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SOBRE LA INFALIBILIDAD PONTIFICIA SEGÚN EL P. BARBARA


Éste es el mensaje del P. Méramo recibido en el día de hoy y que reproducimos a continuación.
SOBRE EL MAGISTERIO INFALIBLE

Por el P. Méramo

Sobre un artículo del P. Barbará

Estimado Señor Director del blog Amor de la Verdad, con fecha del 20 de agosto del corriente año, aparece un artículo del Padre Barbará sobre la infalibilidad del Papa considerando que éste es infalible en su magisterio ordinario y que esto es una verdad de fe divina; el P. Barbará lo refuté en un escrito publicado con el título: “Sobre el libro del P. Barbará” del 7 de abril de 1996, y que no pudo rebatir (siendo una persona que no tenía pelos en la lengua) y no porque no lo hubiera recibido o que no lo hubiera leído, pues justamente las hermanas Alejo se lo estaban traduciendo al francés para leerlo.

En su libro “La Bergerie du Christ et le loup dans la Bergerie” el P. Barbará 
ya expresaba, para defender su posición sedevacantista, el error de confundir magisterio ordinario del Papa, con el magisterio ordinario universal de la Iglesia, pues es evidente que los dos términos y conceptos teológicos, no se identifican. No se debe confundir esto, porque es evidente que el Papa no es la Iglesia, pues esta es un todo completo y acabado, mientras que el Papa es parte de ese todo, aunque sea su piedra y su fundamento; es lo mismo que confundir los fundamentos de una casa, con todo el edificio equiparándolo o identificándolo.

El magisterio ordinario universal de toda la Iglesia que es infalible, lo componen o integran todos los obispos, incluido el Obispo de Roma, el Papa, que es su cabeza. Es el magisterio de todos y no de cada uno de los obispos aisladamente o por separado. El magisterio ordinario del Papa solo, no es ni puede ser el magisterio ordinario universal de toda la Iglesia, que por definición es el de todos los obispos incluido el Papa mismo.

Es una falta de óptica atribuir el magisterio ordinario universal de la Iglesia a uno de sus miembros, aunque sea al principal de ellos, lo que corresponde al todo.

De otra parte, hay que recordar que lo que está definido como infalible por la Iglesia no es el magisterio ordinario del Papa, sino el magisterio extraordinario o solemne del Papa solo (aisladamente), cuando habla ex cathedra; sin olvidar que el Papa goza por ser la cabeza y fundamento de la Iglesia visible, de la misma infalibilidad que tiene la Iglesia toda en el conjunto de todos sus obisposY nótese bien, la definición dice que el Papa goza de la misma infalibilidad de la Iglesia, y no que la Iglesia goza de la misma infalibilidad del Papa, como es la tendencia ignara y despistada que se acentuó después de la definición del dogma de la infalibilidad del Papa.

No entender esto, es un problema que denota una clara deficiencia teológica sobre el tema.

El problema de fondo en todo esto, es que a raíz de la herejía de Roma Apóstata y de los Romanos Pontífices que la encabezan, muchos tradicionalistas para defenderse del error y la herejía modernista y de Papas herejes, echaban mano a cuestiones teológicas que les permitieran afirmar la sede vacante de una manera apodíctica y dogmática, es decir como un imperativo de fe que se debe de aceptar so pena de caer en herejía. Cuando en realidad lo que había que hacer era considerar teológicamente el problema, llegando a una conclusión teológica evidente quoad sapientes, pues en su momento no era fácil que lo fuera para todos, pero sin pretender que dicha conclusión fuese un dogma, pues ninguna conclusión teológica es dogma de fe por muy cierta y evidente que sea hasta que la Iglesia, por su magisterio infalible, no lo defina.

Hablar del magisterio universal de la Iglesia del Papa solo, es un contrasentido teológico y además un error de identificar como sinónimos o equivalentes Papa e Iglesia, siendo que son términos y conceptos distintos y no idénticos.

De otra parte, tampoco se puede confundir como términos y conceptos iguales o equivalentes, magisterio ordinario del Papa, con magisterio del Papa ex cathedra, que es el magisterio extraordinario del Papa solo, unilateralmente.

El que no es capaz de ver y distinguir esto, no tiene capacidad teológica para comprender el tema y mucho menos para hablar de él. Pues ese es el problema, sobre todo ahora, de muchos fieles que con sus rudimentarios conocimientos de teología, pretenden ser teólogos y pontificar sobre un tema que no abarcan comprenden ni entienden.

En el escrito al que hice alusión y que lleva el título “Sobre el libro del Padre Barbará” del 7 de abril de 1996 ya advertía:“toda la prueba de la sede vacante se reduce para el P. Barbará, a la falsa noción que él tiene sobre lo que es el magisterio infalible de la Iglesia y en consecuencia el magisterio del Papa y de la obediencia al mismo, pero advirtiendo que:
en primer lugar no se trata de refutar la tesis obre la sede vacante, la cual es defendible teológicamente, sino de evitar el error (o los errores) sobre el cual el P. Barbará se basa para defender esta tesis. Se trata en consecuencia de corregir los fundamentos en los cuales se basa el P. Barbará para defender (o apoyar) una tesis como la sede vacante, que por otro camino, (medio) es teológicamente defendible”. (Ibídem, p.1).

Como es sabido, el magisterio ordinario universal es el magisterio unánime de todos los obispos dispersos por el mundo en sus diócesis, bajo su cabeza, el Obispo de Roma, el Papa, pero no es el magisterio de cada uno de ellos en particular ni del Papa, sino de todos, del conjunto, es decir, del cuerpo o colegio episcopal.

“Si bien el Magisterio Infalible de la Iglesia es uno solo, no obstante hay dos modos (vías) de realizarse: el uno Magisterio Ordinario Universal; el otro, el Magisterio Extraordinario o Solemne. A su vez el Magisterio Extraordinario tiene una doble versión: la de los Concilios Ecuménicos y la del Papa solo cuando habla ex cathedra. Pero para el P. Barbará, el Papa (solo) es infalible tanto en su Magisterio Extraordinario cuando habla ex cathedra, como en su Magisterio Ordinario, confundiendo ambos modos, en una sola cosa, diciendo categórica e irreflexivamente que: ‘la infalibilidad del magisterio ordinario del Papa es una doctrina de fe definida con el mismo título que su magisterio extraordinario’. (La Bergerie… p.195)”. (Ibídem. p.2).

En primer lugar esto es falso, es no distinguir entre magisterio ordinario del Papa y Magisterio Ordinario Universal de la Iglesia, y por tanto, no del Papa solo y de tal o cual Obispo aisladamente, sino de la Iglesia (toda la jerarquía docente) es decir todos los obispos con el Papa a la cabeza dispersos por el mundo enseñando unánimemente acerca de la fe y la moral, pues la Iglesia no puede equivocarse.

El que quiera más explicitación sobre el tema, pues la puede encontrar en dicho escrito.

P. Basilio Méramo

Bogotá 22 de Agosto de 2013

En la fiesta del Inmaculado Corazón de María

4 respuestas »

  1. Procurando contestar según nuestro leal saber y entender a la atenta reacción del estimado P. Méramo, diré en primer lugar que mi principal intento en estas pocas líneas no es, ni defender al P. Barbara, que lo sabía hacer él solito perfectamente, y a quien no llego a la suela del zapato, ni encausar el escrito del P. Méramo, enderezado a la refutación del dicho P. Barbara.

    Sólo me referiré a lo que viene expresado en el texto publicado más arriba.

    Convendría separar dos cuestiones diferentes, como son, en primer lugar, la infalibilidad del Papa en su magisterio ordinario, cuestión permanente en la Iglesia, de la segunda, y coyuntural, sobre si la Sede Apostólica está vacante, y si ello puede conocerse con certeza, o con opinión meramente probable.

    De todo el escrito del P. Barbara, no se desprende el que confundiera los dos modos de magisterio, los distingue perfectamente, como se puede comprobar leyendo el amplio artículo , del número 22 de “Forts dans la Foi”, en que trata por extenso el tema de la infalibilidad del magisterio ordinario del Papa solo, y no deja nada que desear en cuanto a explicación de esta importante creencia. Precisamente por esa razón, lo hemos traducido.

    No he llegado a leer la obra que cita el P. Méramo, “La bergerie du Christ, et le loup dans la Bergerie”, por lo que debo abstenerme de opinar sobre ella, limitándome a lo publicado en este blog. Seguiré el orden de los párrafos.

    Estoy totalmente de acuerdo en que magisterio ordinario del Papa y magisterio ordinario universal son dos conceptos teológicos diferentes que no se identifican.

    Puede haber un sentido, obvio, en que el Papa no es (toda) la Iglesia, pero no deja de ser verdad que la Iglesia está representada y resumida en su Cabeza Visible, cosa que admitían hasta galicanos como Almain, cuando reconocía que la Iglesia de Roma asumía por sí sola la representación, y hablaba por y en nombre de todas las demás Iglesias del Universo, por lo que muy realmente podía decirse que nada de la Iglesia dejaba de ser del Papa.

    También estoy de acuerdo en que lo definido por el Concilio Vaticano I es únicamente lo que pertenece al magisterio extraordinario del Papa solo, en que se precisa que es infalible por sí mismo, sin que necesite del concurso de los demás miembros de la Iglesia docente para que sus definiciones sean infalibles, y obliguen bajo pena de excomunión, cisma y herejía.

    ¿Qué sentido tiene afirmar que el Papa goza de la misma infalibilidad que la Iglesia?

    Según opinan algunos, la Iglesia docente, es decir, los obispos residenciales, detentadores de un poder de jurisdicción ordinaria, gozaría por sí misma de la infalibilidad, con la condición de estar en comunión con el Papa. Éste, a su vez, sería infalible, sólo porque participaría de una cualidad que no le pertenece propiamente a él, sino al conjunto de los pastores legítimos de la Iglesia. Así, ni los obispos serían infalibles sin él (cosa cierta), ni él sería infalible sin el concurso de los obispos, detentadores habituales “in solidum” del privilegio de la infalibilidad., no siendo el Papa en esto sino un obispo más, aunque eso sí, el primero de ellos, portavoz, pero no origen ni causa, de esa infalibilidad general de la Iglesia.

    No es así cómo los mejores doctores católicos han explicado esa prerrogativa papal. Sólo al Papa pertenece la infalibilidad como cosa propia, participada no del cuerpo de la Iglesia, sino directamente del mismo Dios, fuente última y originaria de esa imposibilidad de enseñar el error. El resto del Cuerpo eclesial participa de esa infalibilidad en el modo y medida conveniente a su situación, así como al prudente arbitrio del que no en vano se llama Soberano Pontífice.

    Así, si los Concilios Generales son infalibles, no es porque el Papa participe de una infalibilidad general presente en todo el cuerpo de la Iglesia, reunida y representada en sus pastores, al modo en que el alma informa al cuerpo, sino que es el Papa el que comunica a los obispos, en el modo y medida conveniente, una prerrogativa que sólo a él pertenece en propio.

    Si los mismos obispos dispersos por el mundo son infalibles en su magisterio ordinario universal, también es porque esa infalibilidad les viene participada y comunicada por el Sumo Pontífice.

    Y si los mismos fieles son infalibles, con infalibilidad pasiva, también se debe a que participan de la solidez de esa piedra que tiene las Promesas de Aquél que ni se engaña ni nos engaña.

    No hemos tenido que esperar a que Roma católica y papal se viera ocupada por los piamonteses clericales del Vaticano II, ni a que falsos Romanos Pontífices enseñaran los errores modernistas (aunque por sus palabras, parece que el P. Méramo aún los reconoce como verdaderos Romanos Pontífices), para plantearnos el tema de la procedencia de la infalibilidad de la Iglesia, así como el de la posibilidad de una Sede Vacante por invasión del trono romano por un Papa meramente aparente.

    Ni han sido los “tradicionalistas (simplemente, los católicos)”, los que han afirmado apodíctica y dogmáticamente la posibilidad de esa Sede Vacante, incluso muy prolongada en el tiempo, no como una doctrina probable, sino como una definición estrictamente obligatoria para todo católico.

    Ha sido la autoridad soberana de la Iglesia, por boca de sus Sumos Pontífices, la que ha retirado esta cuestión del ámbito de las conclusiones disputables, evidentes quoad sapientes o no, y la ha definido definitivamente y para siempre, con el fin de que si alguna vez llegaba a producirse esa situación, la grey de Cristo no estuviera sometida a las controversias de sabios y menos sabios, sino que tuviera un fundamento teórico y práctico fácilmente conocible, y sin posibilidad de error.

    Habrán reconocido, sin duda, la Bula de Paulo IV, Cum ex Apostolatus, en que se codifica la doctrina y la práctica corrientes en la Iglesia, y numerosas veces aplicadas a lo largo de la Edad Antigua y la Edad Media. En esta Bula, es el mismo Papa el que proclama claramente su intención de definir, es decir, de determinar de manera autoritativa, definitiva, para siempre, con estricta obligación de obediencia por parte de todos los católicos, aquello que es necesario creer, y aquello que a consecuencia de lo primero es necesario obrar, si alguna vez se hacía realidad la situación que el Papa Caraffa había evitado por los pelos en el S. XVI.

    Pero como veíamos hace pocos días con la cuestión de la invalidez de las órdenes anglicanas,

    http://moimunanblog.wordpress.com/2013/08/21/por-que-existe-division-entre-los-tradicionalistas/

    nunca han faltado malos católicos para pretender que las cuestiones que los Papas cerraban a la discusión seguían abiertas, y que por ende, los teólogos podían y debían discutir “teológicamente” el problema, para al final, llegar a una conclusión sólo probable, y que por su propia naturaleza, no tenía entidad para imponerse “apodícticamente y dogmáticamente”.En el S. XIX, León XIII tuvo la extrema mansedumbre de recordarles que esa cuestión ya estaba decidida, determinada y cerrada, pero que para mayor ilustración de los anglicanos, consentía en que fuera de nuevo examinada.

    En el caso de la Bula de Paulo IV, no faltaron tartufos para declarar campanudamente que sólo tenía vigencia mientras el Papa que la promulgó siguiera vivo, por lo que su sucesor san Pío V reafirmó su valor perenne, y ordenó que fuera observada “ad unguem”, estrictísimamente.

    Que yo sepa el P. Barbara no era ningún ignorante, dueño solo de conocimientos rudimentarios en Teología, ni hablamos aquí de los fieles, absolutamente desorientados por el monumental lío armado por los “sapientes” que no han querido ni quieren ahora sujetarse con humildad a lo ya determinado por la Santa Sede.

    Confiesa el P. Méramo que su interés principal reside en los fundamentos que toman unos y otros para asentar la posición llamada sedevacantista. En efecto, parece interesar que esos fundamentos sean endebles, discutidos y discutibles, meramente probables, sin que se llegue jamás a una certeza, que por una parte, evitaría radicalmente toda tentación de mirar hacia la Roma ocupada, y por la otra, obligaría a tomar las disposiciones prudentes permitidas por las circunstancias, en orden a hacer cesar una situación de Sede Vacante indudable…

    Admitir que un Papa verdadero nunca puede enseñar el error a la Iglesia, y que por el contrario, el error presente en la enseñanza oficial de un “Papa” aparente es, por definición papal, signo indudable e infalible de la ilegitimidad del ocupante de la Sede petrina, también eliminaría de un solo golpe el “tradi-ecumenismo”, puesto que si se reconociera que ya existe una doctrina y práctica estrictamente mandada por los Papas, significaría que los “tradis” que llevan decenios negándose a obedecer una orden directa y claramente notificada son por lo menos desobedientes, y quizás cismáticos, o directamente heréticos, al menos algunos de ellos. Ya no se les podría reconocer como parte de la Iglesia Visible, puesto que no cumplirían el tercer criterio de pertenencia a ella (Sujeción a los pastores legítimos, con el consiguiente y obligatorio rechazo de los ilegítimos), y quizás, al menos algunos, tampoco cumplirían el primero (Creer y profesar la Fe Católica íntegra).

    Podría conceder que en ese pasaje de la obra citada (La Bergerie…), la distinción entre los diversos modos de ejercicio del magisterio podría haber sido más precisa, puesto que normalmente, se suele distinguir el magisterio ordinario del Papa sólo, del magisterio ordinario y universal.

    Desde luego, la infalibilidad del Papa sólo, en su magisterio ordinario, no ha sido definida como lo ha sido, por ejemplo, su independencia del consenso de la Iglesia a la hora de usar del modo Extraordinario de su magisterio.

    Pero como precisa en otro lado el P. Barbara, ha sido por la sencilla razón de que no era necesario, puesto que era una verdad pacíficamente asumida y aceptada por todos, predicada por el magisterio ordinario y universal, esto es el Papa y los obispos, y universalmente creída, antes de que las sofisticaciones de los galicanos intentaran volver a ganar con malas artes lo que habían perdido en buena lid con la definición del Concilio Vaticano I.

    La infalibilidad del Papa en su magisterio ordinario no ha sido (todavía) objeto de una definición solemne, pero por su predicación por parte del magisterio ordinario y universal, forma parte de aquellas verdades cuya negación podría entrañar la nota de herejía

    Así ha ocurrido con otras verdades a lo largo de la historia. Por ejemplo, la Asunción de Nuestra Señora a los Cielos no fue objeto de definición ex cathedra hasta 1950. Sin embargo, su predicación a través del magisterio ordinario y universal la situaba en el número de las creencias estrictamente obligatorias para todo católico, de modo que sus negadores ya eran herejes antes de 1950.

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  2. Ilustrando lo expresado por Fr. Lugo:

    Capítulo XII
    Cómo, al dudar un fraile Predicador
    acerca de la virginidad de María,
    fray Gil hizo nacer tres lirios

    En tiempo de fray Gil hubo un gran maestro de Teología de la Orden de Predicadores que padeció durante muchos años fuertes dudas acerca de la virginidad de la Madre de Cristo, pues le parecía imposible que pudiese ser madre y virgen a un tiempo. Pero, como verdadero católico, se dolía mucho de su duda y deseaba hallar algún varón iluminado de Dios que le librase de ella. Tuvo noticia de la santidad de fray Gil, y cómo muchas veces era arrebatado en éxtasis y permanecía elevado en el aire, por lo cual se determinó a ir en busca de él.

    Estaba fray Gil de noche en oración, y le manifestó Dios la tentación de aquel fraile y cómo a la mañana vendría a declarársela. Fray Gil tomó un báculo en que solía apoyarse, porque era ya muy anciano, y salió a su encuentro. En cuanto le vio venir, sin darle tiempo a que saludase ni dijese palabra, hirió la tierra con el báculo, diciendo:

    — Hermano Predicador, ¡virgen antes del parto!

    Y en el mismo sitio donde dio con el báculo brotó al instante un lirio hermosísimo.

    Dio luego otro golpe y dijo:

    — Hermano Predicador, ¡virgen en el parto!

    Y nació otro lirio blanquísimo.

    Tercera vez hirió el suelo diciendo:

    — Hermano Predicador, ¡virgen después del parto!

    E inmediatamente brotó un tercer lirio. Después de esto fray Gil huyó.

    El maestro Predicador, sintiéndose repentinamente libre de su duda y tentación, preguntó, muy asombrado, si aquél era fray Gil, y le dijeron que sí. Desde entonces le tuvo siempre grandísima devoción, y lo mismo a toda la Orden.

    En alabanza de Jesucristo y del pobrecillo Francisco. Amén.

    Ya era Doctrina Comun en la Iglesia (‘lo que se ha creido siempre y en todas partes’)

    ——————————————————————————————-

    He aqui por que ser(a/ia) cosa practicamente imposible (por los medios ordinarios) que se pueda llegar a un concenso sobre los electores/electo en el caso de que se diera un Conclave Catolico.

    Lo curioso del caso es que, Dios, sabiendo mejor que nadie, lo que pasaba con la Iglesia y con la humanidad, debio de actuar de tal modo que con lo que se alcanzo a lograr (Concilio Vaticano I, y Papas ejerciendo Magisterio hasta Pio XII), debe de ser suficiente para que podamos ir tirando hasta que se llegue a una solucion.

    Dios no hace las cosas a medias.

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  3. El tan mentado tema de la infalibilidad pontificia necesita ser atado cada tanto a conceptos básicos, como para que el barrilete (la cometa, para españoles) de las interpretaciones personales no termine cortando el hilo y se pierda llevado por el viento.
    Claro está que este tema es muy grave, porque pone en peligro la salud del alma de incontables católicos de buena voluntad. ¿Y cómo pone en peligro a esas almas? Induciéndolos a creer que en la Iglesia Conciliar, que no es la Católica, pueden encontrar sacerdotes válidamente ordenados, sacramentos de Confesión y Comunión válidos, etc. Les impide ver que aunque se tratara de un viejo prelado ordenado y/o consagrado antes de 1968, vale decir sacerdote u obispo válido, sería ministro de una secta hereje, y no miembro de la Iglesia Católica hoy ¡ay! conducida por una papa que “cayó en herejía”.
    Si leemos en algún análisis que se habla de “papas herejes”, ya sabemos que nada bueno puede obtenerse allí. Sería como si alguien hablara de los “vivos muertos”, de los “sanos enfermos”. Con tal confusión, el analista no puede llegar a buen puerto.
    Ese analista pasa por alto el alcance de las promesas, de las oraciones, de la voluntad de NSJC.
    “Ciertamente su apostólica doctrina fue abrazada por todos los venerables padres y reverenciada y seguida por los santos y ortodoxos doctores, ya que ellos sabían muy bien que esta Sede de San Pedro siempre permanece libre de error alguno, según la divina promesa de nuestro Señor y Salvador al príncipe de sus discípulos: «Yo he rogado por ti para que tu fe no falle; y cuando hayas regresado fortalece a tus hermanos» (Fragmento del cap. 4 de Pastor Aeternus).
    Pasa también por alto lo que la Iglesia siempre creyó y enseñó, dando prioridad a lo que su inteligencia se aviene a aceptar como válido o posible. Y este peligro, paradójicamente, es mucho mayor en los que más estudios tienen. El cúmulo de información recibida (que no es lo mismo que formación) los aleja de la simpleza y humildad necesarias, que permiten creer sin reparos en la omnipotencia de Aquél que “rogó por Pedro para que su fe no falle”. ¿Es que es posible que ese ruego haya sido desoído? ¡Oh mal Padre que encomiendas tus ovejas y corderos a un Pastor que puede dormirse y dejar el campo libre a los lobos!
    Recordemos que el que rechaza una sola verdad de fe porque no conforma a su inteligencia, en realidad no ha aceptado ninguna sin antes haberla pasado por esa criba. No tiene la Fe.
    Otro aspecto de suma importancia es el de llevar y traer, zamarreándolo de los pelos, al concepto encerrado en dos palabritas muy mentadas: “ex cathedra”; y para mí que allí esta el origen de todos los errores.
    Creo que él solo merecería un libro. Dicen que “ex cathedra” quiere decir “solemne”, y que para alcanzar tal condición se debe hacer explícita mención de la voluntad de dirigirse a toda la Iglesia y además expresar la condición de Pastor Supremo. Por el momento, conformémonos con hojear el Denzinger, compendio de “El Magisterio de la Iglesia”, que está al alcance de todos: sabios y profanos. Este libro lleva el orden cronológico de los papas, de los cuales se extraen las enseñanzas que sientan doctrina.
    Como es de esperar, empieza por San Pedro, y remite, sin desarrollarlas, a sus dos epístolas. La primera de ellas ¡oh caramba! no es dirigida a todos los católicos del mundo, sino “a los advenedizos de la diáspora en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia”. No es por lo tanto “ex cathedra”. La segunda es dirigida “a los que han alcanzado la fe” No muy formal la definición, pero podría pasar.
    Sigue con el cuarto papa, San Clemente I con sus cartas a los corintios. Más adelante san Cornelio con cartas a san Cipriano y a Fabio, obispo de Antioquía. Luego San Esteban I con una carta a san Cipriano… Y llegamos a los papas de nuestros días, con multitud de encíclicas, documentos normalmente tenidos como no alcanzados por la infalibilidad, ¡y hasta discursos!
    Y en estas cartas y documentos “personalizados” es decir no dirigidos a la Iglesia en su totalidad encontramos profesiones de fe dictadas para reintegrar herejes a la unidad de la Iglesia, definiciones sobre los sacramentos…
    Conclusión: el Denzinger es en su mayor parte un compendio de opiniones de los distintos papas (por supuesto muy dignas de ser respetadas como que vienen del papa), compartidas con tal o cual obispo o auditorio, con tal o cual región del mundo, con tal o cual grupo de herejes. Y como opiniones, si nuestra inteligencia y nuestros estudios nos lo permiten, somos libres de discutirlas. Por supuesto con buena voluntad e intención de llegar a la Verdad.
    Entonces, no es más que una opinión lo expresado por san León IX (carta a Miguel Cerulario y León de Acrida; sólo un ejemplo entre tantos) en la que dice:
    D-351 Cap. 7. … La Santa Iglesia edificada sobre la piedra, esto es, sobre Cristo, y sobre Pedro o Cefas, el hijo de Jonás, que antes se llamaba Simón, porque en modo alguno había de ser vencida por las puertas del infierno, es decir, por las disputas de los herejes, que seducen a los vanos para su ruina. Así lo promete la verdad misma, por la que son verdaderas cuantas cosas son verdaderas: Las Puertas del infierno no prevalecerán contra ella [Mt 16, 18], y el mismo Hijo atestigua que por sus oraciones impetró del Padre el efecto de esta promesa, cuando le dice a Pedro: Simón, Simón, he aquí que Satanás… [Lc 22, 31]. ¿Habrá, pues, nadie de tamaña demencia que se atreva a tener por vacua en algo la oración de Aquel cuyo querer es poder? ¿Acaso no han sido reprobadas y convictas y expugnadas las invenciones de todos los herejes por la Sede del príncipe de los Apóstoles, es decir, por la Iglesia Romana, ora por medio del mismo Pedro, ora por sus sucesores, y han sido confirmados los corazones de los hermanos en la fe de Pedro, que hasta ahora no ha desfallecido ni hasta el fin desfallecerá?
    D-352 Cap. 11. … Dando un juicio anticipado contra la Sede suprema, de la que ni pronunciar juicio es lícito a ningún hombre, recibisteis anatema de todos los Padres de todos los venerables Concilios…
    D-353 Cap. 32. Como el quicio, permaneciendo inmóvil trae y lleva la puerta; así Pedro y sus sucesores tienen libre juicio sobre toda la Iglesia, sin que nadie deba hacerles cambiar de sitio, pues la Sede suprema por nadie es juzgada [v. 330 ss]… (Si Juan XXIII y sucesores fueron y son verdaderos papas, ¿quién le pone el cascabel al gato? Menos mal que la reproducida no es una definición ex cathedra).
    Perfecto, pero ¿qué quiere decir “ex cathedra”?
    Un párrafo de Pastor Aeternus nos ayuda a aproximarnos a la verdad:
    Para cumplir este oficio pastoral, nuestros predecesores trataron incansablemente que la doctrina salvadora de Cristo se propagase en todos los pueblos de la tierra; y con igual cuidado vigilaron de que se conservase pura e incontaminada dondequiera que haya sido recibida. Fue por esta razón que los obispos de todo el orbe, a veces individualmente, a veces reunidos en sínodos, de acuerdo con la práctica largamente establecida de las Iglesias y la forma de la antigua regla, han referido a esta Sede Apostólica especialmente aquellos peligros que surgían en asuntos de fe, de modo que se resarciesen los daños a la fe precisamente allí donde la fe no puede sufrir mella[26]. Los Romanos Pontífices, también, como las circunstancias del tiempo o el estado de los asuntos lo sugerían, algunas veces llamando a concilios ecuménicos o consultando la opinión de la Iglesia dispersa por todo el mundo, algunas veces por sínodos particulares, algunas veces aprovechando otros medios útiles brindados por la divina providencia, definieron como doctrinas a ser sostenidas aquellas cosas que, por ayuda de Dios, ellos supieron estaban en conformidad con la Sagrada Escritura y las tradiciones apostólicas.
    ¿Qué hicieron toda la vida los católicos? A veces individualmente, a veces reunidos en sínodos, refirieron a la sede de Pedro los peligros que surgían en asuntos de fe. Descargaban su responsabilidad en la “cathedra” de Pedro. Y Pedro, a través de sus sucesores, respondía desde su cátedra (ex cathedra)a quienes pedían su definición, algunas veces aprovechando otros medios útiles brindados por la divina providencia
    Sigamos con Pastor Aeternus El Romano Pontífice, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos…. Habla ex cathedra tanto a través de las definiciones de un concilio (Pastor Aeternus) como a través de una carta dirigida a un obispo en particular, o un discurso dado ante un auditorio reducido. Si un obispo o aún un particular consulta a un papa sobre materia de fe o costumbres, lo consulta como a papa, esto es como a pastor y maestro de todos los cristianos. Y cuando él responde lo hace de la misma manera: como pastor y maestro de todos los cristianos. Lo hace ex cathedra, aunque su respuesta vaya dirigida a una persona en particular.
    Hay kilómetros de estanterías en las bibliotecas con trabajos de eruditos y sabios y teólogos y filósofos que quieren disminuir el alcance de la expresión “ex cathedra” Y llegará el día en que alguien hasta estipule cuál es el atuendo que tiene que lucir el papa en el momento de hablar ex cathedra.
    Pamplinas.

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