para eludir su condenación, distinción que jamás conoció San Cipriano, puesto que él sostiene que cada iglesia está en su obispo… distinción condenada también por San Pedro Damián que le decía al Papa: Vos sois mismo la Silla apostólica, vos sois la Iglesia Romana; no es a la mole de piedra de la que está formada a la que yo recurro, sino solamente a el en quien reside toda la autoridad de esa misma Iglesia».
LA IGLESIA CATOLICA SIEMPRE FUE FIRME EN LA FE.
     La Fe invariable de Pedro, que es la roca firme sobre la que Cristo ha edificado a Su Iglesia, inexpugnable, extiende consecuentemente su firmeza y su ortodoxia a toda la Iglesia, pero particularmente a la iglesia de Roma, que es la Sede de San Pedro.
     Desde la más remota antigüedad los Doctores de la Iglesia, los Padres, los Santos, los Concilios y los Papas han enseñado con San Pablo, que la Iglesia no tiene mancha ni arruga.
     Veamos algunas citas: Santo Tomás de Aquino (IN SYMBOLORUM APOSTOLORUM SCILICET«CREDO IN DEUM» ESPOSITIO) dice: «…la Iglesia de Pedro,…siempre fue firme en la Fe, y mientras en otras partes o es nula la Fe o está mezclada con muchos errores, la Iglesia de Pedro en cambio, se robustece en la Fe y limpia está de errores…». Melchor Cano (DE ECCLESIAE ROMANAE AUCTORITATE) dice: «Si no somos demasiado necios, debemos reconocer que en la Sede Romana se encuentra la autoridad y firmeza de Pedro»San Roberto Belarmino (OPERA OMNIA, T. II, Pág. 83) escribe: «La antigua Roma desde los tiempos antiguos tiene la recta Fe, y siempre la conserva, como le corresponde el tener siempre de Dios la Fe íntegra a la ciudad que preside al orbe entero».
     El Papa Gregorio XI (1227-1241) en su carta del 26 de julio de 1232 al Patriarca de Constantinopia, le dice: «…la Iglesia Romana, cabeza y señora de todas las iglesias, puede mirarse en los espejos de la Sagrada Escritura y de los Padres, sin hallar en si, nada que no sea conforme a la unidad de la Fe y del espíritu…».
     Después del Papa Liberio, sube a la Sede de San Pedro San Dámaso I durante cuyo pontificado se efectúa un Concilio en Roma. En este se dice: «…la primera Sede, es la de la Iglesia Romana del Apóstol Pedro, la cual no tiene mancha ni arruga ni cosa alguna semejante». Este Concilio se efectuó en el año 382. El Papa Hormisdas (514-523), envía a los obispos de España el 2 de abril de 517, una fórmula de Fe, que entre otras cosas dice: «…en la Sede Apostólica, se conservó siempre la Religión Católica».
     En la carta del Papa Bonifacio II a Eulalio de Cartago (citada por Melchor Cano en DE ECCLESIAE ROMANAE AUCTORITATE, Cap. II, Pag. 415), este le dice: «En la Sede Apostólica, se ha guardado siempre sin mancha la religión católica; anatematizamos a todos aquellos que levanten la cerviz contra la Santa Iglesia Romana apostólica; y en todo seguimos a la Sede Apostólica, en la cual está la íntegra, verdadera y perfecta firmeza de la religión cristiana».
     El Papa Bonifacio VIII, envió a los obispos franceses en el mes de junio de 1302 una carta con motivo de la embestida galicana dirigida por Felipe el Hermoso. En esa carta les dice: «…todas las personas piadosas han sido contristadas por las palabras que so pretexto de consolidaciones han sido escritas en nombre de nuestra querida hija la iglesia galicana y que son una injuria para la madre sin mancha de esa iglesia…».
     El Concilio de Letrán (1518), declara que «la Santa Sede, está inmune de error» (Denz. 740 b).También el Denz. 1837, que es un texto del Concilio Vaticano I, dice: «Así, pues, este carisma de la verdad y de la Fe nunca deficiente, fue divinamente conferido a Pedro y a sus sucesores en esta Cátedra para que desempeñaran su excelso cargo para la salvación de todos; para que toda la grey de Cristo, apartada por ellos del pasto venenoso del error se alimentara con él de la doctrina celeste…». Este Concilio, al definir el dogma de la infalibilidad pontificia, que no hizo más que afirmar lo que ya se creía en todos lados, recuerda las enseñanzas del IV Concilio de Constantinopia que dice que la Sede romana «se guardó siempre sin mácula la religión católica», y también recordando las enseñanzas del Concilio de Lyon al que asistieron los griegos y del Concilio de Florencia, añade por propia cuenta, entre otras cosas: «Y ciertamente, la apostólica Doctrina de ellos (de los Apóstoles),todos los venerables Padres la han abrazado y los santos Doctores ortodoxos venerado y seguido, sabiendo plenísimamente que esta Sede de San Pedro permanece siempre intacta de todo error, según la promesa de nuestro divino Salvador hecha al príncipe de los discípulos…».
     San Bernardo de Claraval que en su tiempo defendió contra el antipapa Anacleto al verdadero papa que era Inocencio II, dice en su Epístola 190 AD INNOC.: «…en efecto, ¿a qué otra sede se le dijo alguna vez: Yo he rogado por ti para que no desfallezca tu Fe?». En su CATENA AUREA, Santo Tomás de Aquino cita un texto de San Cirilo de Jerusalén que entre otras cosas dice: «Según la promesa de Cristo, la iglesia apostólica de Pedro, permanece inmaculada de toda seducción y de todo engaño herético por encima de todos los gobernantes y obispos, y por sobre todos los príncipes de la Iglesia y de los pueblos, en sus Pontífices, y en la plenísima Fe y autoridad de Pedro». Teodoreto, que era obispo de Siria, citado por San Roberto Belarmino (OPERA OMNIA, T. II, Pág. 83) dice: «Esta Santa Sede tiene el gobernalle de los regímenes de las iglesias del orbe, porque por una parte son siempre heréticas y por otra esta permanece virgen de pestilencia».
     También, el Papa Gelasio (492-496) enseña: «La primera, es la Sede del Apóstol Pedro, la de la iglesia romana, que no tiene mancha ni arruga ni cosa semejante» (Denz. 163).
     El Papa Nicolás I (858-867) en sus 110 respuestas a los búlgaros, dice en la 106: «La iglesia romana ha estado constantemente sin mancha y siempre ha poseído el verdadero cristianismo» (HISTORIA DE LOS CONCILIOS). De esta misma obra de Hefele-Leclercq, T. IV, Pag. 561 tomamos las siguientes palabras del Papa Juan VIII (872-882) a los búlgaros: «La iglesia de Roma, jamás ha estado manchada por el error; uniéndose a la iglesia de Constantinopla, los búlgaros corren el peligro de caer pronto o tarde en el error»«La iglesia de Roma, decía el Papa Gregorio VIIno ha errado jamás, y las Sagradas Escrituras atestiguan que no errará nunca» (HISTORIA DE LA IGLESIA; Daniel Rops, T. IV, Pág. 196).
     El Papa Pascual II (1099-1118) dijo a los obispos reunidos en el Concilio de Letrán de 1116, un 8 de marzo: «Hermanos y señores, escuchad: esta iglesia romana, jamás ha sido herética; al contrario, ella ha vencido todas las herejías. Cristo oró por ella cuando dijo: Yo he rogado por ti Pedro, a fin de que tu Fe no desfallezca».
     El Cardenal Estanislao Hosio (15C4-1579), Obispo de Ermeland, gran polemista, escribió:«Hay gente que prefiere someter sus escritos a la censura de no sé qué maestro de Wittenberg (se refiere a Martín Lutero) y a una iglesia nacida ayer, más bien que al juicio de una Iglesia más santa y la más antigua de todas, a la que los Apóstoles Pedro y Pablo han dejado toda su Doctrina, derramado allí su sangre, y que de tal manera ha sido mirada como católica y apostólica, que jamás ha sido tachada de herejía». El Papa León IX (1049-1054), le escribe a Miguel Cerulario una carta el 8 de septiembre de 1053, en vísperas del cisma definitivo de Oriente, en la que le dice: «La Iglesia Romana, jamás ha vacilado en la Fe; sin ser igual a San Pedro, en cuanto a méritos personales, sin embargo, Nos, somos igual a él por las funciones y tenemos el derecho de ser honrados a pesar de nuestra indignidad… Si no estáis unido a la cabeza, no podéis pertenecer al cuerpo de la Iglesia».
     Por fin, termino copiando un texto de Santo Tomás de Aquino. En su comentario al Cap. 16, v. 18 de San Mateo (IN MATTHAEUM EVANGELISTAM EXPOSITIO), dice: «Especialmente la casa de Pedro que fue fundada sobre roca, no será derribada. Y así, puede ser combatida, pero no expugnada. Y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella… Y mientras las otras iglesias pueden ser censuradas por herejes, en cambio la iglesia romana, no ha sido corrompida por los herejes por estar fundada sobre roca. De ahí que en Constantinopia fueron herejes y se perdió la labor de los Apóstoles: únicamente la iglesia de Pedro permaneció inviolada, y esto no solamente es con relación a la iglesia de Pedro, sino también, a la Fe de Pedro».
NUNCA NADIE CUESTIONÓ EL JUICIO DE ROMA.
     El Papa Zózimo (417-418) en una carta del 21 de marzo de 418, dice que «nadie se atrevió a discutir» el juicio de la Sede Apostólica (Denz. 108), y el Papa San Bonifacio I (418-422) en su carta MANET BEATUM a Rufo y otros obispos de Macedonia, dice: «…nadie osó jamás poner las manos sobre el que es cabeza de los Apóstoles, y a cuyo juicio no es lícito poner resistencia; nadie jamás se levantó contra él, sino quien quiso hacerse reo de juicio» (Denz. 109 b, 109 c).
ROMA Y EL PAPA SON LA MISMA COSA
     Evidentemente cuando decimos que Roma y el Papa son una sola cosa, no nos podemos referir a la ciudad física, con sus monumentos sus calles y sus habitantes. Pero como sede de la Iglesia Romana, como capital del catolicismo que enseña la verdadera Doctrina de Jesucristo, como el lugar en el que sienta Pedro para confirmar, juzgar, enseñar y edificar a la Iglesia, deja de ser en lo absoluto, si el Papa no está en la ciudad. Por este motivo, se entiende lo que dijo el Papa beato Benedicto XI cuando abandonó la ciudad de Roma obligado por las revueltas provocadas por partidos que se la disputaban: «Roma, no está ya en Roma: toda entera está, donde yo esté«. Esta misma situación se dará, cuando el verdadero Papa tenga que salir de Roma, porque allá se habrá instalado el Anticristo con todos sus partidarios.
     En esta forma lo entendía San Pedro Damián. Sus palabras que antes hemos copiado las volvemos a encontrar en DICTIONNAIRE APOLOGETI QUE DE LA FOI CATHOLIQUE, D’Ales, T. III, Col. 1487. Las repetimos: «Vos sois la Iglesia Romana; no es la mole de piedra de que está formada a la que yo recurro, sino solamente a aquel en quien reside toda la autoridad de esa misma Iglesia». Y el Papa Pelagio (556-561), en una carta del año 560, escribe a un obispo: «¿Dónde creías que estaba la Iglesia, fuera de aquel en quien – y en él solo- están todas las sedes apostólicas?».
SE DEBE CREER AL MAGISTERIO ORDINARIO Y AL MAGISTERIO EXTRAORDINARIO DEL PAPA.
     Las Encíclicas de los papas, no son definiciones «ex-cathedra», pero no por esto podemos decir que pueden contener errores contra la Fe. Al contrario, el Papa Pío XII en su Encíclica HUMANI GENERIS, 10, y el Papa Pío IX en su Encíclica QUANTA CURA, enseñan que los fieles católicos deben obediencia y respeto a los documentos del magisterio ordinario. Pero además, el Concilio Vaticano I declaró: «… debe creerse con fe divina y católica todas aquellas cosas que se contienen en la Palabra de Dios escrita o tradicional, y son propuestas por la Iglesia para ser creídas como divinamente reveladas, ora por solemne juicio, ora por su ordinario y universal magisterio». Ver Denz No. 1792. ¡Pero la infalibilidad de la Iglesia, depende de la infalibilidad de Pedro!, entonces si el magisterio de la Iglesia debe creerse como revelado por Dios, ya lo ejerza ordinaria, o ya extraordinariamente, no hay lugar para decir entonces que el papa solamente cuando habla«ex-cathedra» es infalible, pero fuera de eso, puede equivocarse. Tendríamos que considerar que hay ocasiones en las que la Iglesia de Dios, enseña el error, o puede enseñar el error, y esta afirmación es blasfema.
     Algunos en la Iglesia han llegado a considerar que el papa como doctor privado, pudiera caer en la herejía, ¿es esto posible sin que se comprometa la inerrancia de la Iglesia?.

4 respuestas »

  1. Cuanto más claro es el asunto, más tristeza provoca la situación actual. ¿obediencia a los Papas? La mayoría de los católicos dirán que ellos son obedientes al Papa… Benedicto. ¿y si se apunta a la desobediencia de Benedicto? Él dirá que es perfectamente obediente… al concilio. A su vez si se señala al concilio, se dirá que fue hecho por prelados pre-conciliares, como es lógico. Luego, si hurgando en los documentos se señalan doctrinas erróneas, aparecerá un ejército de charlatanes y construirán una hermenéutica ad hoc que viene a ser: rectamente interpretado, el concilio no se aparta de la tradición. Por supuesto que rectamente ejecutado, destruye la tradición. Si entonces, constatando los abusos, la destrucción de la catolicidad en todos sus órdenes, el estado espantoso de confusión en las almas, se apela a la autoridad del Papa, éste podrá excusar su inoperancia remitiéndose al concilio… y vuelta a empezar. Por supuesto que Ratzinger permanecerá quieto ante todo movimiento subversivo, destructor de la fe, y ante todo acto de desobediencia que aleje aún más a la Iglesia de su catolicidad. Y pondrá toda su energía en neutralizar y disolver todo intento de preservar la catolicidad de la Iglesia. Él reclama obediencia cuando quiere arrastrar a la apostasía, y al mismo tiempo se funda en un gigantesco acto de desobediencia que él y los suyos perpetraron contra la legalidad y la doctrina de la Iglesia católica.

    Es un error, un grave error tratar de razonar con ellos. Es tiempo perdido. Hoy la antaño Sancta Sedes es una formidable potencia orientada al mal. Y como el mal es la negación del Logos, a cualquier católico medianamente sano, e incluso a cualquier persona mentalmente íntegra le repugnará sin duda esta coexistencia de contrarios en la mente de la jerarquía conciliar. Véase a un Montini saturando de humo satánico a la esposa de Cristo y lamentándose al mismo tiempo por eso. Véase a un Wojtyla fulminando condenas contra el relativismo y el indiferentismo y al mismo tiempo desarrollando una actividad superabundante en la propagación y fomento del relativismo y del indiferentismo. Están locos. Pero es una locura EFICAZ que va cumpliendo sus objetivos con precisión matemática, lo que viene a indicar que son una herramienta al servicio de una razón, perversa sí, pero razón. Y no hace falta decir más.

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  2. Creo que sería muy conveniente publicar también la primera parte, sobre la posibilidad del Papa como doctor privado.

    Limitándome de momento al presente post, me llama la atención, entre otras cosas, la repetida afirmación según la cual Roma, y la Iglesia Romana, está enteramente contenida en su Cabeza, el Papa, y donde él se encuentre, se encuentra Roma, aunque siga ostentando el título de obispo de Roma.

    Por eso, cuando los Papas, por culpa de los romanos, tuvieron que exiliarse, podían decir que Roma ya no estaba en Roma.

    Y esto tiene aplicaciones interesantes. Por ejemplo: Algunos por ahí afirman que la elección futura de un Papa verdadero e indudable, susceptible de ser reconocido por todos los católicos todavía dignos de ese nombre, debería ser realizada por la Iglesia Romana. En principio, así es, puesto que esa Iglesia está representada por sus miembros más eminentes, que son los cardenales.

    Pero constando que ninguno de los que se atreven a titularse a sí a día de hoy está válidamente creado, por falta de un Papa verdadero, y por no profesar éstos la Fe Católica, ¿Quién tendría entonces la facultad de designar al sucesor de Pedro?

    Algunos, como los partidarios de la llamada Tesis de Cassiciacum, pensarán que se debe reconocer algún tipo de «título colorado» u aparente a los seudo-cardenales actuales, a despecho de todo realismo y de lo definido por la Bula de Paulo IV Cum ex apostolatus, que veda cualquier posibilidad de reconocer legitimidad a no importa qué acto jurídico de un usurpador.

    Otros tomarían el partido de reclutar a los eclesiásticos, y quizás, los fieles laicos de Roma, dizque resistentes al modernismo, para que procedieran a tal elección. El problema es que estas personas se encuentran fuera de la Iglesia visible, y no tienen ningún poder en ella, mucho menos el de designar a un Papa. Bien dice San León IX que quien no está unido a la cabeza, no puede estar unido al cuerpo (de la Iglesia Romana).

    ¿Dónde se halla entonces al presente la Iglesia Romana? Se encuentra en aquellos fieles y eclesiásticos unidos a ella por la Profesión de la Fe íntegra, (Hoy día, eso incluye la recta profesión de la Fe Romana en la total infalibilidad del Papa in docendis, y de la indefectibilidad de su Fe, incluso como persona privada),
    el mantenimiento de la liturgia apostólica, en primer lugar, de la liturgia propia de Roma, tal como fue codificada para siempre por san Pío V y sucesores.
    Y también, por la obediencia que éstos tributan a todos los Papas, en primer lugar, a la definición contenida en la Bula de Pablo IV, y a las clarísimas disposiciones que éste deja esculpidas en bronce, previstas precisamente para una situación como la que estamos viviendo.

    Esos son los que deberán mostrar su asentimiento y sujeción, el día en que Nuestro Señor manifieste Su elegido.

    Pero…¿Pueden estos fieles hijos de la Iglesia Romana designar a su cabeza? No, en absoluto. Porque esa designación es un verdadero y propio acto de jurisdicción, verificado por unas personas, los cardenales, que eran Príncipes de la Iglesia precisamente porque tenían una jurisdicción universal sobre toda la Iglesia en su conjunto, derivada directamente de Pedro, aunque ésta no se ejercitara de manera personal, sino colegial.Esa es la razón por la que se les reconocía el primer puesto después del Papa, como criaturas suyas que eran, y como filacterias de su manto papal. Por esa razón se expresa la profecía del Digno pastor que hemos recordado hace poco del modo siguiente:
    «será cuando el resplandeciente manto de poder legítimo salga de las sombras en que se mantenía, por el cisma .»

    https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRU9F2St6ePO5N-nZUPG7hCmLgQ1Bmry58qUI4H-QzVnuz_t5GJMg

    También por esa razón, cualquier otro obispo o jerarca eclesiástico les cedía el trono con baldaquino símbolo de su jurisdicción sobre una porción de la grey racional de Cristo.

    https://encrypted-tbn3.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcQYiZauS5Y_ppz_dlV8gqUVQC1mEOfckULTU2QogKDkyliwmjZj

    https://encrypted-tbn3.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcSLwTN2YkAIZ2SkVs3XfC8n41kOMu81YMvqV-fz2DvD1jI5wfqJ

    Una vez desaparecidos todos los cardenales válidamente creados, no hay nadie con jurisdicción suficiente para designar a un nuevo Papa.
    (Salvo que se verifique la «hipótesis Siri», de la que otro día hablaremos).

    Por eso hablaba antes del elegido de Dios, porque será el mismo Fundador de la Iglesia el que con evidentes signos y milagros, y según cierto número de profecías, la intervención de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, columnas de la Iglesia Romana, volveremos a tener un Papa indudable, que servirá para manifestar lo que todavía late escondido en muchos corazones…

    Pero eso sólo ocurrirá cuando los cristianos reconozcan su situación, la culpa que tienen en ella, y como san Pablo, del que celebramos hoy la Conversión, se rindan humildemente al querer de Dios.

    Lo mismo ocurrió en el S. XV con otra autoridad sagrada, la monarquía francesa, cumplimiento en el Nuevo Testamento de las promesas hechas a David y su descendencia, fundada directamente por Cristo en la persona del Rey Clodoveo, y que se encontraba en una situación al menos tan crítica y aparentemente insoluble como la del Pontificado actualmente.

    Cuando el peso de las oraciones y lágrimas de los franceses y de todo el orbe cristiano llegaron a su límite previsto, envió Dios de una manera indudablemente milagrosa su salvación en la persona de una frágil pastora, santa Juana de Arco.

    Y en dos meses, había logrado cambiar totalmente la situación, porque todos los cristianos franceses leales se habían colocado en su ejército, manifestando así quién era y quién no era fiel a sus obligaciones.

    Así sucederá también, a no mucho tardar, como está repetidamente profetizado desde hace siglos.

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  3. Trabajemos, entonces, con la oración, la penitencia y el esclarecimiento de la situación a cuantos Dios nos ponga en el camino, para acelerar la Misericordia del Señor.
    Y gracias al dueño del blog y sus comentaristas por iluminar a los lectores.

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  4. Don Maimonan: le agradezco mucho por compartir exclentes artículos y documentación católica auténtica. Aprecio también su notable sentido de sana apertura al debate serio en tanto exista fundamentación católica realmente. Desde hace años estudio y obviamente, no solo por motivos intelectuales sino, espirituales, cúal es la realidad de la Iglesia en medio de esta crisis sin precedentes. Adherir a la Tradición a sido mi opción en todo este tiempo, pero obviamente, uno desea tomar una postura más concreta. Quizá nunca llegue a tener total certeza si me encuentro o no bien posicionado, peor una conclusión que em queda cristalina, es que NULLAM PARTEM con el conciliarismo se ha convertido en mi lema, que pienso no tner solo en abstracto, sino llevarlo a sus últimas consecuencias, pues sin juzgar con dureza a certos tradis, no me parece lógico vivir hablando de que existe una «NUEVA RELIGIÓN», «NUEVA IGLESIA», «SACRAMENTOS Y SACERDOCIO BASTARDOS», etc., pero seguir sosteniedno la legitimidad de la oficialiad y su identificación con la IGLESIA CATÓLICA. Aprecio sobremanera sus aportes en este blog y los constituyo parte de mi estudio. Deseo hacerle una pregunta: ahondado sobre el tema de la extensión de la INFALIBILIDAD PAPAL y las enjundiosas citas que hace, concluyendo en la imposibilidad de errar la SEDE ROMANA…en ese caso…¿habría aun así posibilidad de que las revelaciones privadas en la Aparición de la Virgen en la Salette, sean auténticas? Lo menciono, porque supuestamente, parte de ello es la siguiente frase. «ROMA PERDERÁ LA FE, Y SE CONVERTIRÁ EN LA SEDE DEL ANTICRISTO». Comprendo que nuestra fe no se basa en revelaciones privadas, aun las auténticas, pero qusiera concoer su opinión al respecto, porque obviamente, de haber alguna discrepancia insalvable, es católico decatanrse por el Magisterio, que no por presuntas apariciones o revelaciones privadas. Apreciare en mucho su respuesta. ¡Bendiciones!

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