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ASENTIMIENTO DE FE DIVINA Y CATÓLICA AL MAGISTERIO ORDINARIO


imagePIO IX (1846-1878)
(De la epístola «Tuas libenter», al arzobispo de München-Frissing, 21 de diciembre de 1863)
 
     No se trata en este documento de nada que afecte directamente a la Sagrada Escritura. Lo recocemos porque la Pontificia Comisión Bíblica, en su edición del Enchiridion Biblicum del año 1927, lo incluía en nota al «motu proprio» Praestantia Scripturae Sacrae, para ilustrar el asentimiento que se debe prestar a las respuestas de la Comisión Bíblica, así como al decretoLamentabili y a la encíclica Pascendi.

     Pío IX enseña, como más tarde definirá el Vaticano, que se debe creer con fe divina y católica no solamente lo definido por el magisterio infalible en documentos de carácter dogmático, sino también lo que el magisterio ordinario enseña unánimemente como de fe.

     Añade que los maestros y escritores católicos deben asimismo asentimiento a las demás enseñanzas de las Congregaciones romanas en materia doctrinal.
 
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     Y al paso que les tributamos las debidas alabanzas por haber profesado la verdad que necesariamente se sigue de la obligación de la fe católica, queremos creer que no han querido coartar a solas aquellas cosas que son propuestas por el juicio infalible de la Iglesia como dogmas de fe, que deben ser creídos por todos, la obligación que grava a los maestros y escritores católicos. Creemos asimismo que no han querido declarar que aquélla perfecta adhesión a las verdades reveladas, reconocida por ellos como necesaria para conseguir el verdadero progreso de las ciencias y para refutar los errores, se pueda obtener con sólo prestar fe y obsequio a los dogmas expresamente definidos por la Iglesia. Porque, aunque se tratara de aquella sujeción que se debe prestar a la fe divina, no se debería limitar a lo que ha sido definido en los decretos expresos de los concilios ecuménicos, de los Romanos Pontífices o de esta Sede, sino que se debe extender también a todas aquellas cosas que son enseñadas como divinamente reveladas por el magisterio ordinario de toda la Iglesia dispersa por el mundo y, consiguientemente, son consideradas por los teólogos católicos, con universal y constante consentimiento, como pertenecientes a la fe.
 
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     Pero, tratándose de aquella sujeción a que están obligados en conciencia todos los católicos que se dedican a las ciencias contemplativas para procurar con sus escritos nuevas utilidades a la Iglesia, deberán reconocer los mencionados congresistas que a los sabios católicos no les basta con aceptar y venerar dichos dogmas de la Iglesia, sino que es necesario también que se sometan a las decisiones doctrinales emanadas de las Congregaciones pontificias y a los puntos de doctrina considerados por el común y constante consentimiento de los católicos como verdades teológicas y como conclusiones de tal manera ciertas, que las opiniones contrarias, aunque no puedan decirse heréticas, merezcan, sin embargo, alguna otra censura teológica.

De Fundación San Vicente Ferrer

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