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LO QUE HEMOS PERDIDO


LO QUE HEMOS PERDIDO

Rogamos encarecidamente a los que asisten a las «misas» del «Novus Ordo», buscando templos y capillas en donde se celebre «decorosamente», que reflexionen si deben seguir haciéndolo, o, por el contrario, rechazarla de plano. Desgraciadamente, sólo los fieles mayores de 60 años han conocido la verdadera Iglesia. El resto, han tenido la desgracia de crecer en medio de esta descomunal desacralización, y creen que siempre ha sido así. Los instamos a que vean íntegramente este impactante documental que expone el cambio sufrido después del Vaticano II con su «aggiormamiento» al mundo moderno y liberal. A los que han conocido la «otra Iglesia», que se den cuenta de la responsabilidad que tienen ante las nuevas generaciones, y obren en consecuencia. Además de los cambios de la Misa, este documental hace un pequeño resumen de los cambios obrados en TODOS los sacramento. ¿Siguen siendo válidos?

Fuente: catolicos alerta

GONE WITH THE WIND

40 años más tarde… LA OTRA CARA DE LA MONEDA ¿La misma Iglesia, la misma Fe, la misma Misa?

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1 respuesta »

  1. Excelente documental, que habla por sí mismo a todas las gentes sensatas, aunque no fueran creyentes, y llega a la buena conclusión, la más temida por los modernistas: ¿Es la iglesia salida del concilio la misma Iglesia Católica de siempre? Y la respuesta es un contundente NO.

    Ahora bien, there is an elephant in this room…¿Adivinan cuál es la cuestión absolutamente tabú, y que no han querido tocar ni de refilón?

    No es la de la invalidez de los sacramentos conciliares, en primer lugar, el Orden y la Misa, no. Esa, tienen el valor de apuntarlo.

    Dejan aparte la cuestión de si las diferentes sedes episcopales, y sobre todo la primera de ellas, la de Roma, siguen ocupadas por verdaderos pastores o no.

    Dicen ser «the remnant church», y apuntan muy bien dos de los tres criterios necesarios para poder ser considerados «los» auténticos católicos:

    Efectivamente, mantienen la Fe católica íntegra, cosa que los conciliares, incluso conservadores, no hacen, desde el momento en que adhieren al Concilio, aunque sea «interpretado a la luz de la Tradición».

    También procuran mantener la liturgia apostólica, aun usando la liturgia parcialmente deformada por las intervenciones bugninianas consagradas por el llamado «Misal de Juan XXIII».

    Pero callan completamente sobre el tercer criterio, sin embargo, igual de fundamental, el de sujeción a los pastores LEGÍTIMOS. Que nos indica que si tenemos deber estricto de reconocer al Papa y a los obispos en comunión con él como nuestros superiores en el orden eclesiástico, y obedecerles conforme a las leyes canónicas, siempre que sean legítimos.

    Parecen olvidar que, con igual rigor, tenemos la obligación de rechazar a los usurpadores, que no tienen ningún título para presentarse como pastores, y aspirara a ser reconocidos y obedecidos. Todo su documental es una prueba aplastante de la ilegitimidad de los «pastores» que han organizado este desastre.

    De éste último e importantísimo criterio, ni una palabra. Pues lo siento mucho, para merecer de Dios una restauración, no basta con volver a la Fe de nuestros catecismos, y a una «Misa tradicional», o peor, a una «Misa por el modo extraordinario», celebrada quizás por un sacerdote inválido, y en lugar inapropiado como lo es un templo luterano, sin cumplir con nuestro deber de denunciar a los invasores y asesinos del rebaño de las ovejas racionales de Cristo.

    Visto que hablan de la peregrinación de Chartres, y en ella se inspiran, supongo que se encuentran entre los movimientos «ecclesia Dei» y la FSSPX, se entiende que no quieran abordar este problema bajo ningún concepto, pero eso no los excusa.

    Si los que pretenden ser católicos no tienen la valentía de afrontar este problema hasta sus últimas consecuencias, que implican, entre otras cosas, el procurar volver a tener al originador de la jerarquía de jurisdicción, es decir, la designación de un Papa verdadero, poniendo de nuestra parte todo lo necesario para ello, no podremos tener la cara de plantarnos ante el altar de Dios solicitando que nos envíe un Papa, porque Él nos contestará: «¡No os conozco!»

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