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UN COMENTARIO MUY OPORTUNO EN LA FESTIVIDAD DE SAN PEDRO CRISÓLOGO


[Rescato el siguiente comentario del post sobre San Pedro Crisólogo en el día de su festividad, el cuatro de diciembre.

Yo creo firmemente en la creación de un Papa Santo por el mismo SAN Pedro, aunque sea muy poco antes de la segunda venida de Cristo. A la objeción que dice que Cristo afirmó que apenas encontraría cuando volviese “La” Fe en la tierra , creo que se refiere a su venida no gloriosa ni física sino como “Tremendo Juez” durante la gran apostasía de nuestros días en los que ocurrirá la Gran Tribulación, tal que no la hubo antes ni la habrá DESPUÉS (lo cual quiere decir que correrá el tiempo (poco o mucho) antes de su Segunda Venida en Gloria y Majestad, al fin del mundo. Es decir, creo que la Segunda Venida se desdobla en dos tiempos uno preparatorio y espiritual, para castigar a las Naciones ( las cuales no pueden ser juzgadas como lo serán las personas individuales ) tal cual es la Venida del Juez Tremendo en el Juicio de las Naciones o Día del Señor o Día de la Ira ( lo cual está anunciado en muchos profetas del Antiguo Testamento) durante la Gran Tribulación y otro la Segunda Venida propiamente dicha, en Gloria y Majestad al fin del Mundo, cuando serán juzgadas las personas individuales.
[Ideas tomadas de las publicaciones de Don Benjamin Martin Sánchez]

[

Que San Pedro designará un nuevo papa es algo que predicen las dos Beatas Trinitarias Isabel CANORI y Ana María Taigi , ambas con sus restos incorruptos y hacedoras de muchas profecías, muchas de las cuales ya se han cumplido. De la Beata Taigi se dice en su bula de beatificación que fue un “Caso único entre los fastos de la santidad” por sus numerosas profecías y videncias (en aquel sol que siempre la acompañaba). ]

James Stuart

Muy interesante la figura de san Pedro Crisólogo, entre muchas razones, por las dos siguientes:

– Primero, por la manera en que fue elegido. Porque los ravenenses ya habían elegido su propio candidato, y se dirigieron al Papa para que confirmara la elección. Pero he aquí que se le aparecieron san Apolinar, primer obispo de Rávena, y sobre todo, san Pedro Apóstol, y le desaconsejaron que confirmara el nombre de esa persona para el cargo, y en cambio, escogiera a Pedro, aún diácono, que había venido a Roma junto a los demás miembros de la delegación.

Aquí podemos ver cómo san Pedro sigue viviendo, gobernando y proveyendo no sólo para su Sede, sino también para las demás. Y sobre todo, es un precedente de lo que está anunciado por varias profecías atendibles, a saber, que llegará el día en que él mismo personalmente, haciendo uso de sus derechos primaciales, que nunca han caducado, elegirá un Papa, puesto que los electores designados, es decir, los cardenales de la Santa Iglesia Romana, no pueden encargarse de ello, puesto que ninguno ha sido legítimamente creado desde hace más de 50 años.

– Y aquí es donde viene la segunda razón: Nuestros antepasados tenían una conciencia mucho más viva, precisa y práctica que la nuestra, de que el Apóstol San Pedro no sólo había gozado de los derechos de Soberano Pontífice durante su vida terrena, hasta el momento de su muerte martirial, sino que esos derechos seguían siendo suyos incluso después de muerto y gozando ya de la Gloria del Cielo.

Y sabían que aunque ordinariamente, él ejercía esos derechos a través de sus sucesores, desde San Lino y San Cleto en adelante, nada impedía que alguna vez, si lo pedía la necesidad, pudiera ejercerlos directamente y sin intermediarios. Por esa razón, los Papas eran designados con el apelativo Vicarius Petri, no contradictorio con el de Vicarius Christi, pero significativo de que según inspirada palabra de San León Magno, Pedro sigue viviendo, enseñando y gobernando, bien a través de sus sucesores, bien directamente y por sí mismo.

No es por nada que al Papa mismo se le cantaba «Tu es Petrus» en el día de su Coronación,

Esa misma doctrina es la que vemos enseñada por San Pedro Crisólogo en su carta a Eutiques citada más arriba: «…San Pedro, que sigue viviendo y presidiendo en su propia Sede…».

Y si tanto uno como otro insisten en que Pedro sigue viviendo, es entre otras causas por una razón jurídica extremadamente importante: Porque es de siempre sabido en derecho, tanto civil como canónico, que el sujeto de cualquier carga u oficio, incluido el Sumo Pontificado, cesa absolutamente en sus derechos con su muerte, lo mismo que el matrimonio canónico se disuelve con la muerte de uno de los cónyuges.

Esto es lo que ocurrió con los demás Apóstoles, que aun guardando el patronato espiritual desde el Cielo donde reinan, ya no tienen derechos de gobierno sobre las Iglesias que ellos fundaron, sino que esos derechos pasaron a los obispos sucesores suyos, legítimamente aceptados por la Sede Apostólica.

Alguno podrá pues pensar que lo mismo ocurrió con el Apóstol San Pedro en relación con su Iglesia de Roma, y eso sería comprensible.

Precisamente para deshacer esa prevención, insisten los santos León Magno y Pedro Crisólogo, en que por privilegio del mismo JesuCristo que lo eligió y lo confirmó como su Vicario, San Pedro sigue viviendo y gobernando la Iglesia de Roma, y a través de ella, la Iglesia Universal.

Para mejor asiento de esta verdad, compárese la relación de las dos Iglesias de las que San Pedro fue Obispo: La de Antioquía y la de Roma.

De la primera, San Pedro fue Obispo, hasta que se trasladó a Roma, y dejó como sucesor suyo a san Evodio, y luego, al muy famoso san Ignacio de Antioquía, que murió en Roma bajo el diente de los leones. Una vez dejó Antioquía, dejó de ser su Obispo.

Sin embargo, de Roma, jamás dejó de serlo, nombró a sus dos primeros sucesores san Lino y san Cleto mientras aún estaba vivo, y sigue conservando hasta hoy el derecho soberano de nombrar un Vicario suyo, sin que nadie en absoluto pueda oponerse a ese nombramiento por cualesquiera razones o argumentos que se puedan excogitar.

Como habrán intuído los inteligentes lectores, me he detenido un tanto en esta verdad, porque no existiendo hoy día cardenales, que son las personas designadas por el derecho para elegir un Papa, los católicos conscientes de la situación de vacancia de la Sede Apostólica están divididos sobre el modo concreto en que se debe poner fin a esa situación de orfandad, a saber, ¿Cómo volveremos a tener un Papa indudable?

– Unos, proponen que deben elegirlo los miembros remanentes de la Iglesia Católica. Con el principal problema de que estarían usurpando un derecho que no tienen, puesto que para recibir la aceptación de cualquier electo, es necesario gozar de jurisdicción pura ordinaria y en acto, cosa que ninguno de ellos, ni siquiera los obispos, tienen actualmente.

– Otros, sugieren que tal vez los falsos «papas» y «cardenales» de la iglesia conciliar, a pesar de hallarse fuera de la Iglesia por cisma, herejía y apostasía, siguen gozando de una misteriosa y mágicamente suplida jurisdicción que les daría un cierto derecho de nombrar legítimamente, e incluso de admitir válidamente esas elecciones. Cosa nunca oída en la Iglesia y rechazada por todos los Padres y Doctores de la Iglesia, no menos que por los canonistas, y específicamente rechazada por los papas Paulo IV y san Pio V.

Dada esta situación, no queda otro remedio que remontar a la fuente de toda jurisdicción y poder en la Iglesia, que no es otra que su Fundador, Nuestro Señor JesuCristo.

[Yo pienso que si fuera N.S. Jesucristo quien nombrara un Papa ya no sería esa Iglesia la fundada un día por Cristo, sino otra. Esto no puede suceder porque la Iglesia Católica fundada por Cristo durará físicamente y sin haber caído presa de herejías ( esto es lo que significa las “Puertas del infierno”). Ahora bien, la verdadera Iglesia de nuestros días, carece de todo : Misa, sacramentos, sacerdocio , jurisdicción y Sumo Pontífice. Así lo dice San Nicolás de Flüe. Aunque este Santo, inspirado sin duda por Dios, dijo que incluso “parecerá” que ha perdido la Sucesión Apostólica. Lo cual claramente indica que gozará, y goza en nuestros días, de la Sucesión Apostólica en el único obispo vivo que conserva su Sede “sin haber caído nunca en la herejía conciliar ni haber reconocido a ninguno de los falsos papas. La solución a este enigma me la reservo por ahora. Aunque la daré próximamente. Claro que no tengo de ello certeza pero creo que es una hipótesis muy probable.]

Pero constándonos que Él mismo ha determinado, hasta el fin del mundo gobernar su Iglesia a través de Pedro, es a él a quién debemos dirigirnos, como depositario y detentador perpetuo de los derechos de la Sede Romana y de su Primacía.

Ya se ha apuntado varias veces en este blog que existen profecías muy atendibles que pronostican esa intervención directa de San Pedro en ejercicio de sus imprescriptibles derechos.

Pero incluso si esas predicciones no existieran, o fueran sólo el fruto de unas imaginaciones demasiado fértiles, aún así creería yo en la próxima intervención apostólica que nos devolverá por fin un Papa de verdad, con el que empezará una nueva época de la historia de la iglesia y del mundo.

1 respuesta »

  1. En este «comentario muy oportuno», el autor antepone las profecías privadas sobre el Magisterio perenne de la Iglesia en materia de elección del Sumo Pontífice, ignorando (tal vez) que los medios para ello NO SON de derecho divino, sino eclesiástico, y que en la Historia de la Iglesia existen cientos de MODOS de elección del Vicario de Cristo, pero siendo SÍ de absoluto DERECHO DIVINO la sucesión del San Pedro, y que como enseña la Iglesia es «el deber más sagrado y urgente» de proveer la Cabeza en tiempo de sede vacante. Por otra parte, si los hombres no hacen de su parte lo que deben hacer para ello, es inútil y muy grave invocar basándose en profecías privadas la acción de San Pedro. La Iglesia DEBE actuar según los medios que nunca han dejado de existir, y no habiendo Cardenales -por no existir ya ese Cuerpo debido a la Apostasía y a la muerte del último Cardenal legítimo- el DEBER desciende sobre los Obispos fieles. Las Leyes de la Iglesia son para los fieles y no para los infieles. Quien no crea que la Iglesia pueda proveer al Sumo Pontífice debe ser tratado como a alguien que perdió la Fe.
    El autor «pontifica» como «Papa» con sus propias consideraciones, y además desconoce (tal vez) que nada tiene que ver la «jurisdicción» de los Obispos católicos fieles (sedevacantistas y conclavistas), porque su única función es designar al elegido para el cargo, pero de ningún modo darle autoridad, pues al aceptar, el elegido, queda revestido con el poder de lo alto, y con la absoluta autoridad para reconstruir la jerarquía católica, siendo, principio de autoridad en materia de fe y de régimen en la Iglesia Católica.

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